Entrevista – La crisis profunda que expresa el paro

La crisis profunda que expresa el paro

En entrevista para La Palabra, el director del Instituto de Paz de la Universidad del Valle, Adolfo Álvarez, hizo importantes reflexiones alrededor de las protestas sociales en Colombia, y en particular en Cali, donde han cobrado dinámicas muy complejas. Como experto en temas de paz y manejo de conflictos, el profesor Álvarez ofrece un panorama de la situación y las salidas que hay que buscar.



Por: Equipo La Palabra
Transcripción: Patricia Laso
Directora de Comunicaciones de la Facultad de Humanidades





¿Qué es lo que está detrás de esta inusitada protesta social en las calles de Colombia?

Para sintetizar, podría decir que son varias dinámicas cruzadas. Primero, un hecho de coyuntura: la pandemia expandió una problemática social muy profunda, especialmente en nuestra ciudad. Como han mostrado los estudios, Cali es la ciudad que más impacto sufrió con el tratamiento de la pandemia porque no fue esta, sino las políticas para mitigarla, las que acentuaron los problemas. Temas de precariedad, de exclusión, sobre todo de los jóvenes, de un sistema educativo que los conecte con el sistema laboral, una crisis del sistema económico con la capacidad de incorporarlos productivamente a lo que pudiéramos llamar un trabajo decente y de generación de ingresos.

En segundo lugar se evidencia una crisis de gobernanza democrática e incluyente, en el sentido de que se han confrontado mucho los liderazgos públicos, la capacidad pública de dar respuesta positiva y constructiva a las demandas, y también de legitimidad en el sentido de que la gente respete y reconozca a las autoridades locales, regionales y nacionales, y hay un tema muy grueso y es la respuesta del Gobierno nacional, porque los problemas estaban allí, pero a partir de una decisión política del Gobierno Duque, que fue meter una reforma tributaria en las peores condiciones económicas, una reforma que todo mundo dijo que golpeaba a la clase media, que acentúa los problemas de contracción económica que incrementa la desigualdad. Hay una responsabilidad muy fuerte en el manejo que el Gobierno le da a la coyuntura económica, que agudiza y precipita más la crisis. Allí hay un problema de liderazgo puro, de capacidad del Gobierno nacional, incluso de haber leído el paro del 2019. Obviamente hay demandas muy diversas, pero hay que reconocer que hay una eclosión desde abajo, desde movimientos sociales muy diversos, y la crisis de gobernanza, digamos, tiene que ver con la dificultad del diálogo, de un diálogo productivo entre sectores, entre el Estado y los sectores sociales y hacer pactos.

Hago un paréntesis: no sé si has visto lo que ha pasado en Buenaventura. Allí están dadas todas las condiciones para una eclosión social. En Buenaventura el paro fue asumido festivamente, con más interlocución entre el Gobierno local y las comunidades. ¿Por qué? Porque ellos vienen de un movimiento anterior donde lograron una agenda, un programa, un pacto con mucha participación de las comunidades y con un grupo de gobierno que representa ese movimiento social. Entonces fíjate que allí hay una conexión de las bases de las demandas comunitarias con la gestión pública del Gobierno local.

Un último elemento es que este es un movimiento pacífico, pero por un lado la respuesta pública y la incapacidad de leer, la tendencia a militarizar con el argumento de que hay vandalismo. Sí, hay grupos, no sectores, yo diría grupos, y allí la pregunta es quién alimenta eso para incentivar la respuesta militarista que de alguna manera desvía y busca quitar la justeza al movimiento, y ahí lanzaría una hipótesis: diría que hay sectores con distintos signos políticos que les interesa todas las extremas, que les interesa esa estrategia del caos porque captan resultados, y esto hay que leerlo en términos de una larga onda que viene desde el 2019, pero que va hasta el 2022, que tiene ver con el posacuerdo, el posconflicto y las lecturas que se han ido configurando, y van a disputarse la dirección del Estado nacional dentro de un año. Esta es una partida en la cual este conflicto y el tratamiento que se le está dando no se puede desconectar de eso, pero todos los que están en campo deben entender que esto está capturando y moviendo emociones muy fuertes. ¿Quiénes las capitalizan? ¿Cómo las capitalizan? Eso es parte de un análisis social que es necesario hacer.

Porque en esta emergencia tan fuerte en Cali, lo que está en juego y las propias contradicciones que tú señalas del manejo que se le ha dado a esta situación, Miremos este asunto: ¿quiénes se han expresado? Porque en últimas Cali se volvió emblemático, porque ha cambiado, fue variando: primero eran 15 puntos, 18 puntos, y la expresión de los muchachos ha ido variando. En la última expresión de los colectivos, de los muchachos que se han ido sumando, se habla de 25 puntos. Ellos en su última declaración se llaman Unión de Resistencia, se han expresado jóvenes de las comunas y barrios de Cali que han encontrado una forma de evidenciarse, pero también de mostrar su rabia, su desesperanza, su reclamo, y se han convertido en actores políticos. Obviamente hay grupos más organizados en una plataforma juvenil fuerte, pero estos jóvenes han sobrepasado la plataforma juvenil, como han sobrepasado todos los liderazgos políticos, a los que dirigen el paro, y te lo digo también viendo el tema de su relación con la Universidad, porque obviamente los universitarios han estado muy metidos en esto, pero hay una tensión muy fuerte entre grupos muy consolidados dentro de la Universidad, porque la discusión es quién va a representarlos, cuál es el discurso, cuál es la narrativa, y obviamente se han presentado muchas tensiones porque los jóvenes dicen que ellos se representan a sí mismos, y el discurso que les quieren meter no es el de ellos. Entonces necesitamos una voz nueva, fresca, aunque sean pelados que en su mayoría no son universitarios ni bachilleres porque viven el proceso de exclusión. Entonces ahí se ha expresado eso. Obviamente hay grupos más organizados, grupos sociales comunitarios, pero ellos son los que han puesto el pecho, como ellos mismos dicen. Se han convertido en protagonistas, en actores sociales, en actores políticos, y están en una lucha por el reconocimiento para que obtengan una respuesta social, política, no represiva. En Cali lo hemos discutido muchas veces. Yo he estado en proyectos buscando desarrollar políticas de inclusión. Estuve en un proyecto de Desepaz, hace 30 años, y nos anticipamos a mucho de esto. Buscamos desmovilizar a las pandillas, y aquí hay muchachos que tienen que ver con eso, y hay una presión muy grande de actores ilegales de todo tipo para cooptarlos, y si la respuesta de la sociedad, y no del Estado local, nacional, regional, si la sociedad en su conjunto no entiende que hay que dar un giro hacia un ciudadano más incluyente hacia delante, tendremos un polvorín mucho más grande.

Lo que hay que llamar es a una solidaridad muy grande para encontrar un proyecto de ciudad. Como dice el discurso: que quepan todos, que los sectores tengan espacio para una vida digna y productiva. Hay muchos espacios que se han ido ganando. Mire todo el tema cultural que se ha logrado.


Adolfo Álvarez, director del Instituo de Paz de la Universidad del Valle.
Foto: Archivo La Palabra.


Estamos en un proceso crítico. Desde su perspectiva, ¿qué futuro le ves a los procesos de negociación con esta multiplicidad de actores que han surgido?

Hay una crisis general de los liderazgos. Este movimiento lo que demuestra es a quién le creen, quién les puede hablar y que la gente crea. Ha superado a todo el mundo: a la dirigencia del paro, a la dirigencia política y, obviamente, a las autoridades que se han comportado erráticamente. Ha sido parte del problema esa imposibilidad de conectarse, de entender lo que hay allí.

Un segundo punto es el tema del diálogo. Se ha impuesto una lógica muy fuerte: pareciera que solo a partir de acciones de hecho se obtienen respuestas porque la gente no cree en el diálogo; y cuando no hay una respuesta pronta, productiva, que muestre voluntad, los mismos procesos de diálogo se vuelven complicados. Es una pregunta para la sociedad y es una de las líneas que queremos fortalecer en el Instituto, porque estamos en presencia del conflicto y no va a desaparecer, y aquí nos tenemos que remitir a Estanislao Zuleta, quien decía que una sociedad deseable, vinculándola con la democracia, era aquella que sabía vivir productivamente los conflictos. Un conflicto puede desbaratar cualquier cosa: una pareja, una familia, un país, una institución. Por eso nosotros estamos enfocados en una perspectiva epistemológica del conflicto para transformarlo; no se trata ni siquiera de brindar soluciones, sino de pacificar el conflicto para ir dando respuesta a problemas que son más estructurales. Necesitamos que toda la sociedad se vaya moviendo, pero la base de ello es una capacidad de diálogo productivo, de toma de decisiones productivas, del reconocimiento y empoderamiento de los actores, y eso se llama gobernanza. Es decir, reconocer y dar poder de gestión, porque pretender que todo lo resuelva el Estado es una visión estatalista mandada a recoger. El Estado, incluso como aparato, muestra una incapacidad muy grande. Solo cuando la sociedad se mueve y se empodera desde abajo, los problemas se van transformando, haciendo reconocimiento, precisamente, de estos grupos, dándoles espacios y respuestas, pero que ellos sean parte de la solución y no del problema, porque el mismo Estado muestra una incapacidad de gestionar muchos procesos.

Entonces este es el gran reto: cómo propiciar y generar una cultura del diálogo. De allí el papel de los mediadores. Fíjate que para el proceso de paz entre las FARC y el Gobierno, tuvieron que llegar mediadores internacionales y algunos expertos que jugaron un papel muy importante. En la mesa de negociación también se hizo presente la Iglesia, y eso nos dice mucho porque nosotros tenemos que consolidar y formar gente con más capacidad para hacer mediación, con más capacidad para reconocer y entender las distintas perspectivas e intereses, porque al fin de cuentas no es el mediador quien resuelve el conflicto: el mediador acerca las partes para que ellas acuerden y construyan pasos de una ruta para ir logrando ciertos acuerdos. Eso es lo que queremos como Instituto. Trabajar esa perceptiva de transformación pacífica de posicionar los diálogos productivos respondiéndole a la gente, no golpeándola ni violentándola, y obviamente del otro lado tampoco, porque fíjate la respuesta oficial: es ruda, cruda y violatoria, por lo menos una parte de la respuesta. Sería injusto decir que no hay sectores públicos que están en otra perspectiva, pero la respuesta desde abajo también puede terminar arrastrando derechos de otros sectores. Por ello la importancia de construir métodos de formas de acercamiento, de reconocimiento, de diálogos productivos, y ese reto lo tenemos en la Universidad.




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