Entrevista – El cine africano y las apuestas descolonizadoras

El cine africano y las apuestas descolonizadoras

Mane Cisneros, Doctora en Etnología por la EHESS (École en Hautes Études en Sciences Sociales) y directora del Festival de Cine Africano de Tarifa (FCAT), uno de los más importantes festivales de cine africano de Europa, concedió esta entrevista para La Palabra en el marco del X Simposio Internacional Jorge Isaacs.


Por: Centro Virtual Jorge Isaacs




Mane Cisneros, Doctora en Etnología, en las instalaciones de La Palabra.
Foto: Centro Virtual Isaacs


¿Qué le impulsa a crear el Festival de Cine Africano de Tarifa-FCAT?

A África se la “ha contado” siempre desde fuera. El vencedor, el colonizador modeló y escribió la historia de los africanos sin contar con ellos. Ahora tocaba “re-escribir” esa historia.

El Festival de Cine Africano de Tarifa nació con el reto de devolver a los africanos la voz que les negamos. Escogí hacerlo de la mano del cine por la importancia que tiene la imagen en nuestro mundo. Aunque sea una frase manida, una imagen vale más de mil palabras. Así que nosotros empezamos a reescribir la historia de África a golpe de imágenes construidas por los propios africanos.

¿Cuál es el objetivo de este? ¿Cree que ha mutado a lo largo de estos quince años?

La llegada masiva de subsaharianos a las costas de Tarifa imponía el desarrollo de acciones que preparasen a la sociedad española para la convivencia. Trabajar estereotipos anclados en el imaginario de los españoles no era tarea fácil, en especial cuando se hablaba de los más cercanos, los marroquíes, pero también se trataba de reposicionar al negro, conocer las sociedades de procedencia, contextualizar los porqué de su éxodo, resumiendo, conocer la historia de África, sus pueblos, sus culturas. La ignorancia de los españoles en este sentido era y por desgracia sigue siendo, supina.

África sigue siendo el continente invisible que solo emerge en ocasión de guerras, pandemias o hambrunas…pero África es mucho más que eso y en el FCAT quisimos, queremos contarlo, de la mano de los propios africanos.

No obstante la actitud de los españoles ante “lo africano” ha cambiado enormemente en estos años. En concreto en nuestro festival hemos visto cómo el público procedente de ONG iba desapareciendo de las salas para ser paulatinamente sustituido por gente que asiste al festival por puro interés cultural y de conocimiento. Ya no asisten al festival esperando ver películas exóticas e historias de negros dictadas por las consciencias blancas. Es apasionante ver cómo la constancia y el rigor acaban dando sus frutos. El camino por recorrer es aún largo pero se ha avanzado muchísimo.

¿Cuáles han sido las principales dificultades que ha enfrentado el festival?

Sin lugar a duda los estereotipos. Llevo años leyendo en el pensamiento y la mirada de quien decide sobre la supervivencia o no de los eventos culturales lo poco que África interesa cuando el objetivo que se persigue no es el de poner paz en la conciencia de la gente. Es difícil en este contexto convencer sobre la necesidad de consolidar un evento cultural concebido esencialmente para transmitir conocimiento y celebrar un continente invisible, África.

¿Cuáles son los beneficios que el continente africano y el continente europeo han obtenido con este festival?

No estoy muy segura de que el término apropiado sea el de “beneficio”, menos aún pretender que nuestro festival haya podido llegar a incidir a nivel continental. Sin embargo, sí creo que el FCAT es una herramienta más de la cadena de eventos que están trabajando en Europa para que África esté presente en las agendas culturales del continente. Hay que decir que Europa ha dado grandes pasos en la toma de conciencia de la nueva realidad multiracial que define sus sociedades.

Por su parte en África, algunos países como Sudáfrica, Marruecos y Nigeria se han sumado a la lista de los históricos productores de cine del continente como Egipto, Argelia o Túnez, desarrollando una industria cinematográfica que crea productos tanto para el consumo interno como para el mercado global. La producción africana de cine está presente en los más importantes festivales de cine del mundo.

Resumiendo, creo que más que el FCAT, es el propio dinamismo de los mercados globales de cine que está facilitando la incorporación de los cines de África a la propuesta de ocio de los europeos.

¿Es posible hablar de una estética particular de los cines en África? ¿Ha percibido un interés temático en las producciones?

Ante todo, no debemos olvidar que África no es un país sino un enorme continente en el que viven 1000 millones de personas con lenguas, culturas e historias completamente diferentes. Así que es difícil, por no decir imposible, hablar de una estética única para todo el continente.

Los cines africanos surgieron en los años 60 del siglo pasado en sintonía con los procesos de independencia y liberación nacionales. Por las peculiaridades del continente, el cineasta local se convirtió en un actor determinante en la tarea de educar a sus conciudadanos, reconocible en la apropiación de la figura del griot tradicional y en su evolución hasta el concepto actual de gri-auteur. Desde el propio medio cinematográfico y haciendo uso de estrategias estéticas nacidas de una praxis ética diaria, cineastas contemporáneos de la talla de Abderrahmane Sissako, Jean-Marie Teno, Haile Gerima, Oliver Hermanus y Mahamat-Saleh Haroun cuestionan la realidad cultural, política y social, provocan la reflexión del espectador y ofrecen luz en el camino de emancipación de hombres y mujeres. Forzados por las exigencias de un contexto histórico específico, estos directores se han alzado en negociadores privilegiados en el seno de sus sociedades y dentro del panorama cinematográfico global, siguiendo la estela de pioneros como Sembene Ousmane, Souleymane Cissé o Djibril Diop Mambety.

¿Cómo ve el panorama actual de los cines en África?

El cine africano tiene sus raíces en las propias culturas y en su dinamicidad actual. Tal vez sea por esto por lo que el espectador no africano no entiende el lenguaje y los gestos simbólicos ocultos en sus a veces prolongados diálogos, que perciben como una pesada monotonía.

Uno de los grandes retos del cine africano de hoy es pues el de llegar a un público global. Como asegura David Pierre Fila, cineasta de Congo Brazzaville, “el cine africano tiene que dejar de ser cine para los festivales, sean en África o fuera del continente, y tiene que ir a las salas comerciales para enfrentarse a un público más amplio. Por otra parte, los directores africanos deben hacerse conocer en su propio continente, porque hasta ahora son extraños a sus propios pueblos”.

Otro de los grandes retos de la industria cinematográfica africana es la financiación. Pero esto no debe llevar a los cineastas africanos a replegarse sobre sí mismos, echar la culpa de su situación al pasado, o contar siempre con la ayuda exterior. El cine africano debe tener su autonomía y dignidad. Solo así consolidará su identidad.

A pesar de todo, el cine africano está contribuyendo a reflexionar sobre la dignidad del continente, a recuperar los valores tradicionales, a la integración de los propios africanos -de dentro o fuera del continente-, a combatir la corrupción, a acabar con los prejuicios sobre África y a consolidar la paz y la reconciliación. El cine africano se está constituyendo en un faro de esperanza para la generación actual, que vive a caballo entre el pasado tradicional y la modernidad del presente.



Mane Cisneros dictando el Taller de Cine Africano, Universidad del Valle.
Foto: Centro Virtual Isaacs


Es cierto que acceder al cine producido en países europeos descentralizados es difícil, no obstante acceder a las producciones africanas es quizá tan difícil como acceder a las producciones colombianas. ¿Ha tenido alguna cercanía con el cine producido en Colombia?

La fragilidad de las industrias cinematográficas europeas, latinoamericanas y africanas las ha librado a su propia suerte y ha facilitado entre otros factores, la consolidación de presencia en las pantallas globales de las majors norteamericanas.

De esta manera, los problemas de promoción y difusión de los cines de África no se alejan demasiado de los de otras cinematografías de los mal llamados “cines periféricos”, un concepto etnocentrista por cierto promovido por las propias majors norteamericanas que globalizan como nunca su hegemonía en la producción y los servicios de bienes audiovisuales no reduciéndose a promover el modelo “hollywoodense” con el cual universalizaron sus mensajes. Por el contrario, incorporan hoy nuevas estrategias con las que, junto con reforzar dicho modelo, logran practicar formas complementarias de globalización, propias ya de la información, la comunicación masiva y las industrias culturales.

Por esta razón compartida con casi todas las cinematografías del planeta a excepción de las norteamericanas, el acceso a los cines de África comparte las mismas dificultades con el colombiano, unos cines recluidos al ámbito de los festivales de cine que sobreviven en general gracias al mercado nacional.

En este sentido, lógicamente al frecuentar muy a menudo festivales de cine internacionales, las producciones colombianas no me son ajenas, aunque siempre de manera muy reducida. La presencia del cine colombiano en festivales fuera del continente sigue siendo reducida.

Por nuestra parte, en los últimos años, se está materializando un fuerte interés en el FCAT por las producciones latinoamericanas del ámbito afrodescendiente, tanto a nivel de dirección, producción e interpretación como por temática. Ello posiciona al cine colombiano afrodescendiente en el foco directo de nuestro interés. Deseamos que esta sea una línea de trabajo que se intensifique con los años hasta convertirse en imagen de marca de nuestro festival.

Si así lo considera, ¿por qué los espectadores colombianos deberíamos acercarnos más al cine africano?

La Constitución colombiana reconoce desde 1991 el carácter multiétnico de su población. Conocer los orígenes de la población afrodescendiente, el 20-22% de los colombianos, una población aún marcada por la herencia de la esclavitud y de la época colonial podría, de una parte, facilitar su empoderamiento, y de otra, ayudar al resto de la sociedad colombiana a conocer y respetar la realidad de un continente con quien comparte mucho más que con otros lugares del norte del planeta. Algo cada vez más difundido a día de hoy, el conocimiento e interacción Sur-Sur.

El cine, la imagen, tienen una extraordinaria capacidad de transmitir conocimiento y por ello considero tan acertadas todas las iniciativas que se están desarrollando en Colombia con respecto al cine africano y afrodescendiente.




Mane Cisneros y Darío Henao Restrepo.
Foto: Centro Virtual Isaacs


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