Entrevista – Changó, o bambambã: traducción de una poética africana

Changó, o bambambã: traducción de una poética africana

A propósito de las Jornadas Negras da Unioste, conversamos Francisco Manhães, traductor al português de la obra Changó, el gran putas de Manuel Zapata Olivella.



Por: Juan Sebastián Mina




Francisco Manhães, traductor al portugués de la novela Changó, el gran putas de Mnauel Zapata Olivella.
Foto:https://www.facebook.com/photo/?fbid=10156864654207189&set=a.454883282188


Juan Sebsatián Mina (J.S.M.): Desde el título Changó, el gran putas ya revela una apuesta de Zapata Olivella. Sabemos que, dentro del contexto colombiano, “el putas” es aquel que ha sobrevivido no solo a circunstancias del presente, sino que ha trascendido en medio de una continuidad temporal y circunstancial amplia. “El putas” es una posición afrodiaspórica que revela la condición, el proceso y el proyecto de millones de personas. Desde tu trabajo de traductor, ¿cómo lograr la transposición del sentido de esta palabra que, por demás, es tan propia del argot popular?

Francisco Manhaes (F.M.): En una traducción siempre se pierden cosas y se ganan otras. Changó es interesante porque el “Gran putas” no funciona ni siquiera con la gente del sur de Brasil, quienes tienen contacto con el español – de Argentina y Paraguay. Ellos no comprenderían este “Gran Putas”. Como no hay una referencia había que encontrar alguna cosa. En inglés se tradujo como “the biggest badass”, lo que para nosotros sería un desastre, pero que para ellos -los norteamericanos -significa algo como en las letras de Michael Jackson, “I´m the bad”. Es un término poco arrogante, además de ser muy urbano. No creo que en Alabama se diga “Badass”. Posiblemente se gane en comprensión, pero se pierda el sentido religioso que sostiene la construcción de “El putas”.

Mientras pensaba en el título para la versión brasilera, un amigo que también conoce Changó, me hizo la sugerencia de “fodão”, que alude a una fuerza y habilidad masculina y que, en otros contextos se extiende, por ejemplo, al futbol. Pero no me pareció interesante. Es un poco vulgar y muy pobre. No tiene la fuerza de “El Gran putas” y tampoco significa mucho para los brasileños. A pesar de que se comprende bien en la ciudad y en las zonas rurales, no tiene nada que ver con los negros. Así que mi propuesta, aunque el título sea decisión del editor, no del traductor, es “Changó, o bamba”, o “Changó, o bambambã”, que es el gran bamba. Bamba es una palabra de raíz africana que se utiliza en Brasil y alude al ser valiente o entendido en un asunto. Es un término respetuoso porque no se dice “Jesús el bambambã”. Tampoco se dice “Changó, el bamba”. Así que es algo inesperado que se refuerza con la reduplicación, como se llama en lingüística, porque “bambambá” equivale a “el gran”. Cuando la obra esté más avanzada, defenderé este título.

J.S.M.: Los idiomas son ritmo, especialmente el portugués. Y bambambã coquetea un poco con otros aspectos de la novela como el tambor y la música, que son transversales en toda la obra. Y, claro, con la poesía misma de Changó, el gran putas. Si bien Zapata Olivella no fue un poeta, la primera saga que compone Changó (son cinco) es una de las composiciones poéticas más complejas y profundas por su referente africano. ¿Cómo es traducir esa expresión poética al portugués que, quizás para un brasilero, estos códigos de representación sean más cercanos?

F.M.: Hay muchas dificultades. Unas vienen del ritmo, justamente. El ritmo en español es silábico. En portugués se dice una palabra corta muy despacito, en cambio las palabras largas se pronuncian rápido. Así que, curiosamente, el ritmo del inglés se parece más al del portugués que el del español. Incluso, en el sur de Brasil, hablan portugués con el ritmo del español. Pero no se puede traducir solo para brasileños del sur. Hay que encontrar un ritmo universal. En la poesía negra, como lo veo, tiene ritmos compuestos. Si uno toma un poema típico occidental, el ritmo dentro del poema es más o menos uniforme. Pero en un poema africano hay dos o tres ritmos, como en la música, que disputan la línea rítmica del poema. La poesía occidental es un poco melódica, pero tiene ese ritmo más o menos constante (métrica, rimas tradicionales, aliteraciones). Todo lo que se hace con una intención africana, como lo que hace Nicolás Guillén o Zapata Olivella, es una combinación de ritmos diferentes. Así que para traducir esto es casi imposible. Por ejemplo, cuando traduje a Nicolás Guillén tuve que inventar un ritmo con palabras que no existen en portugués con palabras posibles, así como él inventó palabras cubanas que él atribuía a expresiones de negros. Decía Guillén “Con tanto inglé que tú sabía, / Bito Manué, / con tanto inglé, no sabe ahora / desí ye”. El reto es traducir ese ritmo. “Com tanta ingrés que tu sabía / Bito Mané / Com tanto ingrés não sabe agora/ dizer yes”. Esto de “ingrés” no existe en portugués, así tuve que recrear formas muy antiguas del portugués que hablaban personas muy pobres de los barrios jóvenes de las ciudades.

Con Zapata Olivella busqué una melodía. Yo no buscaba la métrica, la rima es imposible porque las palabras africanas que aparecen en ese poema tienen una acentuación diferente en portugués (yoruba, en español, yorubá, en portugués; Kora-Korá; Yemanya – Iemanjá).

J.S.M.: Si para la poética africana la rima pasa a una suerte de segundo plano, ¿qué es lo que busca esta poética en el caso de Zapata?

F.M.: Hay una palabra que fue inventada por Mariano Brull, un poeta cubano modernista: jitanjáfora, que es la aliteración llevaba al extremo. Se utilizaba este recurso cuando se hacía un poema indigenista sobre los indios brasileños. Entonces los poetas blancos imitaban el ritmo del tambor e inventaban palabras con sonidos de percusión. Y Guillén aprovechó esto (Sóngoro consongo, songo be). Está preocupado por el sonido que sostiene el sentido. Se estableció una convención de que la poesía negrista tendrá aliteraciones y algunas intenciones que son modernistas, como la jitanjáfora. Pero se encuentran con Nicolás Guillén. No es tan fuerte en Zapata Olivella, quien utiliza mucho la aliteración sin llegar a extremos como lo hace el cubano. Zapata comparte eso con Abdías do Nascimento, un escritor que, sin ser poeta, escribió poesía. Ambos tienen un tono retórico, como para leer en voz alta.

J.S.M.: Zapata evoca y convoca desde su poema. Ese es uno de los grandes aciertos de su complejidad poética porque recoge con la palabra escrita, la esencia de un escenario cuya intención es completamente oral. ¿Cómo traducir las intenciones, un poco más narrativas y distintas en forma y ritmo, de las otras cuatro sagas que componen Changó?

F.M.: Hay quienes dicen que la poesía en intraducible. Realmente la poesía es indecible. La poesía es ritmo, y la gente que está más preocupada por el contenido hace, en realidad, una lista de compras. Alguien hizo un poema y yo voy a traducir ese poema. Yo debo tener una actitud lo más cercana al autor, sin desconocer que no soy él. La lengua representa una barrera casi que insalvable. El código es diferente. Por ejemplo, yo traduzco a Shakespeare con el respeto y la importancia que tiene, posiblemente lo traicione porque va a salir una cosa pretenciosa porque se traduce a Shakespeare, no los poemas de Shakespeare. Un actor que piensa que es Hamlet, es un loco. No se traduce a Shakespeare, se traduce una idea, un sentido.




Changó, el gran putas. Manuel Zapata Olivella


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