Entrevista – Alumno de sí mismo. Entrevista con Arnoldo Palacios

Alumno de sí mismo. Entrevista con Arnoldo Palacios

El escritor chocoano radicado en París, Arnoldo Palacios, autor de Las estrellas son negras (1949), un verdadero hito en la novela colombiana moderna, estuvo en Cali la última semana de mayo del año 2010 durante la semana de la Afro-colombianidad en la que participó de la mesa redonda Literatura y pensamiento afro, organizada por Marta Posso, directora del Centro Cultural Café Pacífico. Además dialogó con los estudiantes de literatura de Univalle sobre su obra y su visión del aporte afro a la construcción de la nación colombiana. Apartes de una larga conversación.



Por: Redacción La Palabra




Arnoldo Palacios (1924 – 2015), escritor chocoano.
Foto: https://semanariovoz.com/las-estrellas-negras-arnoldo-palacios-mosquera/


A sus 86 años, el maestro Arnoldo conserva intacta su memoria y una generosa disposición para dialogar y compartir sus experiencias con las nuevas generaciones. Así lo demostró en su charla con los estudiantes de la maestría en Literatura Colombiana y Latinoamericana de Univalle. El eje de este diálogo fue su novela Las estrellas son negras, cada vez más reconocida por su profundo valor estético y humano, por ser una novela libertaria y por la vigencia que cobra ante las duras realidades que aquejan a su Chocó natal: la violencia, la discriminación, la miseria y la explotación. Los dramas de lrra, el joven protagonista de la novela, metaforizan la vida que llevaban los negros del Chocó de los años 50 del siglo pasado, dramas que siguen siendo los de miles y miles de sus paisanos de este sufrido rincón de Colombia, cuya difícil e injusta realidad es la de todo el Pacífico colombiano. Si se quiere en mayores proporciones por los flagelos de la guerra y el narcotráfico, como se evidencia en los horrores sociales que viven sus municipios y cabeceras como los puertos de Tumaco y Buenaventura.

Antes de comenzar el diálogo, el maestro agradeció la invitación muy emocionado y preguntó si lo estaban grabando porque era la primera vez que le tocaba ser alumno de sí mismo. Escuchó con mucha atención las intervenciones de los alumnos sobre Las estrellas son negras, sus personajes, su estructura, sus temas, la poética escritural, las relaciones con la sociedad y su cosmovisión.

¿Cómo fue el proceso de escritura de la novela siendo usted un joven de apenas 24 años?

Antes de empezar a escribirla pensé mucho en el tiempo y el espacio y reflexioné mucho en lo que es la vida de un hombre. La vida de un hombre no es forzosamente desde que nace hasta el día de su muerte, especialmente en el arte literario. Toca tener siempre una perspectiva muy grande, es decir cósmica, un hombre realmente no muere, ni nació. Desde el punto de vista del arte alcancé, aun siendo tan joven, a darme cuenta de que yo quería y deseaba que esa obra se proyectara en el futuro, que esa gente pudiera siempre vivir en el futuro como estaban viviendo en el presente. La vida de Irra en la novela, tan trágica, se proyectó al futuro. Nació hace 60 años y hoy lo podemos leer, está ahí en el mundo, tiene vida, ¿entienden el misterio que logra el arte? Hoy Irra es lrra. En mis últimos viajes a Quibdó he encontrado personas que me dicen que conocen a lrra. Te lo podemos mostrar, me dicen. Tengo la esperanza de que viviré en la literatura y que dentro de cien años se leerá esta historia para que se sepa cómo vivió la humanidad en la tierra y la sociedad que me tocó vivir.

De alguna manera el genio de esta novela reside en su apropiación de Joyce, su diálogo con Shakespeare y con los grandes clásicos, al mismo tiempo que su vinculación a una tradición oral y a la cultura de los africanos que llegaron al Chocó. ¿Qué nos puede decir sobre esto?

Como acaba de afirmar uno de los estudiantes, por supuesto. Las estrellas son negras es una novela joyceana por la concentración temporal del drama de lrra, todo sucede en dos días. Y deben haber todos esos elementos que ustedes señalan, no sé qué tan conscientemente, pues siempre me preocupé por la lectura de los clásicos que encontré en la biblioteca municipal de Quibdó y luego en mi estadía en Bogotá cuando sabía que quería ser escritor.

Hay muchos niveles de comprensión y acercamiento a la realidad chocoana de su tiempo, háblenos un poco al respecto.

Tienen razón. Hay muchos niveles de comprensión. El más evidente y el más fuerte es quizás esa situación del hambre en la que se debate lrra, el problema de un destino que no tiene alternativas en un medio bastante cerrado. A este se agrega el nivel de la idealización de los deseos del personaje y todo el drama humano que comporta. Está un nivel muy fuerte, el tema erótico, junto con el problema del destino, el de las relaciones políticas y el del racismo. Y una cosa muy bella que hay en la novela que es una consciencia de sí, que es el salto interior que le sucede a Irra al final. El personaje al final da un salto para ser más consciente de sí y eso es lo que lo hace sentirse libre, palabra con la que finaliza la novela y que tiene una tremenda carga significativa.

Una de los grandes logros de la novela, con mucha carga poética, es que le hace vivir como próximo al lector ese entorno social tan miserable, tan humillante, a pesar de que no se haya vivido, el texto hace que sintamos como propias esas angustias, rabias y repulsiones que siente el personaje hacia el entorno social. ¿Qué nos puede decir sobre ese impacto, sobre esa prolongación en el futuro de esas sensaciones?

Eso es el fenómeno del arte, que logra concentrar tantas cosas y hacérselas sentir a otros a través del tiempo. Efectivamente, el que no ha pasado por esas situaciones no debería sentir esas experiencias, pero resulta que las siente, que le dicen muchos, pues finalmente son circunstancias de la condición humana. Tanto es así, que hace unos años recibí una carta de una anciana que había sido maestra en una provincia de Francia. Me agradece porque al leer el libro se acordaba de su infancia. Imagínense que su realidad era otra a la de mi libro en dónde hablo de ríos, plátanos, negros y creencias del Chocó, y sin embargo, mi novela la ayudó a ver su propia vida, quizás porque se identificó con lrra, con sus dramas, y esto la devolvió también a su infancia. Esto es lo maravilloso del arte y su encantador misterio.

La novela rescata las formas populares y vernáculas que se conservan en la lengua hablada del Chocó. ¿Cómo fue ese proceso en la escritura del libro?

Siempre pensé que tenía que hacer algo como lo hiciera Jorge Isaacs con los bogas del Dagua. Quería que mis personajes se expresaran como la gente del Chocó. Tenían que hablar ese castellano que aclimatamos en el habla popular. Por eso dicen truje de traje, traje. Es decir, un castellano que en realidad es antiguo, pero antes se solía decir que era mal hablado. No era mal hablado, sino que en la época en que llegaron aquí los esclavos y los amos así se hablaba. Y como los esclavos no leían y los amos tampoco hablaban de ninguna otra manera, pues se decía truje. Nosotros hablamos como negros, pero con el castellano que aprendimos de los españoles. Por eso me preocupé por rescatar en mi novela muchas maneras de hablar y palabras que nos vienen de la época colonial y que aún perviven en el lenguaje cotidiano de nuestras gentes. Mucha gente cree que hablan mal y no es así, lo que pasa es que están conservando una memoria.

Llevar esto al texto literario implica un virtuosismo, como Rulfo en Pedro Páramo. ¿Qué nos puede decir?

Es cierto. Se trata de un trabajo de orfebrería con el lenguaje y de tratamiento poético de esas expresiones populares para que no suenen falsas en el texto literario. Hay mucho de esto en mi novela y me es grato saber que ustedes los jóvenes lo reconozcan y entiendan a qué procesos lingüísticos y culturales corresponden.

¿Se podría decir que es la inflexión que los esclavos negros le dan a una lengua que les toca aprender para poderse comunicar?

Los africanos que llegan aquí, teniendo en cuenta que vienen de varios lugares de África, aprenden un español y todos tienen que estandarizar el hablado, porque de alguna manera ellos aprenden el español necesario para obedecer, para atender las cosas. Esos son procesos muy importantes que ya han sido objeto de estudio por parte de los lingüístas. En casi todas las regiones donde llegaron africanos en América, lo que se ha ganado es que se acepten esas formas dialectales, el inglés del sur de los Estados Unidos, el slang es aceptado, en el Caribe también los distintos aportes africanos son aceptados, en el caso brasileño sí que es cierto, hay una fuerte de aceptación de la lengua. En Colombia también se está haciendo, rescatando esas voces, esas inflexiones y esa fonética.




Las estrellas son negras cuenta dos días en la vida de Israel (Irra), un joven chocoano que, desde su perspectiva, ve cómo la situación de su tierra natal se torna imposible, injusta y desolada.
Foto: https://planetadelibrosco2.cdnstatics.com/usuaris/libros/fotos/316/original/portada_las-estrellas-son-negras_arnoldo-palacios_202003250207.jpg


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