Liquidación
de Emsirva
¿Dejaremos repetir la historia con
Emcali?
Por Jaime
Corrales
Especial
para La Palabra, Universidad del Valle
La madrugada del 25 de marzo una tropa del
escuadrón anti-disturbios ocupó los talleres
de la empresa de aseo Emsirva. Quizá preveía
la superintendencia lo polémico que sería el
cierre de una empresa caleña con más de 40
años de historia, cuando llegaron los
trabajadores a las instalaciones, se
encontraron con el anillo de seguridad y la
Resolución 07455 que los dejaba
oficialmente en la calle. “Fue un claro
irrespeto a nuestra ciudad” declaró el
senador Alexander López, al expedir una
resolución “en la clandestinidad, sin
avisarle al Alcalde, al concejo, o a la
ciudadanía, y tomarse a la madrugada las
plantas de Emsirva, como bandidos,
desbordando la autonomía de los entes
municipales, la territorialidad consagrada
en la constitución”.
Pero éste era sólo el escenario de un
desastre que se empezó a gestar desde
octubre de 2005, cuando el Gobierno
Nacional, a través de la Superintendencia de
Servicios Públicos (SSP) decidió
intervenir a Emsirva, justificado en los
malos manejos. “Es un paso para que
avancemos en el saneamiento de las empresas
de la ciudad y le retornemos el merecido
anhelo de optimismo a los ciudadanos de
Cali” anunció en esos días el presidente
Álvaro Uribe.
‘Crónica de una liquidación anunciada’
El principal problema de Emsirva era el
cierre del basuro de Navarro. Tras un largo
proceso de estudios y rechazos se le otorgó
el relleno de Yotoco a un ente privado (Interaseo),
convirtiéndose en el primer revés para la
empresa. Tiempo después, tras una dudosa
crisis sanitaria, discurrió que Emsirva no
podría manejar las basuras la ciudad (cosa
que había hecho durante décadas), razón que
bastó para desmembrar su principal servicio:
la recolección de basuras. La SSP creó
entonces cuatro sectores, tres de los cuales
fueron asignados a consorcios privados
(Ciudad Limpia, Promoambiental y Emas). Ante
el desconcierto general, Emsirva perdía de
la noche a la mañana el 75% de su mercado,
incluyendo las zonas de mayor proyección,
quedando sólo con la zona norte.
Con la empresa reducida a su mínima
expresión, el terreno estaba abonado para la
liquidación. La Superintendente Evamaría
Uribe decretó que Emsirva “no era
viable”, y procedió a firmar su acta
de ‘defunción’. La funcionaria se apuntaló
en cifras negativas, como que el 77% de los
ingresos de la empresa se destinaban a
gastos laborales, que tenía un déficit
mensual de 2.200 millones en gastos
operacionales. Lo que no dijo fue que sus
políticas y la feria de contratos en los
años de intervención sólo agravaron la
situación de la moribunda empresa.
El cierre fue rechazado casi unánimemente,
incluso por senadores uribistas como Dilian
Francisca Toro y Roy Barreras, quienes
suelen apoyar irrestrictamente al gobierno.
De su parte, el alcalde Ospina se mostró
impotente: “no puedo hacer nada porque es
un acto liquidatorio de la Superintendencia”.
Convocó a una marcha que reunió unos 20.000
caleños; los trabajadores hicieron a su vez
algunas manifestaciones que fueron
reprimidas por la policía. Pero la decisión
era irreversible. Sorprendía ver a la clase
política rasgándose las vestiduras, a
sabiendas que fueron ellos quienes feriaron
la empresa años atrás.
La corrupción carcomía la empresa
Una investigación hecha por el diario El
País en 2005, muestra que Emsirva ‘nació
con jubilados’. A la semana de su fundación
la administración le trasladó empleados del
Municipio y de Emcali que se pensionaron con
Emsirva. Este lastre creció con los años.
Ese año Emsirva tenía 1.230 pensionados
y un pasivo pensional de 38.879 millones.
Pero el golpe de gracia lo daría el
destituido alcalde Apolinar Salcedo al ‘parcelar
en feudos’ su administración. Emsirva
se convirtió en un fortín político atribuido
al polémico Tyrone Carvajal, quien
aparentemente la usó para apalancar su
campaña al congreso. El periodista Diego
Martínez cita una denuncia de Sintraemsirva
donde evidencia la politiquería reinante; se
crearon unas 50 EAT con unos 800
trabajadores, estos recibían entre el 60% y
el 70% del sueldo que figuraba en el
contrato, el resto se lo quedaba los
intermediarios. También en su momento el
senador Luis H. Arenas denunció: “[Tyrone]
Carvajal está ofreciendo 15 y 18 puestos en
Emsirva a través de empresas asociativas de
trabajo que contratan con esta entidad”.
Además del descalabro para la ciudad, se
explotaba a las llamadas escobitas.
“Obviamente, los ingresos de la empresa no
daban para pagar semejante nómina paralela”
concluyó Martínez.
Preguntas incómodas
Si bien al momento de su cierre Emsirva
estaba en rojo, durante los 3 años de
intervención no fue así. En 2006 presentó
ganancias por $3 mil millones. En ese
momento la gerente de la entidad Susana
Correa declaró al diario El País que
de la palabra liquidación sólo quedaba la
‘li’. Pero sólo 3 meses después, una dudosa
crisis ‘los obligó’ a escindir la
recolección. Aunque la empresa daba
ganancias, se dividió para entregar la
recolección a entes privados. La gran
pregunta que queda es: ¿por qué se divide
una empresa que estaba dando ganancias y que
iba por buen camino?
Otra pregunta incómoda es: ¿Por qué la
empresa no fue privatizada con la crisis de
Navarro, cuando el municipio debió invertir
millones en su cierre y en la creación de un
nuevo vertedero? Había que esperar que
la vieja empresa hiciera los gastos, es
decir, que el nuevo relleno fuera costeado
por todos los caleños (a nombre del
municipio), para luego sí, pasado un tiempo
prudencial, proceder a liquidarla. Con el
relleno de Yotoco funcionando, resulta que
ahora Emsirva no es viable y debe cerrarse.
“Privatizan los negocios pero socializan
las deudas y las pérdidas” denunció el
concejal Wilson Arias, “nos dejan graves
problemas sociales y ambientales, en una
ciudad que está que explota,” concluyó.
Y la última y quizá más embarazosa pregunta:
¿Por qué la SSP aduce a cifras como el
pasivo pensional para cerrar Emsirva, si
dichas cifras son casi iguales a las
presentadas al momento de la intervención?
Es claro que el cierre de Emsirva fue
decisión política, el gobierno Nacional
esperó el momento político propicio para dar
la estocada final.
¿Perdió Cali el rumbo?
Los caleños asistimos al ocaso de una época
próspera, cuando nos sabíamos dueños de
nuestras empresas y artífices de su destino.
Con el cierre de Emsirva y la no devolución
de Emcali, ese tiempo ha pasado. Ahora, no
sólo nuestras empresas son manejadas por
terceros desde Medellín o Bogotá, sino que
son ellos quienes deciden cuándo
liquidarlas.
Ahora tendremos que resignaros a aceptar las
empresas que ellos nos impongan, y por
supuesto a las tarifas que éstas tengan a
bien cobrarnos. Con EMCALI aún intervenida,
es posible que el caso de Emsirva no sea el
último.
El cierre de Emsirva se suma a una larga
lista empresas ‘descabezadas’ por el
Gobierno Nacional. Las joyas de la corona
fueron Telecom, el ISS y Colgas, seguidas
por la increíble escisión de Ecopetrol,
cuando daba ganancias astronómicas; todo
esto facilitado por las mayorías uribistas
en el congreso, pero también por los
procedimientos non-santos de la
Superintendencia.
A finales de los noventa, cuando la
oposición alertaba sobre los graves
perjuicios de privatizar servicios públicos,
la respuesta solía ser: “para controlar
los abusos está la SSP”. Dicho ente
cobró fuerza con la ley 142 de 1994,
que propició la venta de las empresas
públicas a capital privado, con el
consecuente cambio de política, ahora los
servicios públicos no serán derechos sino un
‘negocio’.
En manos de la Superintendencia
“Hoy tenemos dos certezas sobre la SSP que
ya no son teorías, están demostradas”
comenta el senador Jorge Enrique Robledo,
“primera cosa, cuando se trata de los
reclamos ciudadanos, no hay funcionarios
suficientes para atender las montañas de
papel archivadas, por tanto, nadie en la
superintendecia vigila las arbitrariedades
de las empresas privadas contra los
usuarios. Y segundo, la principal función de
la superintendencia es impulsar las
privatizaciones, es decir, la función
principal de la Dra. Evamaría Uribe es
promover privatizaciones en todo el país”.
Sin los tentáculos jurídicos de la SSP (como
intervenciones, sanciones y divisiones), la
privatización sería casi imposible. Para la
muestra tenemos el triste botón de Emsirva;
ahora en ciertos círculos sociales a la
súper-servicios se le conoce como ‘Superintendencia
de Privatizaciones’, de hecho, la
oficina encargada dentro de la
superintendencia tiene el pemoniotorio
nombre: “Dirección de Entidades Intervenidas
y en Liquidación de la
Superservicios.” Es otra muestra de la
política del ‘Robin-Hood al revés’
(popularizada por el ex ministro Andrés
Felipe Arias), de “quitarle a los pobres
para darle a los ricos”. La SSP ha llegado
al extremo de sancionar pueblos enteros,
como el caso de Caucasia, al que le quitó el
servicio de energía porque no cumplió con
una determinada estructura tarifaría. De
esta manera, como ironizaba un asistente a
la marcha ‘por la caleñidad y la dignidad’
los usuarios estamos “protegidos por el
enemigo”.
‘Nueva’ empresa y crisis social de las
galerías
Con la liquidación de la vieja Emsirva las
golpeadas arcas de Cali debían asumir una
deuda de 102 mil millones de pesos (60 mil
de pensiones y casi 40 mil del saneamiento
de Navarro). Ante éste panorama, el gobierno
autorizó la creación de la Nueva Emsriva
para que asuma los pasivos y así dejarle los
negocios saneados a los contratistas. Para
darle contentillo al alcalde Ospina, el
gobierno le concedió que la Nueva Emsirva
opere ‘media zona’, o mejor, puede
ser accionista del 51% de la empresa que
opere la zona 1. En términos de mercado, la
Nueva empresa tendrá sólo el 12,5%
del mercado de la vieja Emsirva, ¡buen
negocio!
La ‘nueva’ empresa nace como un esqueleto
dedicado a administrar la colcha de
contratos que dejó la muerte del ‘viejo
paquidermo’. Pero Ospina es optimista y en
la página Web de la alcaldía declara: “En
algunos años, cuando estos contratos venzan,
será la nueva empresa la que entre a copar
la totalidad del mercado”. Siendo
fieles a la realidad, para ese entonces
habrá pasado la indignación, este asunto
estará olvidado y los privados seguirán
beneficiándose de este lucrativo negocio.
Pero esto no es todo lo grave, se ha
planteado que con la liquidación, se
venderán los activos de la antigua empresa,
entre ellos las galerías de Cali (Santa
Elena, Alameda entre otras), con lo que se
echarían a la calle un promedio de 9.000
trabajadores de estas importantes plazas
de mercado, sin contar con los empleos
indirectos en el campo que éstas generan.
Estos se sumarían a los 1000 recicladores,
420 escobitas y 500 trabajadores de Emsirva
desempleados.
Esta será la próxima bomba social que deberá
asumir el ya abrumado alcalde. Vender las
galerías al mejor postor (se especula que
varios consorcios privados ya mostraron
interés) implica acabar con su larga
tradición y arraigo de unos lugares de
mercado, que ya forman parte de la memoria
colectiva de los caleños. No se puede seguir
construyendo una ciudad pasando por encima
del derecho de sus gentes.
Trasfondo de
las privatizaciones
La globalización llevó a las superpotencias
a explorar nuevas fuentes de capital:
“telecomunicaciones, energía y servicios
urbanos, como agua y recolección de basuras”
serán las nuevas fuentes de ingresos,
comenta el profesor de los Andes Luis
Mauricio Cuervo. Por ello, los servicios
públicos deberán ser privatizados y empresas
como Emsirva son el botín. No se trata de
políticas de gobierno, son directrices
externas, impuestas a través del ‘consenso
de Washington’ (el BM, el FMI, la OMC) donde
‘privatización’ es el 8º punto del célebre
documento.)
Estos organismos multilaterales ofrecen
créditos a cambio de la imposición de
políticas de ‘saneamiento’, la orden clara
es: “a partir de ahora los servicios
públicos no son más un derecho ciudadano,
deberán ser negocios”. Y cuando eso pasa
sólo hay dos cosas posibles: “alza de
tarifas y cero inversión social”. Ya pasó
con la salud y la educación, sólo faltaban
los servicios públicos. Un ejemplo triste
para Colombia es el ‘Acta de Compromiso’
firmada con el FMI, según el documento ‘Causas
y consecuencias de las privatizaciones’
(Moir.org) las ayudas están “condicionadas a
la privatización de ISA e Isagen”,
casualmente las empresas públicas más
rentables del país.
¿Y ahora… seguirá Emcali?
La mirada está puesta sobre las empresas
Municipales de Cali, tras 9 años de
Intervención. Frente a su posible
privatización el alcalde Jorge Iván Ospina
expresó: “la nación podría liquidarla
si tuviera algún motivo, pero no existe
ninguno y tampoco sería lógico que después
de tanto tiempo de intervención vayan a
liquidar a Emcali.” Lo que olvida el
alcalde es que ya ocurrió con Emsirva, la
intervención no impidió su liquidación
unilateral. “El futuro de Emcali es
incierto”, declararía el alcalde días
después ante los medios.
Recientemente, en una reunión con el
gobierno municipal, la SSP expresó que para
devolver la empresa al control municipal,
deben cumplirse tres condiciones: una nueva
junta directiva, vender la generadora
Termoemcali y conseguir un ‘aliado’ para
Emcali. Ésta última recuerda los tres
‘aliados’ de Emsirva. El fin de la
intervención no pasa por el deseo de
modernización sino por la privatización y
escisión de la empresa, y entretanto, no son
pocos los problemas que aquejan a Emcali,
cuya pérdida de terreno en
telecomunicaciones es muy grave.
En un estudio publicado en la revista Poder
se afirma que mientras EPM y ETB hacen
esfuerzos e inversiones para contrarrestar
la entrada al mercado de Telefónica de
España y Telmex, en el Valle la competencia
“hace fiesta” en la región quedándose con
televisión, banda ancha y demás paquetes de
datos. Las telecomunicaciones de Emcali
pierden valor de mercado frente a la
competencia, sin contar que nunca entró en
el negocio de los celulares, como sí lo
hicieron EPM y ETB. “Telmex hace su tarea de
‘descremar’ el mercado de los estratos medio
y alto” concluye el informe. “Si Emcali
llega a perder el 10% del mercado [de
telecomunicaciones] concentrado en los
estratos 4, 5 y 6 y no residenciales, sus
ingresos se reducen 30%, y ahí sí pierde
toda la capacidad de maniobra” alertaba en
la publicación el ex gerente de la unidad de
Telecomunicaciones de Emcali Francisco D.
Mejía.
Otra carencia de Emcali es el reservorio de
agua para el acueducto, la imperiosa
necesidad de comprar algún operador de
televisión para empezar a competir, como
propuso un concejal, y claro, aliviar el
saldo en rojo.
En estos años al control de la SSP, Emcali
ha venido saneando sus pasivos, pero su
panorama no es claro. Se renegoció la deuda
con la térmica, cuyo oneroso cobro de US$4,5
millones mensuales se rebajó a US$1.4
millones. Ahora, el 88% pertenece a Emcali.
Se renegoció el pago de la deuda con los
bancos, las generadoras, los proveedores y
la nación. En las renegociaciones se
ahorraron unos $400 mil millones; los
restantes $400 mil millones de deuda se
defirieron a largo plazo, y se fondearon con
el controvertido ahorro ciudadano.
Se ha intentado llegar a acuerdos laborales
con los trabajadores, quienes sólo aceptaron
rebajar 0,37 puntos en el factor
multiplicador de la carga prestacional, y
permitieron ligeros ajustes en la convención
colectiva. Los funcionarios a su vez
sacrificaron $64mil millones en prebendas.
Pero todo esto no es suficiente. Si los
trabajadores de Emcali quieren evitar correr
la misma suerte que los de Emsirva, deben
sacrificar más para dejar sin argumentos a
la Superintendencia. Parejamente, los
caleños debemos unirnos y cerrar filas para
defender la empresa que nos provee de agua,
teléfono y energía, que no es poca cosa,
porque sino en un santiamén podemos perderla
en manos de los capitales privados. Todos
debemos defender nuestro patrimonio, tanto
de los politiqueros, los intereses privados
como del sindicalismo voraz, de esta manera,
lograremos que el lema de Emcali sigua
siendo cierto: “ni nosotros sin ella, ni
ella sin ti”.
Jaime Corrales / Comunicador Social (jaimeadri@gmail.com) |