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La escultura y el
“eterno femenino” se tomaron a Univalle*

Por Judith Colombia González*
La exposición de diecisiete esculturas de forma
humana femenina estuvo en contacto directo con la
comunidad univalluna, llamando la atención no sólo
por su tamaño y volumen, sino por la técnica
artesanal, los materiales y los objetos
fragmentados reutilizados por la artista Myriam
Bermúdez.
La obra “El Eterno Femenino”, de la caleña Myriam Bermúdez,
nos acompañó en la Universidad del Valle en el mes
de abril. Más de diecisiete esculturas de forma
humana femenina estuvieron en contacto directo con
los y las participantes, llamando la atención no
sólo por su figura, tamaño y volumen, sino también
por la técnica artesanal, los materiales y los
objetos fragmentados reutilizados: bases de bronce y
hierro, los cuales hacen parte de nuestra
cotidianidad; además un rin de bicicleta,
cadenas, alambre, hasta un catre, hacen parte de la
decoración. El empleo de materiales para elaborar
sus esculturas es el mismo para casi todas, la fibra
de vidrio, el cuero, la madera, el cemento, el cobre
entre otros.
La escultura, al igual que el cuerpo, ha sido aspiraciones
virtuosas, como oscuras advertencias de las
consecuencias de la locura y la vanidad humana.
Desde siempre ha existido “el impulso humano de
crear cuerpos inanimados”, es decir, la idea del
cuerpo puede surgir de una historia de la escultura.
¿Qué es el Eterno Femenino?
El Eterno Femenino remite a una de las representaciones
sociales, culturales y religiosas que se han creado
a lo largo de la historia humana para simbolizar, en
este caso, estereotipos y roles femeninos a seguir.
La obra de Myriam Bermúdez nos invita a reconocer la
simbología que se esconde detrás de lo que se llama
ser mujer: Eva, madre, esposa, objeto de deseo,
virgen María hacen parte del repertorio. La figura
femenina es voluptuosa, cobra vida, no es estática,
parece estar en movimiento rompiendo las cadenas que
le impone una cultura patriarcal y machista, “la
vida es movimiento”. Hay mariposas que dan la idea
de libertad y belleza, reflejando la metamorfosis
femenina en la historia, mostrando un constante
cambio. El símbolo de la manzana de la discordia
hace referencia al “paraíso perdido”, su “eva negra”
trasgrede, “es como la mujer, como decir maría”.
A lo largo de la historia la escultura a estado relacionada
con el cuerpo: “campo de batalla de cuestiones
relacionadas con religión, raza, el sexo y las
clases sociales a lo largo de la historia”[1].
Según Bermúdez, el manejo del cuerpo en su forma
tridimensional, permite que “la escultura pueda ser
vista por todas partes”.
Myriam Bermúdez
Es una artista que ha tomado conciencia de la posición de
la mujer en la sociedad y la historia, dice estar
“inconforme con el papel asignado”, sus obras
reflejan “una protesta contra el símbolo sexual” que
nos impone el capitalismo patriarcal.
Graduada en el Instituto Departamental de Bellas Artes, en
Cali, viajó luego a Londres. Estar casada a los
veinticinco años, no le impidió su postgrado de
Talla en Madera; dice que “de niña no sabía que
sería artista” quería estudiar medicina, a muy
tierna edad, se percato de la diferencia que existía
entre la educación femenina y masculina; madre de
dos hijos varones “desafortunadamente no tuve hijas
mujeres”, sin embargo nunca ve a sus obras como
hijas, son rebeldes.
Por las polémicas femeninas “matrimonio, hogar, partos,
hijos” como ella las llama, pospuso por un tiempo su
arte: “la mujer siempre ha estado atada, no ha
podido ser del todo libre”. En la claridad de sus
ojos entre verdes y miel, podemos ver una mujer que
“tímidamente está saliendo al color”, la cual se
siente muy feliz “totalmente cuando hace una obra”
me dice Myriam, “si tuviera tu edad se la dedicaría
toda al arte, el tiempo pasa”. El mensaje a las
juventudes, es que tengan con su vida, al menos una
meta clara “lo que me falta por vivir, no me
alcanzara para ofrecerlo al arte” con una sonrisa
cierra esta frase.
El proveedor de materiales para su técnica artesanal es una
chatarrería. Su modelo y ayudante Magali Balanta de
veintiséis años proporciona la belleza y fuerza de
la mujer afrocolombiana. Entre sus obras resalta
“Réquiem”, “Machismo Plácido”, “Eva Negra”, “Bella y
Pensante” “Ciclista”, “Magali Balanta” y
“Nostalgia” la originalidad de sus obras las hace
ser únicas “no hago moldes”. Los precios de las
esculturas varían según el tamaño, el tiempo y los
materiales empleados “los artistas tienen que vivir
de algo”, ha vendido obras en el extranjero donde
una pieza pequeña oscila entre los siete millones de
pesos.
En Colombia existen grandes artistas y escultoras aún
anónimas, otras gozan de reconocimiento nacional e
internacional como son Silvia Salgado, Mónica
Londoño, Diana Fraser, entre otras, reflejando que
las mujeres podemos romper ese “eterno femenino”
naturalizado en el inconsciente colectivo, el cual
solo nos limita a “ser la sombra de los hombres”.
BIBLIOGRAFIA:
EL Cuerpo en la Escultura. Tom Flynn. 2002.
El Segundo Sexo: Los Hechos y los Mitos. Simone de Beauvoir.
Ediciones Siglo Veinte 1970.
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Estudiante de Licenciatura en Historia.
judithgonzalez81@gmail.com
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