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El cine colombiano:
entre el arte y el melodrama

Recientemente ha habido en Colombia una eclosión de
realizaciones cinematográficas que parecen responder
a múltiples intereses: la evidente necesidad de
incursionar en el “séptimo arte” por parte de
cineastas cuya experiencia proviene, en la mayoría
de los casos, del medio televisivo, lo cual lleva a
que las películas se tornen melodramáticas y
trivialmente caricaturescas; o el apremiante afán de
llenar salas de cine a través de cintas que ofrecen
poco en términos estéticos pero que pueden dibujar
cientos de carcajadas por minuto en un espectador
que nada exige, que va al centro comercial con
múltiples pretextos, entre ellos caminar, comer y de
pronto encontrarse con una película divertida.
No vamos a citar los títulos de algunas de esas
películas que han aparecido en el concierto del cine
nacional en los últimos años. Pero sí nos interesa
mostrar una serie de reflexiones alrededor del
problema que la producción, la comercialización y el
mercadeo del cine encierran, para enriquecer esta
mirada con las propias opiniones de expertos en el
tema. Los realizadores vallecaucanos Óscar Campo y
Antonio Dorado, reconocidos por la producción de
documentales y otras producciones, a la vez que
profesores de la Escuela de Comunicación Social de
Univalle, nos cuentan su punto de vista sobre la
tensión gusto estético-entretenimiento en el cine
colombiano actual.
Así mismo, proponemos un esbozo de asuntos capitales
para el cine en las dimensiones de la producción, la
comercialización y el mercadeo de películas que
siempre esperan la aceptación del público y de la
crítica mediante premios que no muchas veces llegan
gracias a la calidad sino a las recomendaciones de
la institución cinematográfica.
Entre tanto, las apreciaciones del también profesor
Ramiro Arbeláez –testigo excepcional del Caliwood y
reciente autor de un artículo sobre la significación
de la revista “Ojo al cine” fundada por Andrés
Caicedo—enriquecen nuestra mirada en torno a la
historia del cine en el Valle del Cauca, en un
reportaje donde muchos de los datos aportados por
Arbeláez y otras fuentes ayudan a volver sobre
cintas como María o Garras de oro.
De otro lado, presentamos algunos momentos de la
celebración de los 10 años de la Escuela de Estudios
Literarios de la Facultad de Humanidades de la
Universidad. Es innegable que actualmente esta
unidad académica ocupa los primeros lugares entre
las de su especialidad, figuración que sustenta
gracias a la Licenciatura en Literatura
–recientemente acreditada en alta calidad por el MEN—y
a la Maestría den Literaturas Colombiana y
Latinoamericana. Escritores nacionales como Piedad
Bonett y Juan Manuel Roca, así como profesores
activos y jubilados, y estudiantes, sumaron sus
voces en este encuentro de poesía, música y libros.
Por la significación que para La Palabra
tiene la Escuela de Estudios Literarios,
felicitaciones. |