Editorial – Quita tu rodilla de mi cuello

Quita tu rodilla de mi cuello




Foto: https://bit.ly/3cVAV2L


El 20 de junio de 1943, en Bogotá, un grupo de estudiantes negros, encabezados por el caucano Natanael Díaz, salieron en un desfile por la carrera séptima a protestar por los trabajadores de su raza que una semana antes habían sido linchados en una fábrica de Chicago. En la víspera había llegado a la capital el vicepresidente de los Estados Unidos, Henry Wallace, a quien Natanael le dirigió una carta de protesta en nombre de todos los negros colombianos por aquel asesinato. Carta publicada en uno de los diarios capitalinos. Este episodio lo cuenta otro de los promotores de la protesta, Manuel Zapata Olivella, en su libro Levántate mulato. Por mi raza hablará el espíritu.

A la marcha acudieron negros oriundos del Cauca, del litoral Pacífico y de la costa Atlántica, entre los cuales estaba Manuel con su hermana Delia, Carlos Arturo Truque, Marino Viveros, Helcías Martán Góngora, Diego Luis Córdoba, Arnoldo Palacios, entre otros. En la mañana se habían tomado la sala de música de la Biblioteca Nacional, demandando que en el programa del día sólo se incluyera a los cantantes afroamericanos Marian Anderson y Paul Robeson. Entusiasmados con los cantos escuchados durante más de tres horas, salieron a la calle en medio de los carros y arengando: “¡Vivan los negros!, ¡Abajo la discriminación racial!, ¡Protestamos por los linchamientos de nuestros hermanos de raza en los Estados Unidos!, ¡Viva el África del año dos mil!”. Entraban a los cafés en donde Natanael Díaz, fogoso orador, se subía a una mesa y arengaba. Oían asombrados, como si de repente hubiesen sido compelidos a una realidad fantástica. En coro altisonante los compañeros – cuenta Manuel – aplaudían y cantaban: “¡Ay mamá Inés!/ ¡Ay mamá Inés/ ¡Todos los negros/ tomamos café”.

El racismo estructural contra el que protestaron en 1943 los lideres negros colombianos sigue vivo. Se vive en todo el mundo, siendo muy notorio en el país que se precia de su democracia, los Estados Unidos. George Floyd, un hombre negro de 46 que se dedicaba al baloncesto y al fútbol y era una figura pública en el escenario local del hip-hop, brutalmente asesinado, sin razón legal, el pasado 25 de mayo, ha desatado la ira del mundo sin distingo de color de piel, nacionalidad o condición social.

Frente al ataúd plateado de Floyd, el reverendo Al Sharpton, veterano activista por los derechos civiles, pronunció una emotiva elegía en la cual instó a la comunidad negra a quitarse de una vez por todas la “rodilla” que les presiona el cuello. La fuerza de sus palabras retumbó en el mundo: “La historia de Floyd es la de todos los afroamericanos de este país –expuso–. ¡Desde hace cuatrocientos años, la razón por la que no hemos podido ser quienes queremosser y no hemos podido siquiera soñar con quién queremos ser es porque hemos tenido tu rodilla sobre nuestro cuello!”.

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