Editorial – La fuerza del Petronio Álvarez

La fuerza del Petronio Álvarez




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En cada versión del Petronio Álvarez crece la audiencia y emerge de sus músicas, comidas, artesanías, moda y danzas folclóricas ese Pacífico ancestral, cimarrón, selvático y absolutamente global no tanto por su vínculo con Asia, sino con África; ese Pacífico que parece invisible en lo positivo casi todo el año y se hace visible en uno de los eventos culturales más grandes del país.

Cuando las gentes de todos los rincones de Colombia anhelan la paz, el Petronio representa un hermoso laboratorio de convivencia pacífica que convoca a más de 50 mil asistentes diariamente, del cual llama poderosamente la atención su composición pluriétnica, policlasista y multicultural. Ese variopinto público canta al unísonono Cadernona, Birimbí, Kilele o Quítate de mi escalera, canciones que no suenan en la radio, pero que ya hacen parte de una corriente subterránea con la cual las comunidades del Litoral alimentan a ese millón de negros y mulatos entremezclados con blancos, mestizos e indigenas que le dan el sello multirracial a Cali como la capital del Pacífico colombiano.

Reconocer el aporte de los grandes maestros de la tradición, el surgimiento de tantos grupos de jóvenes en las diferentes modalidades – marimba, chirimía, violines caucanos y agrupaciones libres – y el contagio del público con la música de agrupaciones de Istmina, La Tola, Timbiquí, Tumaco, Dominguillo, Condoto, El Charco… que cuando ejecutan los aires del profundo litoral logran “embrujar” como si se tratara de un gran ritual religioso, fervor que pocas estrellas comerciales consiguen en tal magnitud en sus conciertos.

Cali ya no es apenas la capital de la salsa, sino también de las músicas del litoral Pacífico, una convivencia que ya tiene múltiples entrecruzamientos y avisora todo tipo de fusiones, como las que presentó Yuri Buenabentura con sus canciones de salsa en formatos de currulao, abozaos y aguabajos. Experimentos que abren caminos para la gran corriente musical que ha comenzado a recorrer el mundo. Yuri Buenaventura representa ese Pacífico global que sería imposible de describir sin pescadores, selva y mar; una gran voz que nunca ha dejado de ser barrio, esquina, pueblo, negro, indígena y colombiano del litoral.

Muchos aspectos merecen un balance especializado del Petronio. En especial vale detenerse la programación académica en el Quilombo Germán Patiño, en homenaje a su fundador, y quien se preocupó por dotar a estas manifestaciones de una mirada histórica, antropológica, musicológica y cultural. Las presentaciones de libros, mesas y entrevistas con especialistas le dan al Festival un marco para que se nutra y se piense, y ahí los investigadores de las universidade pueden hacer aportes definitivos. Como el de los musicológos de la Universidad Nacional y la Universidad del Cauca o el estudio socio-antropológico que lideró el sociologo Fernando Urrea de la Universidad del Valle. Son muchos más los aportes que merecen mención. Estas importantes iniciativas deben ampliarse para nutrir a los creadores de tan fecunda tradición, esa sí un promisorio aporte para la construcción de una paz profunda en el país.

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