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EL ABC DE LA CRISIS MUNDIAL.
Aproximaciones
A pesar de lo difícil y especializado que es
el tema de la economía, con esta primera
aproximación La Palabra se propone ofrecer
elementos básicos a los lectores para la
comprensión de un tema tan complejo. En
próximas entregas tendremos artículos de
académicos y expertos nacionales y
extranjeros y el resumen de un Foro sobre el
tema que coordinará el periódico para el mes
de Junio. El presente es un rápido panorama
para entrar en cuestión.
Equipo La Palabra*
Opiniones múltiples y diversas en
periódicos y revistas, en la televisión y la
radio, en foros internacionales, en la
academia, en organismos mundiales y
nacionales y en el ciberespacio de la aldea
global, tienen como tema obligado un asunto
que ya afecta la vida de miles de millones
de personas en todo el planeta. Se trata
nada menos y nada más que de un asunto
espinoso y bien complejo: la crisis
económica mundial que tiene su epicentro en
el imperio norteamericano, de la que nadie
se puede sustraer, ni la poderosa China,
Europa o el Japón, porque resulta que de la
economía gringa depende el mundo. El país
del Tío Sam le debe a todo el planeta,
gastaron más de lo que podían, permitieron
la borrachera y el derroche del capital
financiero, y ahora que están en sus platas
tienen que tomar medidas drásticas para
capotear la tormenta. El peligro es que el
elegido para pilotear la nave, el presidente
Barak Obama, no la tiene fácil y ya da
muestras de que no le temblará la mano para
asumir una política imperial: primero
nosotros y los demás que se las arreglen
como puedan.
El hombre común de cualquier rincón de este
planeta, cualquier vecino de barrio, es el
que más sufre las consecuencias, sino que lo
digan las cifras del empobrecimiento cada
vez más agudo y las crecientes tasas del
desempleo en todo el mundo. Esto se concreta
en cada país con sus propias debilidades y
fortalezas, por eso toca mirar la situación
particular y su relación con el conjunto
mundial. Lo primero que se advierte es que
dada la magnitud del problema asimismo son
complejas las formas de resolverlo. Hay un
intenso debate ideológico y teórico acerca
de las causas y la caracterización de la
crisis. La tesis más generalizada sostiene
que estamos frente a una crisis que tiene
como causas innegables las políticas
neoliberales implementadas en las últimas
décadas, políticas que vendieron como gran
panacea el mercado y su auto-regulación en
contraposición al papel del Estado como
rector de la economía.
Izquierda y derecha, como visiones ante el
tema, coinciden y se apartan ante tamaño
descalabro del capitalismo. Todos, con
matices, aceptan el fracaso de las
políticas neoliberales. Por ejemplo, el
presidente de Francia, Nicolás Sarkozy,
sostiene que “la crisis financiera no es la
crisis del capitalismo”, más sí, “la crisis
de un sistema que se apartó de los valores
fundamentales del capitalismo” Con este
argumento muchos defienden el “capitalismo
productivo”. A seguir sustenta el propio
Sarkozy, que “el anti-capitalismo no ofrece
ninguna solución para la crisis actual”.
Ahora, los sectores de la izquierda
expresan júbilo porque la realidad les dio
la razón en la crítica que hacían contra el
monetarismo, el Estado mínimo, la
desregulación, la flexibilización y el
Consenso de Washington. Como lo ha señalado
hasta el cansancio en Colombia el economista
Eduardo Sarmiento, lo que fracasó fue el
modelo que no es otro que el “capitalismo
neoliberal”.
Una diferencia de fondo entre unos y otros
reside entre los que separan artificialmente
neoliberalismo de capitalismo y los que
creen que se trata de la crisis de todo el
sistema, y por tanto, consideran falso
separar capital financiero de capital
productivo. Las razones son las siguientes:
1)
Las grandes empresas capitalistas actúan en
el mercado financiero, y además, extraen
buena parte de sus ganancias de la
especulación, del mercado accionarios, de
los hedges, etc;
2)
El crecimiento de la “economía real”,
sucedido en los años 90, fue impulsado por
el crecimiento exuberante de los activos
financieros y por la oferta de crédito
barato para el consumo;
3)
El propio neoliberalismo, como política de
Estado, fue una respuesta a las bajas tasas
de crecimiento y a la caída de las tasas de
lucros, experimentadas por el capitalismo
desde los inicios de los años 70. Por lo
tanto, estamos viviendo “la crisis de la
respuesta a la crisis” de los años 70;
4)
La especulación financiera que tuvo lugar
en los últimos años, combinada con la oferta
de crédito barato, fueron en último análisis
respuestas a una contradicción estructural
del capitalismo, a saber: su tendencia a
producir cada vez más mercancías con cada
vez menos trabajo vivo, generando
superproducción de mercancías y
superproducción de capitales. Contradicción
cuya solución puede ser sorteada, aplazada
por breve tiempo, pero que a la larga
conduce a la destrucción de los capitales;
5)
La desvalorización de los activos
financieros, la concentración y
centralización de capitales (lo que incluye
el cierre de empresas), la ampliación de las
tasas de desempleo y la transformación de la
deuda privada en deuda pública son algunas
de la respuestas clásicas dadas a una crisis
de tipo clásico.
Por todas estas razones es que se puede
afirmar que estamos frente a una profunda
crisis del capitalismo y no apenas frente a
una crisis financiera o al fracaso del
neoliberalismo.
La vuelta de Carlos Marx
Ante tamaña crisis se vuelve otra vez a las
teorías de su mayor crítico, Carlos Marx, y
a sus libros como el Manifiesto Comunista
y El Capital. Se trata, muy a la
manera marxista, de un retorno dialéctico.
Especialistas ya anuncian que el desdeñado
Marx por los fracasos del socialismo real,
podría convertirse en el pensador más
influyente del siglo XXI. Dos especialistas
de una publicación ortodoxa como
The Economist,
John Micklethwait y Adrian Wooldridge,
defensores del capitalismo, admiten
francamente sobre las ventajas de la
globalización que Marx, como “profeta de la
interdependencia de las naciones puede ser
hoy sorprendentemente relevante. Su
descripción de la globalización sigue siendo
tan aguda hoy como lo fue hace 150 años”.
Prueba de este resurgir es la enorme demanda
que tuvo una conferencia titulada Sobre
la Idea de Comunismo, programada en la
universidad de Birbeck en Londres y a la
cual llegaron participantes de todo el
mundo. El filósofo esloveno Slavoj Zizek,
uno de los organizadores, declaró que el
propósito de la reunión no es el análisis
económico de la crisis o la organización de
un nuevo movimiento político. “Es una
reunión de filósofos que van a tratar sobre
el comunismo como concepto filosófico,
invocando una tesis precisa y muy fuerte:
desde Platón en adelante, el comunismo es la
única idea política digna de un filósofo”.
Para encarar esta crisis Marx se está
poniendo de moda. En Alemania, su tierra
natal, vuelve a ser mencionado por los
políticos y los expertos a raíz de la
situación. Las editoriales berlinesas no dan
abasto ante la creciente demanda por sus
libros. Recientemente, el ministro alemán de
finanzas, Peer Steinbrück, dijo, en una
entrevista en el semanario Spiegel, que
“ciertos elementos de la teoría de
Marx
no son del todo falsos”,
como la afirmación de que el capitalismo
tiende a autodestruirse a causa de su
avidez.
En Colombia, donde se han debatido las
consecuencias de neo-liberalismo y los
fracasos están a la vista, hace varios años
académicos de las ciencias sociales de la
Universidad Nacional organizan el Seminario
internacional “Marx vive”, un espacio
académico para estudiar los aportes del
pensador alemán y para
la crítica de la sociedad capitalista
contemporánea, el examen de sus principales
cambios y el análisis de sus nuevas
configuraciones. Se pueden consultar los
textos completos en (http://www.espaciocritico.com/articulos/).
¿Qué va a pasar?
Lo único que se acepta es que la tormenta se
desató pero nadie puede predecir cuándo va a
terminar. Lo cierto es que existen muchos
campos que se alinean para salir del
atolladero de acuerdo con sus intereses.
Simplificando, según el analista brasilero
Valter Pomar, se pueden establecer tres
grandes vertientes:
1)
la conservadora, a saber, los mismos que
implantaron y se lucraron con el
neoliberalismo, que buscan ahora reacomodar
los parámetros del post- neoliberalismo.
Esta es la orientación fundamental del
gobierno de Obama, que lo dijo claramente en
su discurso de posesión: “los EU están
listos para volver a liderar”;
2)
la progresista, expresada por los países
desarrollados o en desarrollo, que no
estuvieron en el comando del periodo
neo-liberal. Su objetivo es un capitalismo
más democrático, lo que supone inclusive que
el dólar deje de ser la moneda mundial. Este
capitalismo más democrático para los
capitalistas puede o no ser acompañado de
más democracia e igualdad social;
3)
la socialista, que obviamente lucha por un
post-neoliberalismo que sea socialista.
La vertiente más poderosa, hoy, es la
conservadora. A pesar de la crisis, Estados
Unidos, la Unión Europea y el Japón, siguen
controlando la mayor parte de la economía,
de las fuerzas armadas y de las
comunicaciones mundiales. Así las cosas el
resto de países tienen miedo porque puede
ocurrir el efecto Titanic: el colapso de las
economías centrales jalonaría al resto para
el fondo. El compás de esperanza que se
abrió con la elección de Obama es la de que
Estados Unidos serían capaces de liderar con
“suavidad”.
La vertiente progresista ha ganado espacio,
aunque depende en cierta medida de cómo
avance la crisis en los países centrales. El
grupo de países que actúa en el G20 no tiene
la fuerza suficiente para imponerle al club
de los poderosos, el G7, otro rumbo al
sistema. Por eso buscan un acuerdo con el G7
en medio de muchas tensiones en las que aún
prima la defensa de los intereses de unos
contra otros. Falta mucho camino por
recorrer y todos están frente a una realidad
ineludible: la crisis es de todo el sistema,
con todas sus interconexiones y las
contradicciones impiden que haya un
“gobierno mundial”.
La vertiente socialista depende de que en
algunos países y regiones del mundo ocurran
revoluciones anticapitalistas, lo que
estaría vinculado no solamente a la
profundización de la crisis sino
principalmente al cambio en la percepción
popular sobre la crisis. La situación de
crisis no genera por si sola revoluciones
socialistas, especialmente en este periodo
en el que los movimientos socialistas en el
mundo aún están recomponiéndose de los
fracasos de la primera tentativa de
construcción del socialismo en el siglo XX.
Ni Rusia, ni China, ni Cuba, ni Venezuela
son modelos para el socialismo del siglo XXI.
Por ahora este socialismo apenas comienza y
apenas es una mezcla de anti-imperialismo
con capitalismo de Estado distributivo y
popular.
El panorama, pues, no está claro para el
siglo XXI. La crisis apenas comienza y
por ahora lo que se advierte para el
mundo post-neoliberal es una combinación
de las tres vertientes: conservadora,
progresista y socialista. Con una verdad
de a puño, aún es muy fuerte el
predominio de la vertiente conservadora.
En América Latina se abre paso una
corriente de gobiernos progresistas que
puede contribuir en mucho al cambio de
rumbo del mundo en el siglo XXI.
*El presente artículo es un resumen de
muchos materiales sobre este tema. No
pretende ser exaustivo, ni mucho menos
concluyente. Es deudor de muchas fuentes y
apenas quiere ser una primera aproximación
que abra el debate y el análisis. |