Inicial
Editorial
Univalle 60 años
Gilberto Gil
Isaacs releído
Giovanni Quessep
Piones del cuento
Agenda cultural
Cuento en el Valle
Dueños del género
Revista Posiciones
Luna Nueva
Rogelio Salmona
Audiciones
Contraportada
Contacto

     Http://cvi.univalle.edu.co

Todos los cuentos, el cuento 

Por Ángela Castro 

Quince escritores colombianos reflexionan en este libro sobre su quehacer literario a través del cuento y sobre las características del género. ‘Todos los cuentos, el cuento’ es la más reciente publicación de Octavio Escobar Giraldo. Se trata de serios ensayos dotados de sensibilidad y de revelaciones que nos adentran al misterio que guarda la naturaleza del cuento. 

El cuento es quizás uno de los géneros más complejos de la literatura. Se dice que para su composición es necesario tener una técnica, después la búsqueda de un tiempo y por último retratar con minucia los detalles. Al parecer, narra fundamentalmente hechos, es breve, es la condensación de un instante de la vida de un hombre o de una colectividad. Se centra en un conflicto esencial entre dos fuerzas vitales; es la existencia humana, revelación, digresión… es el universo reducido en un grano de arena. En él todo se dice, se acentúa, nada sobra, todo falta. Aparecen otros más osados que apelan por creer que el cuento no se deja definir porque cada uno exhibe o esconde su estructura, su esencia y su alcance literario.

Quedaremos extasiados con la lectura de ‘Todos los cuentos, el cuento’ y los que pretenden iniciarse en el desbordante mundo de la escritura, los que ya lo escriben y sostienen un papel en la mano que están empezando a llenar con notas que les brinde soluciones para su mejor composición o simplemente son unos lectores efusivos del género han llegado al punto exacto para enredarse, complicarse y, finalmente lograrán disparar sus dudas por completo. El problema es si consiguen seguir escribiendo.

Los dueños del género

Y nuevamente aparece Guy de Maupassant, Chejov, Edgar Allan Poe, Lispector, Irving, Mérimée, Quiroga, Monterroso, Borges, Cortázar, Arreola, Carrasquilla quienes se juegan la partida de la figura a seguir cuando nos sumergimos en este mundo. Sin embargo, la pregunta sería: ¿el cuento sigue teniendo los mismos dueños, las mismas reglas o es un ejercicio del silencio, del ruido, es personal o colectivo? Lo anterior se soluciona sólo en su práctica, o en la duda que el mismo género nos brinda. Establecer que el buen escritor de cuentos debe ser capaz de suspender la duda en el lector, introducirlo en su historia con suavidad y firmeza, no es suficiente.

Los tiempos cambian y el nuevo lector reaparece exigiendo un tipo de lectura, sin embargo Ángel Galeano relata que Dostoievsky era, en su tiempo un autor decadente de la pequeña burguesía y Kafka era un demente animalista. Benedetti era un malabarista insípido y Borges un metafísico que negaba la realidad concreta. Sábato era oscuro. Cortázar no pasaba de ser un snobista que sacaba conejos de la boca de los personajes pero que había traicionado la causa de la revolución al sumarse a Fidel. Los gustos van y vienen y el cuento se contrae, se alarga, aparece el dinosaurio que despierta y no sabemos qué sucede allí, y algunos siguen insistiendo que no interesa quiénes eran los escritores, solamente lo que sale de sus duras y compactas palabras.

Parafraseando a Jaime Echeverri, el escritor de cuentos, debe recordar que dicho género está en parentesco con el poema, exige una gran cantidad de síntesis para contar con economía de palabras el suceso en el que están envueltos los personajes.

Escribiendo el género

La música, la muerte, el amor, el robo, la decencia, la moral… “Las ménades”, “Viaje a la semilla”; nos inscriben en el gran universo de la esencia misma de su escritura, pero ¿sobre qué escribo en un cuento? El escritor y poeta estadounidense Raymond Carver sostiene que en el cuento como en el poema se habla de cosas comunes y corrientes, usando un lenguaje común y corriente pero preciso –una silla, una cortina, un tenedor, una piedra, un arete de mujer- un poder inmenso, incluso perturbador. El narrador se repite, pero cambia su modo de mostrar y enfocar su propia visión de mundo. No todos ven la silla azul de la misma forma. De hecho, hay quienes afirman que el cuentista requiere saber de todo, porque, al fin, su labor es semejante a la de Dios: crear mundos y poblarlos de vida; otros nos remiten al sabor de la mujer que poco se lee y comenta en la literatura: Katherine Mansfield, Jane Austen, Doris Lesing y ya menciona Clarice Lispector, maestras en hallar belleza en los asuntos cotidianos.

‘Todos los cuentos, el cuento’, señala, indaga, corroe, duda, contradice, afirma. Nos brinda un recuento exacto del manejo del cuento, partiendo de la experiencia personal, nos lleva de la mano a la incertidumbre. Yo terminaría diciendo, aludiendo a José Libardo Porras, que teorizar sobre el cuento sin ser maestro del mismo, ni siquiera un estudioso experto, es una vanidad que sobrepasa mis límites. O una torpeza. O una ingenuidad. Mejor dejo que hable y se sostenga solo: “El hecho se produjo hará unos cinco años. Bioy Casares había cenado conmigo esa noche y nos demoró una vasta polémica sobre la ejecución de una novela en primera persona, cuyo narrador omitiera o desfigurara los hechos e incurriera en diversas contradicciones, que permitieran a unos pocos lectores -a muy pocos lectores- la adivinación de una realidad atroz o banal. Desde el fondo remoto del corredor, el espejo nos acechaba”, sentencia Borges.

 

Todos los cuentos, el cuento: La breve invención del cuento

Escobar Girardo, Octavio. Jornada de Literatura, Comfama. Medellín, 2007 

Estudiante de Licenciatura en Literatura, Univalle. /angieca18@hotmail.com