|
|
Todos los cuentos, el
cuento
Por Ángela Castro
Quince escritores colombianos reflexionan en este
libro sobre su quehacer literario a través del
cuento y sobre las características del género.
‘Todos los cuentos, el cuento’ es la más reciente
publicación de Octavio Escobar Giraldo. Se trata de
serios ensayos dotados de sensibilidad y de
revelaciones que nos adentran al misterio que guarda
la naturaleza del cuento.
El cuento es quizás uno de los géneros más complejos
de la literatura. Se dice que para su composición es
necesario tener una técnica, después la búsqueda de
un tiempo y por último retratar con minucia los
detalles. Al parecer, narra fundamentalmente hechos,
es breve, es la condensación de un instante de la
vida de un hombre o de una colectividad. Se centra
en un conflicto esencial entre dos fuerzas vitales;
es la existencia humana, revelación, digresión… es
el universo reducido en un grano de arena. En él
todo se dice, se acentúa, nada sobra, todo falta.
Aparecen otros más osados que apelan por creer que
el cuento no se deja definir porque cada uno exhibe
o esconde su estructura, su esencia y su alcance
literario.
Quedaremos extasiados con la lectura de ‘Todos los
cuentos, el cuento’ y los que pretenden iniciarse en
el desbordante mundo de la escritura, los que ya lo
escriben y sostienen un papel en la mano que están
empezando a llenar con notas que les brinde
soluciones para su mejor composición o simplemente
son unos lectores efusivos del género han llegado al
punto exacto para enredarse, complicarse y,
finalmente lograrán disparar sus dudas por completo.
El problema es si consiguen seguir escribiendo.
Los dueños del género
Y nuevamente aparece Guy de Maupassant, Chejov,
Edgar Allan Poe, Lispector, Irving, Mérimée,
Quiroga, Monterroso, Borges, Cortázar, Arreola,
Carrasquilla quienes se juegan la partida de la
figura a seguir cuando nos sumergimos en este mundo.
Sin embargo, la pregunta sería: ¿el cuento sigue
teniendo los mismos dueños, las mismas reglas o es
un ejercicio del silencio, del ruido, es personal o
colectivo? Lo anterior se soluciona sólo en su
práctica, o en la duda que el mismo género nos
brinda. Establecer que el buen escritor de cuentos
debe ser capaz de suspender la duda en el lector,
introducirlo en su historia con suavidad y firmeza,
no es suficiente.
Los tiempos cambian y el nuevo lector reaparece
exigiendo un tipo de lectura, sin embargo Ángel
Galeano relata que Dostoievsky era, en su tiempo un
autor decadente de la pequeña burguesía y Kafka era
un demente animalista. Benedetti era un malabarista
insípido y Borges un metafísico que negaba la
realidad concreta. Sábato era oscuro. Cortázar no
pasaba de ser un snobista que sacaba conejos de la
boca de los personajes pero que había traicionado la
causa de la revolución al sumarse a Fidel. Los
gustos van y vienen y el cuento se contrae, se
alarga, aparece el dinosaurio que despierta y no
sabemos qué sucede allí, y algunos siguen
insistiendo que no interesa quiénes eran los
escritores, solamente lo que sale de sus duras y
compactas palabras.
Parafraseando a Jaime Echeverri, el escritor de
cuentos, debe recordar que dicho género está en
parentesco con el poema, exige una gran cantidad de
síntesis para contar con economía de palabras el
suceso en el que están envueltos los personajes.
Escribiendo el género
La música, la muerte, el amor, el robo, la decencia,
la moral… “Las ménades”, “Viaje a la semilla”; nos
inscriben en el gran universo de la esencia misma de
su escritura, pero ¿sobre qué escribo en un cuento?
El escritor y poeta estadounidense Raymond Carver
sostiene que en el cuento como en el poema se habla
de cosas comunes y corrientes, usando un lenguaje
común y corriente pero preciso –una silla, una
cortina, un tenedor, una piedra, un arete de mujer-
un poder inmenso, incluso perturbador. El narrador
se repite, pero cambia su modo de mostrar y enfocar
su propia visión de mundo. No todos ven la silla
azul de la misma forma. De hecho, hay quienes
afirman que el cuentista requiere saber de todo,
porque, al fin, su labor es semejante a la de Dios:
crear mundos y poblarlos de vida; otros nos remiten
al sabor de la mujer que poco se lee y comenta en la
literatura: Katherine Mansfield, Jane Austen, Doris
Lesing y ya menciona Clarice Lispector, maestras en
hallar belleza en los asuntos cotidianos.
‘Todos los cuentos, el cuento’, señala, indaga,
corroe, duda, contradice, afirma. Nos brinda un
recuento exacto del manejo del cuento, partiendo de
la experiencia personal, nos lleva de la mano a la
incertidumbre. Yo terminaría diciendo, aludiendo a
José Libardo Porras, que teorizar sobre el cuento
sin ser maestro del mismo, ni siquiera un estudioso
experto, es una vanidad que sobrepasa mis límites. O
una torpeza. O una ingenuidad. Mejor dejo que hable
y se sostenga solo: “El hecho se produjo hará unos
cinco años. Bioy Casares había cenado conmigo esa
noche y nos demoró una vasta polémica sobre la
ejecución de una novela en primera persona, cuyo
narrador omitiera o desfigurara los hechos e
incurriera en diversas contradicciones, que
permitieran a unos pocos lectores -a muy pocos
lectores- la adivinación de una realidad atroz o
banal. Desde el fondo remoto del corredor, el espejo
nos acechaba”, sentencia Borges.
Todos los cuentos, el cuento: La breve invención del
cuento
Escobar Girardo, Octavio. Jornada de Literatura,
Comfama.
Medellín, 2007
Estudiante de Licenciatura en
Literatura, Univalle. /angieca18@hotmail.com |