Dossier África – Huellas negras Tras el rastro de la esclavitud Un viaje por la geografía interior de la diáspora africana

Huellas negras
Tras el rastro de la esclavitud
Un viaje por la geografía interior de la diáspora africana

El primer libro del periodista Diego Cobo, publicado a inicios del 2018, presenta un recorrido a través de cinco países que han quedado marcados indeleblemente por el enorme paso de la esclavitud. Este proyecto vio la luz gracias a la Beca Michael Jacobs 2017, impulsada por la Fundación Gabriel García Márquez para el Nuevo Periodismo Iberoamericano.

Por: Daniela Páez Avilés
Licenciada en Literatura




Huellas negras. Tras el rastro de la esclavitud, de Diego Cobo.
Foto: https://www.marcialpons.es/libros/huellas-negras/9788415958772/


¿Qué es ser negro? ¿Qué representa el concepto negritud, impulsado por varios países como una forma de identidad? … ¿Y si las comunidades negras olvidaran que son negras para expresarse sin distinción? Estas y otras preguntas son a las que el periodista español Diego Cobo buscó dar respuesta a través de un recorrido por cinco países en los cuales la colonización europea ha dejado una huella imborrable. El viaje, registrado en cinco crónicas que dan voz a decenas de personas, se detuvo en los siguientes puntos: Jamaica, Gambia, Estados Unidos, Colombia y Cuba.

La primera parada de este recorrido es la isla caribeña adonde llegó el mayor número de esclavos. Durante los tres siglos de dominación británica, XVI al XIX, más de un millón doscientos mil africanos llegaron a las playas de Jamaica a realizar trabajos forzados. El Parlamento británico prohibió el comercio de esclavos en 1807, pero no fue sino hasta 1834, gracias a la rebelión de un grupo de esclavos liderado por Samuel Sharpe, cuando se puso fin a la esclavitud. Los ingleses se fueron de la isla en 1962 y, a pesar de tener hoy sus habitantes un autogobierno simbólico (su sistema político es una monarquía constitucional, por lo que siguen de cierto modo bajo el dominio de la corona inglesa), de conservar una lengua propia y de celebrar el Día de los Héroes Nacionales, Jamaica aún vive las consecuencias económicas y culturales dejadas por la colonia. Según algunos académicos jamaicanos la indemnización que debería recibir el país por parte de la antigua metrópoli asciende a un valor entre dos y tres millones de libras. La respuesta que dio la reina Isabel II en el 2007 ante el pedido fue la siguiente: “Esos hechos vergonzosos pertenecen al pasado. Los gobiernos de hoy no pueden aceptar la responsabilidad por lo que sucedió hace ciento cincuenta años.”

Si Inglaterra no ha querido asumir la pervivencia de los actos de sus antepasados con Jamaica, los intentos paradójicos por proteger a Gambia han resultado aún peor. El pequeño país sofocado al norte, sur y este por Senegal, tiene un respiro al oeste en el mar por donde “llegaron los navegantes y el comercio, la enfermedad y la esclavitud”. En efecto, su ubicación lo hizo uno de los principales puertos en el comercio de esclavos: seis de cada diez africanos convertidos en esclavos fueron arrancados allí de su tierra. Dos siglos más tarde, cuando en 1772 se abolió la esclavitud, Reino Unido hizo un intento por “regresar a los negros” al continente africano. Siendo estos los descendientes de los primeros esclavizados, el resultado fue una comunidad reconvertida por una educación británica que reconocía poco sus raíces.

Los últimos tres países del recorrido, Estados Unidos, Colombia y Cuba, también han sobrevivido a lo largo de su historia a enormes oleadas de racismo. Durante siglos, en Estados Unidos y, con mayor fuerza en el sur, se ha visto el reflejo de estos sesgos a través de los numerosos actos de discriminación e incluso de cientos de asesinatos hacia la comunidad afrodescendiente. El asesinato de Emmet Till en Money, Mississippi, el verano de 1955, fue el atroz acontecimiento que marcó un antes y un después: la comunidad afroamericana decidió levantarse y hacer escuchar su voz para impedir que siguieran vulnerando sus derechos y, con ello, sus vidas. En Colombia, las víctimas del desplazamiento a manos de multinacionales que invaden los territorios y los grupos armados que los amenazan han arrancado, una vez más, a un alto porcentaje de comunidades afro e indígenas de las tierras donde habían reconstruido su identidad. Las ayudas del gobierno han sido insuficientes; se repite la historia, pues estas personas han quedado en un territorio ajeno (urbano) a su suerte. Finalmente, aunque el racismo pareciera haberse vivido de un modo diferente en Cuba, ya que ha habido mayor participación de la comunidad afrodescendiente en la historia del país, el racismo sigue impregnado en las mentes por el legado de la esclavitud. No obstante, la religión ha sido en el país un medio de resistencia que ha mantenido gran parte de la cultura ancestral viva.

Hoy, la apuesta de los cinco países consiste en el derrumbamiento de la carga que la colonia y sus consecuencias han dejado en las mentes del “significado” de ser negro; un término que ha quedado marcado por la enorme huella del estigma producto del dolor y la esclavitud y que ha borrado casi por completo la enorme riqueza que antecede a las culturas africanas. “Huellas negras. Tras el rastro de la esclavitud” tiene la intención de mostrar a los lectores, sin importar su color de piel, que “si logramos dar el primer paso de asumir esas huellas negras que vamos dejando tras nuestros pasos… será un gran comienzo: nunca es tarde para comenzar de nuevo, para recoger las manchas de nuestros actos y reintegrarlas adecuadamente.”




Diego Cobo, autor de Huellas negras. Tras el rastro de la esclavitud.
Foto: https://fundaciongabo.org/es/noticias/articulo/diego-cobo-gana-la-beca-michael-jacobs-de-cronica-viajera-2017

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