CVI – De las consecuencias de igualar cosas distintas

De las consecuencias de igualar cosas distintas

Título: Los mensajes de datos y la prueba electrónica
Autor: Néstor A. Toro Caicedo
Leyer Editores, 2019
126 páginas


Por: Pacífico Abella Millán
Coordinador Editorial Centro Virtual Isaacs




Portada del libro de Néstor Toro Caicedo.


Con precisión, rigor argumentativo y actualidad en la información, Toro Caicedo discute en su libro, publicado por la especializada editorial Leyer, las nociones esenciales y las consecuencias prácticas de un acontecimiento relativamente nuevo, y cada vez más usual, en el campo de las pruebas jurídicas: ¿cómo tomar, cómo validar y reconocer los archivos digitales, los llamados documentos digitales, como pruebas suficientes y aceptadas en la hermenéutica jurídica? Y parte de considerar la naturaleza específica de los archivos digitales; aborda las diferencias insoslayables entre el denominado documento digital o electrónico y el documento predigital. Para ello pone en cuestión la acostumbrada tesis de la equivalencia funcional entre ambos, asumida como verdad absoluta, en el vasto campo jurídico, desde su formulación por la Comisión de las Naciones Unidas para el Desarrollo Mercantil Internacional –CNUDMI- en 1996. Y enfatiza en los anacronismos, y mayúsculos errores, que se manifiestan cuando se aplican a rajatabla las perspectivas, los moldes y los criterios, construidos a lo largo de centurias para fenómenos que no son plenamente equiparables con los recientes y cada vez más novedosos desarrollos de las tecnologías digitales y la inteligencia artificial, entre otros campos. Visión extrapolable a otras esferas de la vida social y del conocimiento, como el rol y las funciones del docente en la educación presencial y su papel y actividades en la educación virtual. O la legislación laboral que se aplica a la mensajería tradicional y la inusual y muy particular vinculación ‘laboral’ de los ‘colaboradores’ de Rappi, para mencionar solo algunos casos en esa senda tortuosa de deslaboralización de las relaciones de trabajo en esta era neoliberal.

Toro Caicedo abunda de forma sintética y sustentada en las particulares condiciones que tiene un archivo digital o documento digital al usarlo como prueba documental, único portillo para su ingreso a las lides jurisdiccionales, y, por ello, en la complejidad propia de su sustentación en los estrados judiciales que exige el acompañamiento de especialistas, los peritos informáticos. Revela así las limitaciones y carencias de nuestra arquitectura legal en este campo, la insuficiencia de disposiciones como la Ley 527 de 1999 y la urgencia de que la nación asuma la tarea de construir una conceptualización legal adecuada a las especificidades de los fenómenos digitales.

Llama entonces la atención que la puerta está franca para que, por ignorancia, o desconocimiento o por acciones venales y torticeras, se ‘pierda’ la validez de las pruebas cruciales en procesos sensibles y paradigmáticos en la justicia en el país. O se abuse de ellas violentando su conservación e integridad. Aún están recientes en la memoria ciudadana los ‘hallazgos’ y la manipulación de los computadores de Raúl Reyes, o la absurda y sospechosa eliminación de los discos duros del ‘suicidado’ doctor Pisano como válidos elementos claves probatorios en los escándalos de Odebrecht y otros conexos. Pero también para que los estafadores, violadores, pornógrafos, pederastas, y demás criaturas del variopinto mundo delincuencial, logren hacer invalidar como prueba legal sus teléfonos celulares, sus memorias flash, sus discos duros, sus drones y cualquier otro objeto que disponga de las capacidades digitales cada vez más sofisticadas que están a la orden del día y en creciente desarrollo. La puerta sigue franca para que las víctimas y la sociedad se vean burladas en su aspiración de justicia.

Toro Caicedo ejemplifica con recientes fallos judiciales de las altas cortes de nuestro país cómo se deniega justicia o se birla a las víctimas en el manejo de las pruebas digitales. Y nos alerta con ello sobre qué nos seguirá esperando en el camino de continuar la insuficiencia legal en este campo. Si como lo formula categóricamente: “En la legislación colombiana no existe la prueba electrónica como tal”, parecemos condenados al peor de los mundos: cada vez más indefensos en un territorio cada vez más ilegal y arbitrario con dispositivos capaces de meterse por completo en nuestra vida y nuestras acciones. El futuro orwelliano es hoy: dispositivos, redes, conexiones y herramientas de análisis y detección capaces de registrar todas nuestras acciones diarias en medio de la arbitrariedad fundada en la insuficiencia legal entre otras fuentes de la iniquidad.

Desde luego que Toro Caicedo, un versado economista y magíster en administración de la Universidad del Valle, no se queda mirando los espadañas en la parroquia, ni se lamenta por la suerte de vivir en épocas aciagas, retoma autores y ejemplos de países un tanto y mucho más adelantados en el tema, y muestra que la perspectiva teórica y práctica convoca también internacionalmente a construir conceptos y regulaciones que asuman las especificidades de la era digital. Asuntos como abordar los fraudes y robos informáticos cometidos contra nacionales o entidades de un país por delincuentes desde otras naciones; o como exigir y garantizar el respeto a la privacidad y a los datos personales a colosos como Google o Facebook, y a monopolios cada vez más deslocalizados. La discusión de la prueba digital va pues más allá del estricto campo jurídico y toca a las puertas de la creciente preocupación social por el respeto a la vida privada, a la individualidad, a las relaciones humanas directas. Muchas de las precisiones y glosas que Toro Caicedo elabora en su libro nos fuerzan a mirar mucho más crítica y constructivamente el ovillo informático en que nos están envolviendo, especialmente con el inevitable advenimiento de la internet de las cosas.

Como bien lo valora el destacado jurista Daniel Peña Valenzuela en su prólogo al libro de Toro Caicedo:

“El aporte del libro de Néstor Toro a la doctrina nacional en el tema debería contribuir a desterrar el falso dilema de prueba digital vs. prueba técnica (de la escuela neo-formalista) y conducirnos al entendimiento de la información electrónica y de los medios probatorios en general conforme a una complementación amigable de la tecnología y el Derecho.”


Celebremos pues con él la publicación de este aporte que convoca con razón a su lectura y discusión, y a la continuidad de las reflexiones y escritos de su autor.

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