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Bailando
Break: Por las orillas El Vergel
Por: Miguel Ángel Durango
Estudiante de Lic. En Literatura
Bajo las marcaciones del hip-hop comparten
sus experiencias de calle y dance, algunos
jóvenes escasos de oportunidades pero
ambiciosos y soñadores. Ellos combaten la
decadencia de sus barrios con el provocador
y arriesgado movimiento de sus cuerpos;
sufren el conflicto de sus calles, pero lo
asumen con cultura.
Sus cuerpos al revés giran en el piso,
sincronizando la flexión de sus brazos con
el ritmo del Hip Hop. Uno de ellos salta al
centro de la ronda
e impresiona con sus movimientos en
espiral, el otro con una “Mortal” emociona a
los espectadores, su salto se resiste a la
gravedad y cuando cae al piso se sostiene
en una mano. El break dance es tan
desafiante como sus practicantes. Esta
influencia americana es en el Distrito una
expresión cultural que desafía la
marginalidad y combate la decadencia que ha
caracterizado las calles de El Vergel.
Caminar por este barrio, es un riesgo que
cualquiera no está dispuesto a correr. Sus
calles son estrechas y los taxistas se
niegan a entrar, no por su incomodidad sino
por su peligro. Don Eufrocino, es el
presidente de la Junta de Acción Comunal y
manifiesta con desencanto que para que le
hicieran el censo del Sisben le tocó armarse
de valor y acompañar a los inspectores del
sistema de salud. Aquì las garantías de
seguridad no descansan sobre las
autoridades.
Con Pedrito, vagando por El Vergel
Un día, no importa cual, porque es mejor
olvidar que atormentar, Pedrito y su
familia llegaron a la ciudad. Venían del
campo, desde Valparaíso en Caquetá, a las
calles del Vergel. Les tocó abandonar sus
tierras, gracias a la violencia que se ha
convertido en el cliché de este país. Allí
acabaron de crecer y sus calles se
convirtieron en las maestras no sólo de
estos jóvenes sino de muchos que coinciden
con su historia. Porque “en el campo no se
aprende nada, acá está la experiencia y la
libertad”.
La historia de Pedro, recuerda la formación
de este barrio aunque se aleja mucho de los
antecedentes del poblamiento inicial. Las
migraciones provenientes del pacífico y el
Cauca, obligaron a una rápida urbanización
de la ciudad a finales de los años setenta,
una urbanización para la que no estaba
preparada la ciudad y que dejó como única
alternativa el desplazamiento hacia la zona
de ladera.
Pedrito ahora tiene diecisiete años, seis de
ellos de vivir en Cali y habla con
jovialidad de su pasado en el campo, se ríe
al contrastarlo con el presente: “allá uno
se acostaba a las seis y se levantaba a las
cuatro de la mañana a trabajar; acá en
cambio uno se acuesta a las doce de la noche
y se levanta a las once de la mañana pero a
vagar”.
La posada de los sueños, una alternativa
para el ocio
¿Pero qué significa vagar? Algunas
instituciones como la corporación Juan
Bosco, han hecho un ajuste a este término,
vagar ya no significa no hacer nada, vagar
es dedicar el tiempo de ocio al aprendizaje
de alguna manifestación artística o
cultural. Por eso Pedrito dice con pasión:
“Para mí el Break Dance es una vagancia”.
La Posada de los Sueños que pertenece a
dicha corporación, conoce de fondo el riesgo
al que se expone la población juvenil y la
conformación de estos grupos culturales se
presenta como una estrategia para alejar a
los muchachos de la delincuencia. Lo que
buscan estos clubes, dice Carlos Alfonso
Origua, coordinador de la casa juvenil es
“consolidar en niños y jóvenes, bases para
la construcción de proyectos de vida
individuales y grupales acordes con sus
expectativas y posibilidades”.
Decía Joaquín Sabina, aquel polémico
cantautor español, que la poesía huía a
veces de los libros para anidar en la calle,
en el silencio o en los sueños. Por eso al
descubrir las calles de este barrio le doy
toda la razón, porque en ellas se construye
la mejor poesía no escrita, en cada joven se
sostiene una palabra y en las esquinas cada
uno de ellos la plasma. Existen hechos que
pesan en la historia de El Vergel y que le
han costado la estigmatización de sus
calles, la delincuencia exacerbada producto
del abandono social, pero sus calles hoy se
levantan y hacen sentir un aire de
tranquilidad gracias a los jóvenes. Estas
calles han parido héroes o artistas y así
como cronos, muchas veces ellas mismas se
han comido sus hijos, pero esta juventud no
está dispuesta a seguir el juego y ahora las
condiciones no las pone la calle, las
colocan ellos. Se han dado cuenta que perder
un joven es perder una palabra de ese
valioso poema. |