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Pedrito ahora tiene diecisiete años, seis de ellos de vivir en Cali y habla con jovialidad de su pasado en el campo.

 

Bailando Break: Por las orillas  El Vergel

 

Por: Miguel Ángel Durango

Estudiante de Lic. En Literatura

 Bajo las marcaciones  del hip-hop comparten sus experiencias de calle y dance, algunos jóvenes escasos de oportunidades pero ambiciosos y soñadores. Ellos combaten la decadencia de sus barrios con el provocador y arriesgado movimiento de sus cuerpos; sufren el conflicto de sus calles,  pero lo asumen con cultura.

Sus cuerpos al revés giran en el piso, sincronizando la flexión de sus brazos con el ritmo del Hip Hop. Uno de ellos salta al centro de la ronda e impresiona con sus movimientos en espiral, el otro con una “Mortal” emociona a los espectadores, su salto se resiste a la gravedad y cuando cae al piso se  sostiene en una mano. El break dance es tan desafiante como sus practicantes. Esta influencia americana es en el Distrito una expresión cultural que desafía la marginalidad y combate la decadencia que ha caracterizado las calles de El Vergel.

Caminar por este barrio, es un riesgo que cualquiera no está dispuesto a correr. Sus calles son estrechas y los taxistas se niegan a entrar, no por su incomodidad sino por su peligro. Don Eufrocino, es el presidente de la Junta de Acción Comunal y manifiesta con desencanto que para que le hicieran el censo del Sisben le tocó armarse de valor  y acompañar a los inspectores del sistema de salud.  Aquì las garantías de seguridad no descansan sobre las autoridades.

Con  Pedrito, vagando por El Vergel

Un día, no importa cual, porque es mejor olvidar que atormentar, Pedrito y su familia  llegaron a la ciudad. Venían del campo, desde Valparaíso en Caquetá, a las calles del Vergel. Les tocó abandonar sus tierras, gracias a la violencia que se ha convertido en el cliché de este país. Allí acabaron de crecer y sus calles se convirtieron en las maestras no sólo de estos jóvenes sino de muchos que coinciden con su historia. Porque “en el campo no se aprende nada, acá está la experiencia y la libertad”.

La historia de Pedro, recuerda la formación de este barrio aunque se aleja mucho de los antecedentes del poblamiento inicial. Las migraciones provenientes del pacífico y el Cauca,  obligaron a una rápida urbanización de la ciudad a finales de los años  setenta, una  urbanización para la que no estaba preparada la ciudad y que dejó como única alternativa el desplazamiento hacia la zona de ladera.

Pedrito ahora tiene diecisiete años, seis de ellos de vivir en Cali y habla con jovialidad de su pasado en el campo,  se ríe al contrastarlo con el presente: “allá uno se acostaba a las seis  y se levantaba a las cuatro de la mañana a trabajar; acá en cambio uno se acuesta a las doce de la noche y se levanta a las once de la mañana pero a vagar”.

La posada de los sueños, una alternativa para el ocio

¿Pero qué significa vagar? Algunas instituciones como la corporación Juan Bosco, han hecho un ajuste a este término, vagar ya no significa no hacer nada,  vagar es dedicar el tiempo de ocio al aprendizaje de alguna manifestación artística o cultural.  Por eso  Pedrito dice con pasión: “Para mí el Break Dance es una vagancia”.

La Posada de los Sueños  que pertenece a dicha corporación, conoce de fondo el riesgo al que se expone la población juvenil y la conformación de estos grupos culturales se presenta como una estrategia para alejar a los muchachos de la delincuencia. Lo que buscan estos clubes, dice  Carlos Alfonso Origua, coordinador de la casa juvenil es “consolidar en niños y jóvenes, bases para la construcción de proyectos de vida individuales y grupales acordes con sus expectativas y posibilidades”.

Decía Joaquín Sabina, aquel polémico cantautor español, que la poesía huía a veces de los libros para anidar en la calle, en el silencio o en los sueños. Por eso al descubrir las calles de este barrio le doy toda la razón, porque en ellas se construye la mejor poesía no escrita, en cada joven se sostiene una palabra y en las esquinas cada uno de ellos la plasma. Existen hechos que pesan en la historia de El Vergel y que le han costado la estigmatización de sus calles,  la delincuencia exacerbada producto del abandono social, pero sus calles hoy se levantan y hacen sentir un aire de tranquilidad gracias a los jóvenes. Estas calles han parido héroes o artistas y así como cronos, muchas veces ellas mismas se han comido sus hijos, pero esta juventud no está dispuesta a seguir el juego y ahora las condiciones no las pone la calle, las colocan ellos. Se han dado cuenta que perder un joven es perder una palabra de ese valioso poema.

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Publicado por la Facultad de Humanidades, Escuela de Estudios Literarios de la Universidad del Valle.

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