Crónica – Tumaco resiste pacíficamente

Tumaco resiste pacíficamente


Por: Daniel Zapata Villa
Estudiante de Doctorado en Humanidades
Universidad del Valle





El municipio de San Andrés de Tumaco despertó la mañana del 28 de abril del 2021 con una marcha de 6.000 personas, cifra significativa en un municipio donde muchos de sus habitantes sobreviven de las actividades diarias y del “rebusque”, dónde la mayoría de pobladores no tienen acceso a las tres comidas diarias y su índice de pobreza multidimensional se encuentra por encima del 80%. Algunas personas comentarían más tarde que quienes asistieron a la marcha eran aquellas que podían darse el lujo de no trabajar en la mañana. Sin embargo, se sentían representados en ellos y en los fundamentos de la protesta convocada a nivel nacional, aunque no con mucha esperanza, pues sus problemáticas obedecen a un abandono estatal que se ha agudizado década tras década.

En las calles comentan que desde el “Tumacazo” no se observaba una marcha con tantos asistentes en el municipio, esta tuvo repercusión en los jóvenes, quienes a partir de aquel momento promovieron diversos cacerolazos y “rumbatones” en la zona centro del municipio, los cuales se caracterizaron por utilizar como punto de encuentro el Parque Colón, en el cual cantantes, grupos de danza y baile urbano llevaban a cabo presentaciones artísticas con mensajes alusivos a la paz.

Como bien se mencionó, esta etapa inicial del Paro Nacional en Tumaco fue abanderada por los jóvenes, quienes tuvieron la paz como su principal petición y voz de protesta. Pero este movimiento no solo se llevó a cabo en el casco urbano del municipio, también la zona rural se vio permeada y en distintas veredas del área continental, las cuales conforman la mayor parte del territorio municipal, se observaron iniciativas de protesta pacífica como velatones en las que participaron los jóvenes y niños.

En mayo surgió un cambio en la forma como se venía desarrollando el paro, ya que los consejos comunitarios de la zona rural anunciaron su llegada al casco urbano del municipio y la declaración de un paro con la consolidación de un pliego de peticiones propio, ajustado a problemáticas locales, como lo es la orden de la reanudación de la aspersión aérea con glifosato.

Durante una semana aproximadamente se realizaron bloqueos en la zona conocida como la “Y” y “El Pindo”, las cuales conectan las diferentes islas entre sí y el continente. Según Jaime Angulo, quien reside en el municipio hace más de treinta años, esto fue una novedad, ya que, aunque Tumaco ha padecido diferentes sucesos violentos que han llevado a los pobladores a establecer toques de queda, restringir el servicio de energía durante más de tres meses o problemas en la recolección de desperdicios, nunca habían experimentado una restricción de este tipo en la movilidad.

Al dirigirme a la zona de “El Pindo” encontré que muchos de los que se encuentran en el sector son amigos o familiares de las personas que habitan en el casco urbano (recordemos que esta es una región con población mayoritariamente afrodescendiente y dentro de su cultura, la familia extensa es de suma importancia). Por ende, esta ocasión fue una oportunidad para encontrarse y compartir. De igual forma, “El Pindo” tradicionalmente ha sido una zona donde se desarrolla la venta de pescado, piangua, entre otros peces y mariscos. Esta actividad no se vio interrumpida por el bloqueo.

En este lugar encontré a don Carlos, líder comunitario y promotor del paro en esta región. Al preguntarle por la problemática que atravesaba el municipio, la cual los había obligado a movilizarse, comentó:

“Los programas que vienen desarrollando el Gobierno y la cooperación internacional no son suficientes para la problemática tan aguda que está, eso lo medimos en los resultados y hoy vemos que el Gobierno nacional y las instituciones dicen que todo va bien, pero cuando tú vas a los territorios ves todo lo contrario; el problema es que va bien pero agudizándose más, entonces ahí es donde los líderes decimos, los componentes no van bien y nosotros tenemos idea de lo que sucede, son nuestras familias, conocemos el territorio, tenemos planes, y la idea es que esos planes se hagan desde la perspectiva institucional”.

Los bloqueos se declararon en receso gracias a los acuerdos concertados entre los consejos comunitarios y la alcaldesa de Tumaco. Con esto, los campesinos retornaron a sus hogares. Sin embargo, los bloqueos en la carretera intermunicipal persistieron, ya que estos son ejercidos por la autoridad indígena, cuyas reclamaciones se encuentran dirigidas al Gobierno nacional.

Es posible observar que el espíritu del “Tumacazo” ha rodeado todo este proceso de resistencia, y no es para menos. En la psique de los habitantes aún se encuentra lo vivido aquel 16 de septiembre de 1988, cuando la ira del pueblo se transformó en protesta y dividió en dos la historia del municipio.

En conclusión, la jornada del Paro Nacional en San Andrés Tumaco se ha vivido de forma pacifica y puede catalogarse como un ejemplo de resistencia. Han participado diferentes actores de la población civil, quienes creen en el diálogo como herramienta de cambio y por medio de este han conseguido una serie de acuerdos que benefician a las comunidades. En este sentido, se encuentran considerablemente avanzados con respecto a la situación de la mesa de dialogo a nivel nacional.





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