Crónica – Pereira, desde el arte hacia la revolución

Pereira, desde el arte hacia la revolución
Cronología de una lucha popular

Alejados de la cotidianidad conservadora, el pueblo pereirano ha sumado su voz a las movilizaciones convocadas en el marco del Paro Nacional. Entre arengas y tambores, la comunidad ha esquivado balas y enterrado a hijos. Durante al menos 28 días la capital del Eje Cafetero ha resistido el abuso policial a través de lo único que históricamente no han podido silenciar: el arte.


Por: Natalia Candado López
Estudiante de Licenciatura en Literatura – Univalle




Foto: https://bit.ly/3ixQ8h1


Desde antes del 28 de abril la tensión se apoderó del país. Las memorias del 21N y la ira que emanaba el pueblo cansado de largas y tortuosas décadas de mal gobierno y corrupción, pusieron en evidencia el sueño unificado de un gran número de colombianos: el cambio. Tras casi 211 años, una docena de huevos se convirtieron en el nuevo Florero de Llorente, la Reforma Tributaria de Alberto Carrasquilla y su imperiosa necesidad de burlar a la clase obrera del país, resultó ser el detonante clave del paro nacional más largo y violento de la historia reciente de Colombia.

Ninguna ciudad quedó exenta de la represión militar ni del indignante abuso policial. No fue necesario recurrir a la violencia para caer en el ojo del huracán, ejercer el derecho a la protesta pacífica se consideró un motivo suficiente para ser acribillado en manos del Estado. La barbarie estalló junto al primer disparo, las calles se empezaron a bañar de sangre mientras miles de madres lloraban a sus hijos.

En medio de bloqueos, arengas y tambores, Pereira dio inicio a la jornada de movilización convocada en el marco del paro nacional 28A. Tal y como era de esperarse, La Perla fue aplaudida durante el día por su comportamiento ejemplar, sin embargo, la intervención nocturna del ESMAD finalizó con el reporte del primer joven desaparecido, Brahian Gabriel Rojas López de 24 años de edad. Pese a todo, el paro siguió en pie. El 29 de abril la lluvia acompañó a miles de manifestantes que colapsaron las principales avenidas de la ciudad para mostrar su inconformidad frente a la atrocidad del Gobierno. Nuevamente al caer la noche la Policía reprimió a su pueblo, con gases y aturdidoras quisieron desalojar el bloqueo del viaducto, pero los pereiranos resistieron. El último viernes del mes fue diferente a los anteriores, sin importar el toque de queda impuesto por el alcalde Carlos Maya, en las calles y barrios de la capital risaraldense se vivió una jornada más de protestas. El recorrido de la movilización finalizó en el puente que atraviesa el río Otún, donde, como si fuese habitual, las autoridades acompañadas de sus tanquetas, atacaron durante horas a quienes se encontraban en el punto de bloqueo. Abril solo fue una muestra de lo que sería la verdadera revolución.

La conmemoración del día internacional del trabajador inició en las calles de Pereira, no como un día cívico, sino como una jornada más del gran paro nacional, contando una asistencia histórica y multitudinaria a las diferentes movilizaciones. Los rostros capturados a través de los lentes de Juan Betancur y Andrés Rey, estudiantes de comunicación social de la UTP y la UCP, respectivamente, son el reflejo exacto del sentir colectivo: seres inundados de indignación, ira y decepción frente a un gobierno que se esfuerza por condenarnos a vivir eternamente en la miseria. El primero de mayo fue, en resumidas cuentas, un día crítico para la ciudad. Luego de diversos enfrentamientos con los supuestos “organismos de seguridad”, Pereira quedó atrapada entre una inmensa nube de gas lacrimógeno y un vendaval de plomo. El parque Olaya Herrera, transformado en campo de batalla, recibió en el suelo a decenas de manifestantes heridos. Como una muestra más de la represión gubernamental, el centro pereirano fue militarizado a partir del dos de mayo. Ese mismo día, durante las manifestaciones en el barrio Cuba, se presentó el primer ataque en contra de los manifestantes por parte de quienes se autodenominan “ciudadanos de bien.” Siendo alrededor de las 7:30 p.m. una mujer que se dirigía hacia el barrio El Nogal a bordo de un vehículo gris, arrolló a dos personas que se encontraban en el plantón pacífico de la glorieta de Corales. Debido a esto, se presentaron nuevos enfrentamientos entre la fuerza pública y la multitud, quienes, arrastrados por la indignación decidieron destruir el automóvil de la agresora. Una vez más, el estallido de las balas hizo eco en la frialdad de esa horrible noche que estaba lejos de acabar.

Sin importar el abuso policial, el tres de mayo se convocó a la ciudadanía a participar de una nueva jornada de manifestaciones: “Vamos a cantar, a brincar en la mitad del viaducto, a compartir comida, a saludarnos como hermanos, a disfrutar de los conciertos que nos dan”, fue el mensaje enviado por Andrés Rey, quien ha dedicado los días de paro a eternizar el movimiento social a través de sus fotos. De este modo, las protestas del tres de mayo transcurrieron en paz, fueron ese minuto de calma que precede al caos. Al día siguiente, mientras se realizaba una gran velatón en memoria de los hermanos caídos a lo largo y ancho de país, empezó a circular en redes un vídeo del alcalde Carlos Maya, donde en medio de diversas declaraciones, convocaba “a los gremios y a los miembros de la seguridad privada para hacer un frente común junto a la Policía y al Ejército para recuperar el orden en la seguridad ciudadana”. En otras palabras, sugirió adoptar una lógica propia del paramilitarismo.

El cinco de mayo la población de Sabanalarga (Antioquia) observó cómo el río Cauca devolvía el cuerpo inerte de Brahian Gabriel Rojas, el joven reportado como desaparecido una semana atrás en la capital de Risaralda. Mientras tanto, en la ciudad cafetera, Lucas Villa, vestido de azul, transpiraba alegría mientras avanzaba por las calles danzando sin saber que sería el último día de su vida. “¡En Colombia nos están matando!”. Así quedó registrado el grito del estudiante a uno de los participantes que se encontraba grabando la manifestación. Como obra del “destino”, durante el transcurso de la jornada, decenas de personas fijaron el lente de sus cámaras en el joven que entregó alma y cuerpo a la revolución. Una vez más, la marcha finalizó en el viaducto César Gaviria Trujillo, en donde un láser verde y otro morado señalaron la cabeza y las piernas del hombre elegido. “El ignorante, el terco, el dormido, ¡despierte!”, esas fueron las últimas palabras pronunciadas por Lucas Villa antes de ser asesinado. Unos cuantos segundos después, a las 7:30 de la noche, al menos 140 personas fueron testigos del momento exacto en el que dos hombres a bordo de una moto, dispararon ocho veces en contra del joven convencido de que la solución al conflicto era el amor. La voz de Lucas fue silenciada con el único objetivo de promover una política de miedo, deslegitimando cualquier tipo de protesta. Sin embargo, la eternidad de su memoria se convirtió en símbolo del verdadero fin de la manifestación: el cambio. Junto a Villa, otras dos personas resultaron heridas: Andrés Felipe Castaño de 17 años de edad y Javier Darío Clavijo. Luego de ser remitidos a urgencias y a pesar del pronóstico reservado del deportista, desde el primer instante se habló sobre una posible muerte cerebral.


Foto: Andrés Rey, estudiante de comunicación social y periodismo de la UCP.


El 6 de mayo, según Betancur, “Pereira volvió a hacer historia, volcándose en las calles para decir que no tiene miedo, que no olvidamos y que ninguno de los que han caído luchando por un país más justo quedará en el olvido.” Siendo las 4 p.m., los tristes manifestantes se reunieron en el parque Olaya Herrera con el fin de realizar una velatón, esta vez en honor a sus compañeros heridos y en rechazo a la violencia “paraca” que azotaba a la ciudad. Finalizada la jornada, a cuatro cuadras del lugar de concentración, justo frente al Museo de Arte, fue asesinado Héctor Fabio Morales, un joven vigilante de 24 años de edad que participó activamente en el paro nacional como integrante del grupo de primeros auxilios.

“Le tengo miedo y respeto a la noche desde que dieron la orden de disparar”. Para Laura Montoya, una joven estudiante de la UTP, así como para muchos participantes de las protestas, las balas se encargaron de nublar el panorama esperanzador construido desde el primer día. No obstante, rendirse jamás fue una opción. El pueblo siguió cantándole a la opresión, entre mercados campesinos y tomas culturales, parafraseando a Daniel López, estudiante de comunicación social, Pereira decidió salir a las calles para mostrar su talento.

El 10 de mayo en horas de la noche, se confirmó el fallecimiento de Lucas Villa. Colombia entera lloró la pérdida de este gran ser. Dos días después, sus hermanas y hermano convocaron a una marcha multitudinaria desde el viaducto, el último lugar donde el hombre puso sus pies. “Somos la revolución del amor. ¡Lucas vive!”, se podía leer en la pancarta sostenida por Sidssy, Sol, Helios y Ganesha, quienes, a pesar del dolor en sus almas, seguían manifestándose en pro de la paz. El jueves 13 de mayo se llevó a cabo la ceremonia fúnebre de Villa. Los pereiranos se congregaron para despedir al joven entre arengas, risas y oraciones. Juntos, rindieron un bello homenaje a la vida e hicieron un llamado a la armonía y la unidad.

La jornada del 15M se vio inundada de indignación y repudio frente al caso de abuso policial que llevó al suicidio a la adolescente de 17 años, Alison Meléndez, en la ciudad de Popayán. Así pues, cientos de ciudadanas salieron a las calles en una marcha feminista desde el viaducto hasta el parque Gaitán. Es necesario resaltar que a la fecha se han presentado 23 denuncias de agresiones sexuales durante el paro nacional.

A pesar de los hechos violentos y el desabastecimiento en la ciudad, Pereira no se ha dejado acobardar. El 17 de mayo, sin importar las fuertes lluvias, el pueblo se tomó las calles y en apoyo a los camioneros, desplazaron las movilizaciones hacia los puntos de concentración permanentes en la Romelia y Dosquebradas, allí pasaron la noche decenas de participantes dispuestos a entregar la vida por su patria.

El cuarto miércoles de paro, justo después de la intervención artística titulada “Fregar la patria”, que invitaba al espectador a participar de la acción y a la reflexión sobre la violencia padecida en el país durante los últimos 50 años, los habitantes de la capital del Eje Cafetero comprobaron que la unión hace la fuerza, pues sin importar los colores y las banderas, todos somos un mismo pueblo. De este modo, la noche pereirana se llenó de luz y color al son de las diferentes barras bravas, quienes se ocuparon de brindar un espacio oportuno para recordar una vez más que en medio del caos, el arte es la verdadera revolución.

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