Crónica – La rebelión infatigable de un 28 de mayo en Argentina

La rebelión infatigable de un 28 de mayo en Argentina
Crónica de una marcha feminista

III Mención de honor. XI Concurso Universitario Nacional de Crónica.
Universidad Externado de Colombia, 2019.


Soy de la lucha que nace verde,
Porque en la tierra se afirma,
Porque cantando florece
Y vuelve a brotar hacía arriba
Verde / Clara Cantore

Por: Clara Inés González Libreros
Estudiante de Comunicación Social




“¡Las pibas que vos mataste van a volver! ¿Y cómo no? ¡En la lucha feminista estamos hoy!”.
Foto: https://www.diariodecuyo.com.ar/argentina/El-proyecto-por-el-aborto-legal-al-Congreso-por-octava-vez-20190527-0005.html


No se había sentido tan desorientado desde que abandonó las filas de la Policía Nacional para estudiar Arte en la Universidad del Valle. Caminaba sin rumbo fijo por las calles de Córdoba porque quería demostrarse a sí mismo, como a todos aquellos que dudaron de su capacidad de costearse un intercambio en el extranjero, que sería capaz de sobrevivir lejos de su patria. Al contrario de lo que sucedía desde que llegó, cuatro meses antes, aquel martes el centro de la ciudad parecía vacío. Las mujeres pasaban a su lado con los rostros pintados de verde, salían de los edificios tomadas de la mano, bajaban de los colectivos con prisa. En una esquina, frente a la rotonda de la Plaza España, un hombre de saco gris y lentes de sol, erigió un mercadillo de pañoletas sobre los cilindros de un cesto de basura abandonado. Vendía la colorida bandera de la comunidad LGBTIQ, la naranjada de la Campaña Nacional por un Estado Laico, la fucsia en contra del maltrato animal, la blanca que reivindica el profesionalismo de los enfermeros en contra la Ley Larreta, y en el centro, extendida como un gallardete, la pañoleta verde de la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito.

Miguel Paredes tenía veinticuatro años, el pelo rizado, la piel oscura, y cuatro sacos debajo de su chaqueta para apaciguar el fresco de la tarde del 28 de mayo que —para su desgracia— alcanzaba los ocho grados centígrados. Nunca sintió tanto frío. Mientras avanzaba por la avenida Hipólito Yrigoyen, añoró el sol tostando su espalda en las mañanas de pesca junto al río Cauca, e intentó quitarse uno de sus guantes de lana. Después de cinco minutos, tras sentir que perdía la movilidad en sus dedos, volvió a ponérselo. Eso era la Argentina para él: frialdad. Se congelaba con el silencio de las calles, la simetría de los edificios, las pocas palabras de sus compañeros de clase, algunos saludos de buenos días jamás correspondidos, los árboles sin hojas del invierno, el agua como sobremesa.

Paredes decidió seguir a las apresuradas mujeres que minutos antes compraron pañoletas verdes por cincuenta pesos. No le gustaba admitirlo, pero a veces practicaba las lecciones de inteligencia y espionaje que aprendió en el servicio militar colombiano. Poco después, se enteró de que la agitación tenía que ver con que ese día se presentaba, por octava vez, el proyecto de ley de la Campaña Nacional por el Derecho al aborto, el cual establecía que la práctica fuese legal hasta la semana catorce de gestación, de forma gratuita en hospitales y centros de salud públicos y con cobertura total en obras sociales, mutuales o prepagas. Mientras analizaba su nivel de riesgo como sabueso, dos ancianas con collares de perlas y sacos de lino se toparon en el camino de las mujeres.

— Vos no pagás impuestos, boluda, ¿cómo te atrevés a protestar? —increpó una de las ancianas mientras hacía un gesto italiano uniendo la yema de los dedos.

— Tenemos derechos, señora —respondió una de las mujeres haciéndose camino junto a sus compañeras.

— No. ¡Ninguna de ustedes paga nada! ¡No tienen derechos! —vociferó la anciana.

Pero no la escucharon. Las jóvenes tenían prisa.

**

A las cinco de la tarde, la avenida Hipólito Yrigoyen era verde. En el centro de la calle, frente al museo de Antropología, miles de pañoletas se extendían apuntando al cielo. Otras estaban amarradas en las mochilas, en las muñecas, en los cuellos. Y la más grande, extendida como una cortina, salía por las ventanas de un edificio. En el aire las pancartas del Plenario de Mujeres Trabajadoras, la Asamblea Ni Una Menos, la agrupación de mujeres en lucha Isadora, el partido político Izquierda Socialista, y la organización de mujeres Las Rojas. Todo en dirección a la tarima, donde las representantes de la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito alentaban las arengas feministas. La algarabía de la gente, en su mayoría mujeres jóvenes, estudiantes secundarias y universitarias, retumbaba en la ciudad como el grito de una gran mujer: “Poderrrr, poderrr, Poder popular, Ahora que estamos juntas, ahora que sí nos ven, abajo el patriarcado, se va a caer, se va a caer. ¡Arriba el feminismo que va a vencer, que va a vencer!”, “y dale alegría, alegría a mi corazón, la sangre que derramaron se estremeció. Y vas a ver… ¡Las pibas que vos mataste van a volver! ¿Y cómo no? ¡En la lucha feminista estamos hoy!”.

Al adentrarse en el encuentro, Paredes, acostumbrado a mantener el orden y la ley en su país, observaba los carteles como un niño indefenso. “Asumir o no los riesgos de un embarazo es nuestro derecho”, “la clandestinidad no salvó ninguna vida”, “calladita no te ves más bonita. Sos hermosa cuando luchás por lo tuyo, cuando no te callás y tus palabras muerden”. El colombiano recordó cuando algunos de sus compañeros de clase le advirtieron que Argentina estaba llena de “feminazis”, que no se dejara lavar el cerebro; el mismo consejo que algunos policías le dieron sobre la “mentalidad guerrillera” de la universidad pública, y que tiempo después refutaría tras comprender el ejercicio de la crítica. En una esquina cercana divisó la venta de periódicos de un colectivo de mujeres. Sentado en el piso junto a una anciana que pintaba el símbolo de venus en el rostro de una niña, empezó a leer la siguiente información: “28M: A las calles por el #AbortoLegal”.

La Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito surgió el 28 de mayo de 2005 al calor de los Encuentros Nacionales de Mujeres. Trece años después, el 8 de agosto de 2018, se discutió por primera vez el proyecto de la interrupción voluntaria del embarazo en el Congreso de la Nación Argentina, mientras en todo el país las multitudes hacían vigilia bajo la lluvia. Lola Guerra, coordinadora de Católicas por el Derecho a Decidir, explicó a la prensa que el 28 de mayo se presentaría un nuevo proyecto en el marco del día internacional de acción por la salud femenina, el cual establecería que la persona gestante pudiese solicitar el procedimiento en caso de violación, o si está en riesgo su vida o su salud integral, e incorporaba artículos que refuerzan la educación sexual y la anticoncepción gratuita.

***

Mientras la marea verde palmoteaba su boca, como el grito de guerra de los indios de Oriente, Miguel Paredes escuchó una perturbadora cifra que una de las manifestantes les exponía a sus compañeras en tanto cebaba un mate: en Argentina, durante el 2018 se cometió un feminicidio cada 32 horas. Sucumbió ante una idea aterradora. Tras investigar en su celular descubriría que, entre 2013 y 2018, fueron asesinadas 6.013 mujeres por parte de sus parejas, exparejas y familiares en Colombia, cantidad suficiente para llenar el crucero turístico más grande del mundo. Su patria, lejana y hostil, escenario de la violación, el empalamiento, y la muerte de Rosa Elvira Cely el 23 de mayo de 2012, por primera vez le había dolido.

En la rebelión infatigable de las seis de la tarde, la gente se arremolinó hacía la avenida. Paredes caminó hacia la tarima siguiendo la multitud, pero la unión de los cuerpos no le permitió llegar muy lejos. Las mujeres, con pelucas fluorescentes en sus cabezas, escarcha y pedrería en los rostros, exponían en silencio sus pañoletas al cielo. Mientras escuchaban las indicaciones de una de las voceras que organizaba una fotografía general, se dispararon las bengalas verdes incitando la agitación de las banderas. Como concluyendo un grito contenido en la historia, las voces salieron a todo pulmón “Somos las nietas de todas las brujas que nunca pudiste quemar”. Paredes cerró los ojos. Se imaginó bajo el sol de Cali. Puso su mano izquierda en el corazón y levantó su mano derecha como en un juramento a la bandera. Con todas sus fuerzas repitió la consigna: “Aleeeerta, aleeerta, alerta, alerta, alerta que camina, la lucha feminista por América Latina. Que tiemblen, que tiemblen, que tiemblen los machistas, América latina va a ser toda feminista”.




La marea verde.
Foto: Clara Inés González Libreros.

Suscribirse

* indicates required
/ / ( dd / mm / yyyy )