Crónica – La casa de los esclavizados en Gorée Senegal

La casa de los esclavizados en Gorée Senegal


Por: Verny Varela
Profesor de Howard University





Los cantos de los tambores, la música del océano y los gritos del pasado se funden en una pequeña isla llamada Gorée. El horror allí vivido lo narró Manuel Zapata Olivella en Changó, el gran putas:

“Hay un vodú escondido en la kora
dolor antiguo
alguien llora
dolor de las madres cuando pierden el hijo,
alguien llora
dolor de las viudas enjuagándose con las sábanas del muerto,
alguien llora
dolor de los huérfanos,
dolor que cierra los ojos
cuando el sol en pleno día
hay un vodú escondido en la kora
un dolor antiguo”

Olivella expresa cómo el instrumento representativo de Senegal, el kora, interpreta un pasado amargo vivido por los africanos en la pequeña isla Gorée, de aproximadamente 900 metros de largo por 300 metros de ancho, y atestiguó uno de los más depravados magnicidios de la humanidad: la trata de esclavizados. Este tráfico de humanos convirtió a Gorée en uno de los puertos más importantes para la trata de humanos del África occidental. La isla fue ocupada por primera vez por los portugueses en 1444, quienes se mantuvieron en ella hasta 1626 (Atwood 47). Después los holandeses se apoderan de la isla, pero posteriormente fueron desplazados por los británicos en 1787. Luego los ingleses fueron movilizados por los franceses en 1799. Los ingleses intentaron conquistar Gorée cinco veces, pero los franceses resistieron sus ofensivas.

La isla tiene aproximadamente 1.500 habitantes, de los cuales el 70% son musulmanes y el 30% cristianos. Ambas religiones viven en armonía y poseen una mezquita y una iglesia en la isla. En cuanto a la economía, la pesca, las artesanías y el turismo son los elementos primordiales. Para llegar a Gorée se embarca en un ferri desde el Puerto de Dakar “Port Autonome de Dakar” y solo toma veinte minutos. El costo es de 5.200 CFA (8 dólares) para los extranjeros y 1.500 CFA (2.5 dólares) para los residentes. Los turistas usualmente visitan la casa de los esclavizados (Maison Des Esclaves), convertida en patrimonio de la humanidad por la Unesco en 1978. La propiedad fue construida por los holandeses en 1776 y fue la más organizada de las 28 casas que había en la isla. Por esta razón, el ministro de cultura de Senegal decidió conservarla como una muestra (Atwood 50).


Isla de Gorea (en francés, Île de Gorée), ubicada en Senegal, África, declarada en 1978 por la Unesco como Patrimonio de la Humanidad.
Foto: http://www.wanafrica.com/cultura/buzos-de-senegal-buscan-huellas-de-trata-trasatlantica-de-esclavos/


La casa tiene dos plantas. En la primera se mantenían los esclavizados, y la parte de arriba era para los dueños y para los invitados que venían de Europa, del Caribe o Sudamérica a participar en la trata. La planta baja la conformaban diferentes tipos de celdas, las cuales eran asignadas para los hombres, las mujeres, los niños, y las mujeres vírgenes, quienes tenían un precio más alto. Existían celdas pequeñas de castigo y la celda de alimentación o de engorde. Las celdas de castigo eran pequeñas y no se podían permanecer parados, solo acostados o sentados. Allí se quedaban por un máximo de tres días. Sin embargo, cuando los presos eran muy violentos no los alimentaban y los dejaban morir para que los demás vieran el caso como ejemplo. El 25 de noviembre de 1991 Nelson Mandela visitó esta casa y entró a una de las celdas de castigo. Cuando salió de la celda expresó con conmoción que le recordaba a la isla Robben, en Suráfrica, donde fue prisionero.

Además de las celdas, la casa tenía un pasillo donde se alineaban los esclavizados para ser embarcados. Al fondo de este se divisaba el inmenso océano y se encontraba la famosa “Puerta sin retorno.” Se le dio este nombre porque una vez que los esclavizados la pasaban ya no volverían a ver sus familias y ni siquiera el continente.

Por otro lado, la celda de alimentación o castigo era para los hombres que pesaban menos de 60 kilos, ya que no se podían vender si tenían un peso menor. Allí los alimentaban por tres meses con “ñebbe” (una especie de frijol local) y aceite de palma. En caso de que no subiesen de peso, no los exportaban y eran vendidos como esclavizados domésticos para que trabajasen en la isla o en San Louis, ya que Dakar no existía en esa época.

La primera celda que se encuentra al entrar en la casa era pequeña y sin baño. Allí se colocaban de 15 a 20 hombres encadenados de pies y manos, los cuales se sacaban una sola vez para hacer sus necesidades. Esto acarreaba muchos problemas de salud, y era imperdonable que los cautivos se enfermaran. De esta manera, si alguno se enfermaba lo amarraban y lo tiraban al océano como carnada para los tiburones. Este fenómeno fue tan grande, que Gorée era conocida como la isla de los tiburones, ya que eran atraídos por la cantidad de cuerpos que se arrojaban.

Por otro lado, eran considerados niños los que tenían de 4 a 12 años. Los dueños calculaban su edad por la dentadura y los intercambiaban por cosas como telas o collares. Ellos eran los únicos que no tenían cadenas en su celda ya que eran inocentes e inofensivos. Los menores de 4 años los colocaban junto a sus madres en sus celdas y cuando crecían los separaban. Los dueños se aseguraban de que las familias no quedaran juntas. Otra celda que existía en la casa era la de las mujeres vírgenes. Era la única que tenía un baño localizado casi en la entrada de la celda porque allí había una ventana con barrotes que permitía que la brisa del mar eliminara los olores. También el baño posibilitaba que las señoritas estuvieran siempre limpias. Todo este cuidado en esta celda era porque las niñas vírgenes eran las más costosas y los invitados siempre escogían alguna para divertirse. Las mujeres después quedaban embarazadas y cuando los bebés nacían, automáticamente ellas quedaban libres. Ellos eran llamados mulatos y las mujeres “signares”, que en español significa señoras. Ambos recibían privilegios, y los mulatos, por el hecho de tener su piel más blanca, entraban al negocio de la trata. Cuando los europeos se marcharon, las “signares” y los mulatos pasaron a ser la clase dominante de la isla (Atwood 48).

La casa de los esclavizados se ha convertido en una atracción para los turistas. Sin embargo, la falta de conocimiento de la tenebrosa historia ocurrida conlleva a la insensibilidad de muchos y a su vez a la falta de respeto por los ancestros. Es importante sugerir que la gente se documente antes de visitar la isla de Gorée para que la ignorancia no los haga indiferentes a los hechos allí vividos. Incontables son las veces que el guía turístico Aly, de la casa de los esclavizados, ha contado las historias ocurridas. Sin embargo, se le nota en su voz y su rostro un inmenso dolor cuando concibe su trabajo.


Estatua de un esclavo rompiendo sus cadenas como símbolo dek fin de la esclavitud. Isla Gorée.
Foto: https://viajandoimagenesysensaciones.com/2016/04/18/visita-la-isla-goree/


Bibliografía

Atwood, Roger. “The Untold Story of Gorée Island.” Archaeology, Vol. 65, No. 5. 2012.
Archaeological Institute of America.

Olivella, Manuel Zapata. Changó el gran putas. Biblioteca de literatura colombiana.
Editorial oveja negra.




La Casa de los Esclavos (Slave House) de Gorée, lugar donde los esclavos eran escondidos y encerrados como ganado. Aquí a menudo languidecieron por semanas, esperando por el barco que los llevaría a las plantaciones y talleres de las Américas.
Foto: https://www.sitesofconscience.org/es/membership/casa-de-los-esclavos-senegal/

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