Crónica – La banda sonora de las marchas

La banda sonora de las marchas
Su excelencia, señor Rap, bienvenido a las calles de Cali


Soy la cara de la madre de un falso positivo,
soy la fuerza de mi pueblo reprimido,
soy el sudor en la frente del campesino olvidado,
soy la cara del soldado mutilado

Fragmento del rap “De la cuna a la tumba”


Por: Edgard Collazos Córdoba
Escritor y profesor de la Escuela de Estudios Literarios de Univalle





Fue en una noche de 1742, en los albores de la guerra librada por Francia contra la ocupación alemana, cuando Claude Joseph Rouget de L’Isle, un oficial francés, compuso un canto de guerra destinado a alentar a los desanimados ejércitos franceses atrincherados en el Rin. Ese canto de guerra, titulado, “Chant de guerre pour L’armée du Rhin”, (Canto de guerra para los ejércitos del Rin) tenía como objetivo exaltar el ánimo patriótico de los franceses. El éxito de sus compases marciales, la clamorosa letra, la precisión de cada palabra en el significado de los combatientes, avivó la flama de amor a su patria en el corazón de cada guerrero e hizo que con el tiempo fuera un símbolo que acompañaría a los franceses en sus batallas, tanto, que Napoleón llegó a decir: “Esta música nos ahorra muchos cañones”.

La composición de Claude Joseph fue declarada como himno nacional de Francia por la Constitución del 4 de octubre de 1958, con el nombre La Marsellesa, y entre tantas cosas que significa, nos recuerda que la música no es solo acompañamientos de la danza, y que el canto y las letras son tan importantes para la exaltación del valor y el sentimiento heroico como el arma que empuñan los guerreros.

Esa tradición no es privativa de Francia. Ya en el periodo homérico la música de guerra era interpretada con la lira, o la kitharis o con los instrumentos de viento helénicos como el aulos que interpreta Femios en el palacio de Itaca o Demódoco en el palacio de Acinoo. Los griegos del periodo homérico acompañaron sus batallas al compás del rítmico címbalo, (o del jocundo címbalo, como lo bautizó Porfirio Barba Jacob cuando dijo: “tañe el jocundo címbalo”), y al son de una música marcial interpretada por un instrumento de viento llamado Salpinx, quizás el antepasado de la trompeta y de origen etrusco, transformado después en la tuba romana, un instrumento de metro y medio que sonó en las luchas del Peloponeso. También fueron famosas las tonadas guerreras en la Edad Media y las sentimos haciendo presencia en el periodo isabelino en las representaciones teatrales de la obra de Shakespeare.

La canción de guerra siempre ha estado presente en las luchas de los pueblos que se rebelan, ella va al frente y en la retaguardia, marcha entre el sudor, entre el enfrentamiento de las armas; entre la sangre y la muerte, y si los que la entonan son los perdedores, es la última en caer al lado de la bandera; y si quienes las entonan son los vencedores, ondea triunfal en las gargantas de los héroes.

También son famosas las canciones de Bob Dylan y de Jan Baes que acompañaron las manifestaciones pacifistas de los románticos hippies que protestaban contra la participación norteamericana en la guerra del Vietnam, versos que enaltecieron el sentimiento juvenil: “Where have all the flowers gone” ( a dónde se han ido todas las flores) o “Wait until the war is over/and we’re both a little older” ( esperar a que termine la guerra/ y los dos seamos un poco más viejos) creada por The Doors, y los temas del rock que hacen presencia en las centenas de películas que Hollywood ha realizado sobre las guerras de Occidente.



Famosa en toda América fue el corrido “Adelita”, compuesta y dedicada a Adela Velarde, donde se cantan sus amores con el teniente Antonio Gil, tonada convertida después en himno de la revolución mexicana.

Toca el clarín de campaña la guerra
sale el valiente guerrero a pelear
correrán los arroyos de sangre
que gobierne un tirano jamás

En nuestras luchas la música de guerra siempre ha estado presente. Se sabe que en el Puente de Boyacá, los desanimados ejércitos patriotas encontraron el furor del triunfo al compás de la Guaneña, un tema guerrero del sur andino, donde se exalta el valor de la mujer:

Guay que sí, guay que no
La guaneña al frente va
Con fusil en el hombro
Y alerta pa’ disparar

La historia nos relata que en la guerra civil de 1854, el poeta Jorge Isaacs fue encargado de hacer sonar la trompeta, y Fernando Vallejo, en El mensajero, narra que Porfirio Barba Jacob tuvo la misión de hacer sonar el himno con la trompeta en la Guerra de los Mil Días.

En las marchas de la juventud colombiana iniciadas el pasado 28 de abril, se han escuchado letras de baladas como: “Solo le pido a Dios que la guerra no mea indiferente”, o la desgarradora voz de una cantante adolescente entonando:

Todo lo incendiamos todo lo rompemos
si algún día un tombo te apaga los ojos
ya nada nos falta ya todo nos sobra
si atacan a uno respondemos todos.

En estas ya heroicas luchas, la juventud se ha acompañado con distintas tonadas, desde “Colombia tierra querida”, hasta el ska, ritmo que ha hecho presencia con el tema “Exigimos”, compuesto por la legendaria banda bogotana Doctor Krápula. Aquí unos versos de la alentadora y denunciante letra que ha repercutido en la conciencia de los jóvenes:

Exigimos respeto por la vida
Exigimos mejor educación
Exigimos la verdad en las noticias
Exigimos toda la información
Exigimos que el agua se proteja
Porque no hay nada que tenga más valor
Exigimos nueva gente en el gobierno
Y que se acabe tanta corrupción
¡Respeto! Por la montaña
Y que las selvas no se puedan ni tocar
Que devuelvan toda la tierra
Y el campesino que la vuelva a trabajar





En fin, todos los géneros han desfilado, hasta filarmónicas han interpretado aires caribes, llaneros y andinos, pero la banda sonora de las luchas del estrés callejero, la que da fuerza a la primera fila y la que marca el compás de la batalla contra el peligroso Esmad, la que truena y “marca el paso compas redoblante”, han estado a cargo del reguetón y el rap, los ritmos urbanos. El Rap, conocido como la expresión oral, el recitativo del Hip Hop, un género creado en el interior del Bronx y Harlem por afrodescendientes norteamericanos. La cultura del Hip Hop tiene cuatro ámbitos: el braking o baile; el graffiti o lo visual; el tuntablism o lo musical, y el Rap, dueño de un recitativo expresado con letras que singlan en una prosa y poesía desvalida, cuyo tema casi siempre invita a la denuncia y a la rebelión de un sistema opresivo e injusto. Esas letras crean golpes rítmicos a través de segmentos de canciones llamadas loops breaks, destinadas a enfatizar un patrón de percusión, como la más escuchada y cantada por nuestros guerreros: “De la cuna al ataúd”:

Soy la cara de la madre de un falso positivo
Soy la fuerza de mi pueblo reprimido
Soy el sudor en el frente del campesino olvidado
Soy la cara del soldado mutilado
Soy Dylan, soy Javier, soy Camilo,
Soy la piedra en la mano del estudiante
Caído en la pobreza, en el noventa porciento
De los colombianos
Soy los líderes sociales que han asesinado
Soy el profesor que lucha por sus estudiantes
Soy la mujer violada y desaparecida
Soy una rabia, soy sociedad, soy rebeldía,
Soy esclavo con más de ocho horas todos los días
Soy Simón Bolívar, soy su espada, soy la sangre fría,
Soy la voz del pueblo, soy la unión, soy la alegría
La sonrisa de mi madre, la noche y el día.
L masacre de las bananeras, la guerra de los mil días
Soy Gaitán, soy Garzón, soy el veinte de julio,
Soy la casa de cartón…

Se ha escuchado interpretada por Etnia en las calles de Cali, en Puerto Resistencia, en la Loma de la Dignidad, en las calles de Siloé, en los predios de la Universidad del Valle y en Terrón colorado, porque el Rap, en estas tierras de América del Sur encontró su nicho natural en el mundo urbano donde nació. Su recitativo a veces ahogado, a veces con ecos discontinuos, en ocho notas más bajo, ha sido recibido como un clamor poético de la rebelión de los muchachos y las chicas caleñas. No es exagerado decir que, en esta música tan nueva se siente el jocundo címbalo del que habló Barba Jacob, también el trinar de los aulos, y el redoble de la percusión que incita a no detener la marcha, cuando las despiadadas fuerzas armadas del enemigo están a pocos pasos, casi frente a frente, embozados en sus uniformes negros se ven feroces pero no cantan, los asesinos matan en silencio, no tienen dignidad para merecer un himno, solo miran la cara de nuestros jóvenes, y no escuchan cuando al frente, el redoble de la percusión triunfal del Rap vence el miedo de los cuerpos juveniles, inflama el alma, y dice al oído de los jóvenes encargados de la resistencia: ¡A LA CARGA!




Presentación de Dr. Krápula en el marco del paro nacional.
Foto: https://www.wradio.com.co/noticias/actualidad/queremos-impulsar-las-voces-de-protestas-que-hay-en-las-calles-doctor-krapula/20191128/nota/3984903.aspx


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