Crónica – El Hombre De Paja

“El Hombre De Paja”
El Encuentro De Dos Generaciones Separadas Por Más De Medio Siglo

En 1964, Fanny Buitrago a sus 21 años escribió la obra de teatro “El hombre de paja”. 56 años más tarde, dos jóvenes egresadas de Univalle ganadoras de la beca de Creación Teatral del Ministerio de Cultura, realizaron por primera vez el montaje completo de la obra. Próximas funciones: 26, 27 y 28 de marzo en el teatro La Máscara.


Por: Daniela Páez Avilés
Licenciada en Literatura





“El hombre de paja”. Estreno del 18 de enero.
Foto: Leonardo Linares.


“Antes que el sueño (o el terror) tejiera / mitologías y cosmogonías, / antes que el tiempo se acuñara en días, / el mar, el siempre mar, ya estaba y era.” La primera estrofa de este poema de Borges me recuerda las palabras de la escritora barranquillera Fanny Buitrago acerca de su relación con la literatura: “La literatura para mí es como el mar; está conmigo desde que tengo memoria”. El mar la vio nacer en 1943 y, a pesar de haberse alejado de sus orillas a muy temprana edad para irse a vivir a Cali con su familia, Fanny Buitrago lleva consigo el sentido primigenio dador de vida de este antiguo ser que es “abismo y resplandor y azar y viento” a la vez. El mar como madre y la literatura misma como diosa creadora la acompañaron en sus asiduas lecturas de infancia y en el deseo permanente de la autora por escribir las historias que ella ha querido leer.

Como todo elemento simbólico, esa literatura que tiene la trascendencia del mar se ha colado hasta las raíces de sus mundos oníricos. Fanny Buitrago cuenta que cuando tenía 21 años comenzó a soñar con ahorcados. “Me despertaba vuelta nada”, y fueron la incertidumbre y desazón de estos sueños las primeras semillas de la escritura de la obra que la hizo merecedora del Premio Nacional de Teatro de Cali, en 1964: “El hombre de paja”.

La historia se ubica en Ópalo adonde un escritor de fama momentánea ha llegado a recuperar, en medio de la placidez del campo, su inspiración. Contrario a lo que él espera, el miedo comienza a expandirse silenciosa y rápidamente entre los habitantes del pueblo a partir de tres presencias inesperadas: un hombre de paja colgado en el único árbol de la plaza, una niña que de día y de noche lo acompaña, y un hombre extraño, vestido igual que el espantapájaros ahorcado, del que nadie conoce su verdadera procedencia. La perspectiva “lógica” del escritor, se contrapone a la “irracional” de los originarios cuya desesperación creciente los irá transformando al intentar escapar en vano. El hombre de paja, tal y como funciona en la falacia argumentativa, se postula como un símbolo de la violencia que, en algún momento, (nadie sabe cuándo), se dirigirá hacia su verdadero objetivo: el pueblo.



Dalia Jimena Velasco. Codirectora del montaje de “El hombre de paja”.


54 años después del nacimiento de la obra, tuvo lugar en Cali el Festival de Dramaturgia Femenina FEDRA, en donde, además de presentaciones de obras teatrales y talleres, también hubo espacio para la investigación. Allí fue donde dos mujeres jóvenes interesadas en aprender más sobre la historia del teatro y la dramaturgia femenina en Cali se encontraron: Mayo Soto, actriz de la Licenciatura en Arte dramático y Dalia Jimena Velasco, licenciada en Literatura, ambas egresadas de la Universidad del Valle.

Aunque Fanny Buitrago no fuera caleña, figuraba en las mesas de disertación de la dramaturgia femenina de Cali en el festival debido al premio galardonado años atrás. Tanto a Mayo como a Dalia les impresionó, por un lado, descubrir que hacía tantos años una mujer siendo tan joven hubiera escrito una obra de teatro sobre la violencia sin estar representada de manera directa, sino casi poética, a través de la imagen simbólica de un hombre de paja. Y, por otro lado, en palabras de Dalia, “porque era un texto que no aparecía registrado dentro del canon del teatro de la violencia en Colombia”. Lo que menciona la codirectora del montaje cobra relevancia cuando “descubrimos” a una autora que, a pesar de haber producido una obra literaria vasta, entre cuentos, ensayos, novelas y obras de teatro, resulta desconocida por la generación más joven de lectores.

Una vez terminado el festival, Mayo y Dalia decidieron unir sus esfuerzos para continuar la investigación sobre la escritora y “El hombre de paja”. La idea de emprender el montaje no fue inmediata. En un principio, debido a la distancia generacional con la obra, consideraron importante aproximarse al contexto de la violencia en Colombia por medio de textos históricos y, así, captar varios de sus referentes. Participar en la beca de Creación Teatral del Ministerio de Cultura vino después.

En la entrevista realizada a las directoras, Mayo mencionó cómo el apoyo de la profesora e investigadora Ana María Gómez fue decisivo para dar ese paso: “En ese momento teníamos un montón de cosas a nivel personal (refiriéndose a Dalia y a ella) y no estábamos seguras de si teníamos el tiempo suficiente para hacer el proyecto y participar. A la final, Ana nos dio el empujón que necesitábamos. Participamos en la convocatoria en junio del 2019 y en agosto tuvimos noticia de los resultados. No nos la creíamos: habíamos ganado.”

Lo que siguió fueron cuatro meses y medio de trabajo arduo. Fanny Buitrago recibió con gran entusiasmo la noticia de las ganadoras y el diálogo con ella les permitió a estas confrontar sus lecturas de la obra, analizar mejor su estructura, sus acciones dramáticas y su desarrollo cuadro por cuadro. Luego vino el trabajo con los actores. En esto, cuentan, tuvieron varios altibajos, pues del grupo constituido en septiembre, dos actores se retiraron cuando ya tenían un trabajo de mesa consolidado. Finalmente, el cuerpo actoral se compuso por: Emmanuel Wagner, Eliana Cruz, Gabriela Navia, Mayo Soto, José Osorio y Sebastián Torres, todos formados en la Licenciatura en Arte dramático de la Universidad del Valle.



“El hombre de paja”. Estreno del 18 de enero.
Foto: Leonardo Linares.


Dalia menciona que otro de los retos fue el texto dramático mismo debido su extensión y pesadez. En un principio, agregó, tal vez por nuestra inexperiencia temimos intervenir en el texto de una escritora reconocida, aunque ella fue abierta a la posibilidad de realizar modificaciones. Sin embargo, en el proceso del montaje nos dimos cuenta de que sí o sí debíamos intervenir para que todo saliera bien.

De esta necesidad de añadir ritmo y dinamizar el montaje surgió un trabajo colectivo grandioso del que las directoras se muestran muy agradecidas. A fin de representar la indivisibilidad de los mundos que propone la obra, fueron esenciales la asesoría luminotécnica de Robinson Achinte y de Julián Fernández, así como el diseño de la escenografía a cargo del colectivo La isla en vela, lo cual dio como resultado un juego sorprendente de luces y sombras. De igual manera, es destacable el trabajo musical de Nicole Rebolledo, con asistencia de Felipe Álvarez, ya que, gracias a este, se añadió mayor profundidad y tensión a la atmósfera de violencia asfixiante que propone Fanny Buitrago en su obra. La familia de Dalia también participó en el proceso: su madre, María Nefer Muñoz, en la confección de gran parte del vestuario y del telón, y sus hermanos, Ingrid Velasco, en la asesoría coreográfica, y Darshi Velasco, en el trabajo de edición de las grabaciones en video. Por último, ambas directoras coincidieron en que el montaje no habría podido llevarse a cabo en el tiempo necesario sin el importante trabajo de producción de Juan Camilo Muñoz.

Finalmente, el 18 de enero fue el estreno del montaje en el teatro La Máscara. La recepción del público fue variada y positiva en general: “Varias personas nos dijeron que la historia los había estremecido y que les había gustado el tratamiento que se le había dado a través de las imágenes en las coreografías y en las luces y sombras; otros nos hicieron algunas revisiones sobre la caracterización de los personajes.” Las directoras recibieron bien todos estos comentarios, pues, aunque consideran que los resultados del montaje fueron óptimos, saben que, dada su poca experiencia y el corto tiempo de trabajo, todavía quedan elementos por mejorar en las siguientes funciones de marzo: la acentuación de la “extrañeza” en la obra, la profundidad de los personajes y el sentido atemporal y omnipresente la violencia.

De esta aproximación entre una obra relegada a la periferia por el canon del teatro de la violencia en Colombia y el trabajo de montaje dirigido por dos mujeres ingeniosas, es relevante la conexión entre dos generaciones de artistas jóvenes separadas temporalmente por más de medio siglo. Por un lado, Fanny Buitrago de 21 años quien, a partir de sus pesadillas con ahorcados, da luz a una obra de teatro simbólica sobre la violencia de su época y, por otro, dos jóvenes de siglo XXI, también en sus veintes, que no solo conectan con la autora y su obra por el asombro o por el despertar creativo, sino, además, por el interés hacia el gran tema que ésta última simboliza: una violencia sin límites temporales ni espaciales que amenaza con destruirlo todo.

Las directoras concluyeron que el proceso del montaje les permitió a ambas reconocer la necesidad de arriesgarse y de “aprender haciendo”, al replantearse los alcances de una obra con posibilidades de despertar interrogantes significativos en el público. Pero, sobre todo, a considerar el camino a elegir en su carrera como artistas. El montaje cuenta con perfil en Instagram, hombredepaja.col, y página en Facebook, El Hombre de Paja.




Mayo Soto. Codirectora del montaje de “El hombre de paja”.

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