Crónica

Doña Amanda
La mujer detrás de la escultura

Esta es la historia de la mujer detrás de una obra. Una mujer que levantó su casa, sus hijos y su propia historia con la venta de chontaduro. Una mujer anónima detrás de una de las esculturas más emblemáticas de la ciudad de Cali.


Por: Óscar Hembert Moreno Leyva
Licenciado en Historia, diletante director de cine y fotógrafo




Escultura “La Negra del Chontaduro”, ubicada en el Hotel Dann Carlton, Cali.
Foto: Óscar Hembert Moreno Leyva


Falta un chontaduro, corre el mito que alguien se lo robó, nadie sabe en realidad cuántos tenía en el platón. Tiene los rasgos muy finos, no parece negra de verdad, critican algunos al ver su rostro de bronce. Pero hay un rasgo particular que casi nadie conoce, la historia detrás de la mujer que posó sin saber, que su imagen acompañaría por más de una década la piscina de un club y que luego, después de vivir en el completo olvido en una bodega, terminó viendo cómo entran y salen los clientes de un hotel de la ciudad. Esta es la historia de Doña María Amanda Hurtado, la chocoana que vendía chontaduros al frente del club san Fernando y que hoy es una efigie más de la ciudad.

Condoto, Pequeñito lugar que tanto extraño, Que vio crecer mi infancia paso a paso, Entre tus calles viejas de arenas y barro… Doña Amanda nació el 16 de junio de 1939 en esta lluviosa ciudad del departamento del Chocó. Su padre, Juan Bautista Lozano y su madre, Rita María Aguilar, con esfuerzo le dieron la primaria, no mucha gente consigue hacer el bachillerato, por ello debía trabajar, con recién cumplidos 15 años se fue a Medellín a hacer aseo en casas de familias. A los pocos años regresó a Condoto para ser, una de las miles de bateadoras de la región. Entre oro y platino, recogían las migajas que las compañías mineras les dejaban.

Doña María Amanda Hurtado, la vendedora de chontaduro que vivirá por siempre inmortalizada en una estatua.
Foto: Óscar Hembert Moreno Leyva.


En el río Condoto funcionó desde 1916 y hasta 1974 la Compañía Minera Chocó Pacífico, La Compañía perteneció a la International Minning Corporation, la cual también era dueña o accionista mayoritaria de la Pato Consolidated Gold Dredging, de la Frontino Gold Mines y de la Compañía Minera de Nariño. Este conglomerado de empresas controlaba la producción nacional de oro. A pesar de esta posición dominante, las cosas no resultaron bien para las compañías, pues su producción aurífera empezó a decrecer. Para finales de los años setenta, las empresas ya no eran las grandes corporaciones de la primera mitad del siglo XX. La relación de este sistema de propiedad territorial y con la expansión de la frontera extractiva por cuenta de foráneos, aumentó las tensiones en el interior de los diferentes grupos sociales de la región.

Con 20 años de edad, Doña Amanda dejó sus dos pequeños hijos al cuidado de su familia. Tuvo que salir de su natural Condoto para ir a probar suerte en Cali. Trabajó en diferentes oficios para conseguir poco a poco el dinero suficiente para armar su rancho, y por supuesto, poder mandar a traer sus hijos. Un día su vecina y amiga, Mireya, le enseñó los secretos de cocinar el chontaduro, fruto original del pacífico colombiano y típico de los caleños. Comenzó a vender por primera vez a Puerto Chontaduro (Parque del Chontaduro), en la Calle 34 con Carrera Quinta, por el parque del avión, ahí se daban cita los chontadureros del Pacífico para vender sus productos, tradición que hoy mantienen en ese mismo lugar.

La negra pide plaza. Archivo del Patrimonio Fotográfico y Fílmico del Valle del Cauca, Biblioteca Departamental.
Foto: http://hdl.handle.net/123456789/72510


Doña Amanda comenzó comprando unos algunos racimos, los lavó y cocinó en casa, caminó siempre al parque todos los días para venderlos chuspiados con sal y miel. Su pequeño rancho fue creciendo ladrillo a ladrillo, en un lote que le habían adjudicado por parte de Invicali, fue construyendo su hogar en el barrio El Vergel, (Distrito de Aguablanca), al oriente de Cali. Por esas fechas, una amiga, también chontadurera, le pidió que le ayudara a vender sus productos afuera del Hospital Departamental, justo al frente del Club San Fernando. Como su negocio iba creciendo decidió comprar un platón mas grande y sin proponérselo su sonrisa conquistó al publico caleño, su fama le permitió continuar en ese mismo lugar, en las escaleras que dan hacia la calle quinta, pese a la medida tomada por aquel entonces para desalojar a todos los vendedores ambulantes que había en la zona. Hubo movilizaciones y recolección de firmas para proteger la permanencia de Doña Amanda. Y se quedó. A comienzos de la década del 80, doña Amanda conocida por vender chontaduro, consiguió traer a sus hijos de Condoto, tenerles un techo y por supuesto darles parte del estudio.

A sus 50 años, doña Amanda con su platón y canasto, sonríe, pela sus chontaduros, cubre su cabeza con una pequeña pañoleta, vuela por el mundo, por miles de ciudades lleva mensajes, besos y abrazos, palabras van y vienen en diferentes idiomas, postales de la mujer que comienza a ser anónima, pero al mismo tiempo es reconocida, como la negra, la mujer del chontaduro, como Doña. Fabio Rodríguez González, presidente del Club San Fernando y director de la Cámara de Comercio, se empeñó en que el Club le regalara a Cali un símbolo de la región. La idea nació en 1991 para celebrar el cumpleaños número 50 del Club San Fernando. Fabio y los socios eligieron a la artista caleña Alicia Tafur, maestra y gestora cultural, quien ha moldeado desde los años sesenta una variedad de obras de reconocimiento internacional.

Alicia entrevistó y fotografió a varias chontadureras, moldeó varios bocetos en arcilla hasta darle forma al concepto final, La Negra del Chontaduro, que rememora el Pacífico colombiano. Con 1.700 kilos de peso, fue fundida en bronce por Rafael Franco, gracias a la donación, por parte del ejército, de 900 kilos de casquillos de balas proveniente de polígonos de tiro y demás objetos de bronce que obtuvo el comité juvenil del Club San Fernando.

Doña Amanda y el presidente del club san Fernando caminaron juntos en una pequeña caravana que se extendió a lo largo de la calle 5a y que culminó en la iglesia de “La Ermita”. La “Negra del chontaduro”, se ubicó al lado de la piscina del Club. Ahí estuvo por más de una década hasta el momento de la extinción de dominio y demolición del club en el año 2009, cuando la Fiscalía General de la Nación realizó una ardua investigación al demostrar que este lugar fue vendido a Bernardo Pinzón Rivera, un hombre que se mostró como un empresario y que luego las autoridades indicaron que tenía estrechos vínculos con el narcotráfico.

La Negra del chontaduro, tuvo un viacrucis por varios lugares de la ciudad. La Administración municipal de entonces no le encontraba un sitio, se hacían foros para determinar cuál era el mejor lugar donde exhibirla, pero no llegaron a ningún acuerdo. Hubo diferentes propuestas, como ponerla en Puerto Chontaduro, ahí los vendedores querían que ella representara la esencia misma del parque, pero otros empresarios propusieron llevarla al Centro de Eventos Valle del Pacífico y hasta hubo quien dijo de llevarla a Medellín. Este ícono de la cultura del Pacífico permaneció oculta en una bodega del barrio Santa Elena, bajo la promesa de tener su propia plazoleta.

Doña María Amanda Hurtado.
Foto: Archivo Familia Hurtado.


Años de espera, hoy La negra del chontaduro, se encuentra frente el Hotel Dann Carlton de la ciudad de Cali por la avenida del rio, se conserva anónima, sin plaza y sin quien realmente la admire o llegue a saber su historia. La negra terminó sola al frente de un hotel, y doña Amanda parece ser, nunca recibió dinero por la escultura, aún con desfile y postal incluida. Hoy doña Amanda se sienta todas la mañana al lado de la ventana, mira y conversa con algunos de sus vecinos, su memoria a veces parece jugarle malos ratos, sus hijos la acompañan, sus nietos la visitan con gusto, curiosamente uno de sus nietos es artista plástico de la Universidad del Valle, quien siempre que pasa por el hotel o por el Vergel, mira a su abuela, a la representación de su abuela, a la señora que levantó a su familia vendiendo chontaduro, la mujer que con nostalgia habla de su pasado, de su hogar y de Condoto.

Condoto, Quizás alguna vez vuelva contigo, Volver a tus esquinas en corrillos, Entre comentarios y anécdotas de niño, Te llevo aquí en mi pecho no te olvido…

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