Crónica – Cali y el museo de Salsa más antiguo del mundo

Cali y el museo de Salsa más antiguo del mundo

Desde 1968, en el corazón del barrio Obrero arranca un viaje alrededor de la historia fotográfica de la Salsa, y con ello, el nacimiento del museo más antiguo en su género. Ubicado en la carrera 11B entre calles 24 y 25, alberga la colección de escenas y rostros de una tradición musical que sigue vigente, brindando un espacio a los nuevos talentos y propuestas que buscan incursionar en la ciudad.


Por: John Alexander López
Estudiante de Filosofía
Univalle




Museo de la Salsa. La casa del melómano. Barrio Obrero, Cali.
Foto: https://bit.ly/3yvKPDN


Las pocas veces que vi llegar a don Carlos Alfredo Molina, lo hacía de manera ceremoniosa, descendiendo por la puerta lateral del segundo piso de su casa, cruzando la acera adornada con dos pequeños y frágiles ramas de árbol sostenidas por un palo. Zapatos de charol y pantalones de lino blanco. La presencia y porte del bailador de vieja guardia, de los que saborean la pista y el milímetro de cada baldosa con el paladar de sus pies.

En la entrada, una modesta vitrina con gorras, agendas y demás souvenirs, en el salón principal, las imágenes de Marvin Santiago, Gilberto Santa Rosa y varios rostros anclados a las paredes custodiando las mesas y la pista central enchapada en blanco y negro. Cada foto trae consigo una historia, el retrato y semblante del músico que desborda las tarimas y la intimidad insospechada cuando se acaba la función, cuando la confianza se desenvuelve en tragos, risas y autógrafos.

En el Museo de la Salsa hay mil quinientas historias detenidas y unas trescientas mil inéditas que permanecen guardadas en rollos sin revelar. Historias de sonrisas, gestos y sudores de generaciones musicales que desfilaron por la pequeña puerta pintada de colores y corcheas.

Comenzó con la complicidad de su hermano Armando, quien lo dejaba meterse a los ensayos y presentaciones de los músicos, seguirlos a todos lados y estar tan cerca de ellos como una sombra infatigable. Armando era la mano derecha de Daniel Santos y alcahueta de Piper Pimienta. Carlos escudriñaba en los sonidos y notas de una pasión que lo marcaría de por vida. Con la afición empírica de su pequeña cámara erigiría en su casa una de las memorias fotográficas más grandes de la ciudad y del mundo.

En el mundo solo existen tres museos de este tipo: uno en nueva York con diecinueve años de existencia; otro en Puerto Rico con veintiséis años, que sigue en reconstrucción luego de sufrir el paso del huracán María en el 2017, y otro en Cali durante cincuenta y tres años, el Museo de la Salsa, ubicado en el entrañable barrio Obrero que acogió a varios músicos y fue testigo de momentos que dejaron su impronta mediante la foto del recuerdo. Desde hace cinco años, de la mano de Carlos Molina, su hijo, asumiendo el legado vigente con compromiso y sabor, amplió sus horizontes para convertir esta institución museográfica en un motor de apoyo para toda clase de iniciativas que converjan alrededor de la salsa. Desde lanzamientos de libros, conversatorios, e incluso la puesta de bafles y tarimas para difundir en vivo los sonidos de las agrupaciones locales que sufrían los embates de la recesión económica producto de la pandemia.

“La calle de la Salsa” reunió a más de catorce orquestas como una forma de reactivación económica y cultural, tocando en pavimento raso al mejor estilo de las bandas neoyorquinas de los 70 y el ambiente del barrio latino. Conquistando esquinas, aceras y despertando el interés desprevenido de una ciudad como Cali, que siendo considerada como “capital mundial de la Salsa”, el apoyo que refleja a los músicos de su propia tierra llega con aire de resonancia hueca. Una ironía que señala Carlos frente a la poca gestión por parte de la burocracia caleña y de las formas que él ha recurrido para correr con los gastos del local, como pagar el recibo de los servicios públicos a punta de rifas.

Aun así, llegan locales y turistas hambrientos de curiosidad, algunos preguntan por las fotos y la partitura original de “Mi desengaño”, otros observan las gorras, las chaquetas bordadas con los nombres de famosos salseros que cuelgan sobre la barra, la boquilla del trombón de “Cuto” Soto, o los vasos en los que el mismo Tito Puente tomaba agua, y que ahora permanecen en una vitrina junto a demás objetos donados que un guía explica dimensionando su valor histórico y emocional.

En el barrio Obrero hay mil quinientas historias detenidas de Salsa, una memoria fotográfica que un museo custodia, retratos de un patrimonio musical que sigue creciendo con cada melómano que se acerque a sus notas e imágenes de fervoroso ritmo.




Zapatos Capricho. Carlos Molina, año 1975. Costo: $1.800.
Foto: Julio César Pino Agudelo.

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