Crónica – Al ritmo de los siete colores gritamos: “¡Por 50 años de lucha e igualdad!”

Al ritmo de los siete colores gritamos:
“¡Por 50 años de lucha e igualdad!”

Los caleños marcharon al unísono por la reivindicación de la diversidad sexual, rechazando actos de discriminación y vulneración de derechos fundamentales, conmemorando los 50 años desde la primera manifestación LGBTI+, donde todos y todas pueden encontrar un canal de difusión para una sola voz que exige lo mismo; respeto, igualdad y reconocimiento.


Por: Seb M Coronnel
Estudiante de Lic. en Literatura




Foto: La Palabra


El pasado 29 de junio más de 15000 personas cumplieron la cita en el parque de las banderas, lugar de esparcimiento icónico de la ciudad. Tenían como objetivo, movilizarse por las principales calles en el marco de la celebración del orgullo gay. Asignada la meca de encuentro, los asistentes a la marcha llegaron alrededor de las tres de la tarde. El parque no demoró en llenarse de colores, banderas, listones, globos e incluso enormes pancartas con las leyendas proclamando derechos. Las diferencias sociales no tuvieron cabida, fue el inicio de una tarde donde todos los ciudadanos se saludaban fraternalmente. Vendedores de todos los tipos ofrecían puntos de hidratación. Comidas rápidas y los clásicos ambulantes con chicles y cigarrillos. Los asistentes iban en grupos variopintos, chicos con pelucas de colores y chicas portando los sietes colores en alguna prenda. Tampoco faltaron los parches de muchachos sentados en círculo riendo y gozando de la atmósfera carnavalesca que empezaba a elevarse.

Este año la comunidad LGBTI+ cumple 50 años de lucha por unos derechos que a ojos de muchos siguen siendo atropellados. Alrededor del mundo, en las miles de ciudades donde la comunidad consta con representación, se llevó a cabo la celebración de mitad de siglo en memoria de los sucesos ocurridos hace cincuenta años, el 28 de junio de 1969, en StoneWall, un pequeño bar de Nueva York (Estados Unidos). Ese día, un grupo de mujeres trans y de personas homosexuales, cansadas del hostigamiento de la fuerza pública, decidieron enfrentarse a la violencia de la que eran víctimas, desatando una oleada de actos vandálicos y de revueltas colectivas. Desde entonces, un día al año a finales junio o principios de julio las personas LGBTI+ de todo el globo y todas aquellas que, independiente de su orientación sexual e identidad de género celebran la diversidad, deciden salir a las calles de cada vez más ciudades para recordar al ritmo de música, colores y alegría que están presentes en la sociedad y merecen los mismos derechos.

Con el paso de los minutos, la gente se empezó a aglomerarse hacía el costado de la calle quinta, en la esquina después de la estación de M.I.O Estadio. Una por una, las carrozas y caravanas se afilaban en medio de mares de gente la cual, banderas en mano y toda la energía, comenzaban a bailar siguiendo los pasos de la música electrónica o “guaracha”, género musical emergente característico de las discotecas LGBTI+. Se escuchaba la muchedumbre que con cada canción nueva los gritos y la euforia eran mayores. Un cuarto de hora y todas las comparsas estaban listas para arrancar en medio del júbilo de toda una comunidad. Los promotores y los organizadores vociferaban, remates, fiestas y parches para seguir celebrando entrada la noche. De un momento a otro, dieron inicio a la pasarela. Al unísono el corazón de los caleños y extranjeros bailaban, gritaban, corrían y saltaban. El tráfico de la ciudad tuvo que poner pausa a su avance y abrir paso a la muchedumbre multicolor. Una invasión de alegría y de júbilo, donde cada uno de los asistentes reivindica su ideología desde su propia perspectiva, o esa parece ser la respuesta al conflicto que afecta a gran parte de la comunidad LGBTI+.


Más de 15 mil personas se movilizaron el pasado domingo 29 de junio 2019 en la Marcha del Orgullo LGBTI+ en Cali.
Foto: Seb M Coronnel.


Muchos miembros que se reconocen a sí mismos como integrantes de la comunidad LGBTI+ demandan ante la sociedad su inconformidad acerca del trato y las relaciones sociales que se establecen a partir de manifestaciones como la marcha LGBTI+. Estos miembros expresan su descontento con la imagen y el concepto de respeto, aludiendo al hecho de considerar el acto no como una protesta que busca recordar a los ciudadanos la presencia y validez de la comunidad, sino un llamado a la intolerancia y a la falta de escrúpulos que al final fomentan, en mayor medida, la discriminación y el rechazo. “Se ha perdido mucho lo que es una marcha por los derechos”. Comenta Jefferson Tabares, auxiliar contable de 29 años quien había asistido al final del encuentro, el cual desembocó en las horas de la noche en la plazoleta de San Francisco, en gobernación del Valle del Cauca. “Se volvió más como una práctica exhibicionista” concluye con una sonrisa, luego con un apretón de manos se despide para continuar con las actividades culturales que estuvieron programadas para el final de la jornada.

Opiniones similares a esta arremeten con la ideología y el concepto que se tiene de “Marcha”. Si bien las características apuntan a lo culturalmente aceptado (de los movimientos pop), cada vez son más los miembros que perciben la falta de un ingrediente clave. Es aquí donde se puede percibir las rupturas entre los contextos privilegiados y las personas que viven, día a día, bajo el yugo de la discriminación o el abuso por parte de las mayorías. Como es el caso de Lina y Mariana, dos chicas de 16 años que se reconocen y hace parte de la comunidad LGBTI+. Ellas denuncian el abuso por parte de las directivas de su institución educativa. “No son nuestros compañeritos los que nos hacen bullying, son los coordinadores y los profesores”. Exponiendo la razón por la cual acuden a la marcha, ambas se alejan tomadas de la mano, alegres de poder tener un espacio donde expresarse y festejar su año y medio de relación sentimental. Son muchos los testimonios que dan cuenta de la relación entre contexto social y educación con respecto al tema.

Debido a esto, muchos hombres y mujeres homosexuales no se sienten identificados con lo que promueve el resto de la comunidad. “El respeto empieza por uno mismo, yo no puedo exigir respeto si salgo en calzones a la calle”. Opinión de un transeúnte que avistaba la marcha desde lejos. “No todos los hombres gays somos como lo que ellos representan en la marcha”. A pesar de esto, los participantes continuaron su camino celebrando y sin importar el aguacero que empapó las calles de Santiago de Cali alrededor de las cinco de la tarde. La ruta que se diseñó para el encuentro de este año siguió rumbo sur-norte, por toda la calle quinta hasta la carrera 39. Luego, se direccionó hasta entrar en la calle novena para al final, atravesar la carrera 15, de cara a la iglesia de San Pascual y terminar con una fiesta de magnitudes estratosféricas en la sede de la gobernación Vallecaucana.


Marcha del Orgullo LGBTI+ a la altura de la estación de MIO Estadio, primeras cuadras del trayecto.
Foto: Seb M Coronnel.


Si bien la marcha transcurrió con el orden y logística que se esperaba, con respeto por parte del resto de los ciudadanos ajenos a la actividad. Seguridad se vio reforzada gracias a los patrulleros y ambulancias con puntos de hidratación. Los representantes de derechos humanos estuvieron presentes ayudando a los participantes a no salirse de los carriles asignados, aportando a la no obstrucción de la movilidad caleña. En conclusión, los residentes de las áreas por donde la marcha tuvo cabida entregaron el mayor respeto y tolerancia, lo cual es de importancia resaltar. Es una lástima que este tipo de expresiones no sean reconocidas con igual valor en otras partes del país. Días anteriores a la marcha, se reportó un suceso bastante alarmante en la ciudad de Medellín. Un grupo de civiles se organizó para bajar, destrozar y quemar la bandera LGBTI+, la cual había sido izada en una de las astas del parque temático “Pueblito Paisa” en honor al mes del orgullo LGBTI+. Este acto tuvo repercusiones a nivel nacional, convirtiéndose en uno los principales leit motifs de muchos de los asistentes a las marchas que se celebraron en todo el territorio colombiano. “Aún hay muchas representaciones de odio o violencia hacia nosotros”. Es la opinión que compartió Donney Eduardo Cardona Upegui, periodista de la Universidad de Antioquia, quien se reconoce como persona Queer o persona no binaria. “Por eso nosotros mismos tenemos que venir y alzar la voz, defender nuestros derechos; así sea a punta de guaracha y pluma”. Donney apunta que, a pesar de los prejuicios, a su parecer la sociedad cada vez se muestra abierta hacia las representaciones culturales. “Los maricas se han relajado un poco, antes los mismos chicos juzgaban el participar en una marcha, una boleta”.

No obstante, a los ojos de muchos integrantes de la comunidad LGBTI+, la capital del Valle es una ciudad cálida, amable y vivaz. Lo cual permite que muchos hombres, mujeres, trans y queers puedan sentirse acogidos entre las calles de Santiago de Cali. “No, nunca me han discriminado, ni en la calle ni en el trabajo” exclama Johan Montoya, asesor empresarial de 40 años. “La orientación sexual es un estado de conciencia, no es una elección es un estado donde soy un ser que ama a otro ser, independiente de qué sea”. Él y su grupo de amigos (todos integrantes de la comunidad) reconocen los espacios, tanto laborales como públicos donde el respeto propio funda la imagen que la sociedad expresa hacia los individuos. “Estas marchas son muy importantes porque ayudan a visibilizar el movimiento y a romper con la estigmatización del resto de la ciudad” comenta Manuela Jiménez, mujer cisgénero y estudiante de economía de la Universidad Javeriana de Cali. Chicas como ella apoyan las causas sin importar que no estén directamente relacionadas con su contexto. “Falta mucho, pero ya hay un avance, y esta ciudad ofrece muchos espacios para todos” Complementa la opinión de Santiago Lazo, un profesor universitario el cual se reconoce como hombre heterosexual quien señala: “Yo no puedo tener una opinión en específico, para mi es igual de normal a cualquier tipo de relación. Hace parte de la condición humana y es a ese punto que toda la sociedad debe y puede llegar, yo apoyo y reconozco a todos, todos somos iguales y tal vez en unos 10 o 20 años todos logren pensar así, todo se funda a partir del respeto”.




Carroza a ritmo de música electrónica y “guaracha”, géneros emergentes de las discotecas LGBTI+.
Foto: La Palabra

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