Crítica – Olga, una novela de Bernhard Schlink

Olga, una novela de Bernhard Schlink


Título: Olga (novela)
Autor: Bernhard Schlink
Anagrama, 2018
256 páginas

Por: Edgard Collazos Córdoba





Foto: https://www.anagrama-ed.es/libro/panorama-de-narrativas/olga/9788433980397/PN_1006


El escritor alemán Bernhard Schlink, ha escrito Olga, una novela sobre la grandeza y la individualidad en el ámbito de las relaciones humanas, sin que medien entre los hechos novelísticos elementos numinosos o divinos de la tradición germánica.

Schlink es un virtuoso en lograr vínculos metafóricos entre la naturaleza y el carácter de los personajes; en remover problemas morales nacidos entre la culpa y la responsabilidad; es hábil en mostrar que hay un largo y sinuoso trecho entre la justicia y el derecho, y lo es por ser heredero de la mejor tradición de la novela alemana, aunque Borges en su ensayo sobre León Feuchtwanger, lo niega, declarando: “Alemania tan rica en organizadores de la metafísica, en poetas líricos, en eruditos, en profetas y en traductores, es notoriamente pobre en novelas”. Siento esta vez disentir del maestro, y enumerar, para la convicción del lector, a novelistas de la mejor estirpe, como Thomas Mann, Herta Muller, Herman Hesse, Gunter Grass, Johan Wolfang Goethe, Heinrich Boll, Hans Fallada y el mismo Feuchtwanger, que él prologa y admira.

Bernhard Schlink ascendió a la fama universal en 1995 con su novela El lector (Der Vorleser), donde se narra los amores de un adolescente con una mujer mayor. La narración no adolece de descripciones eróticas ni de pormenores sociales de la época del fascismo. No entraremos en esta corta nota en las bondades de este libro debelador, nos basta con decir que, a solo dos años de la primera edición, la novela estaba traducida a treinta y nueve idiomas y arrasó con los premios literarios más prestigiosos de Europa. En el 2008, el director británico Stephen Daldry hizo una memorable adaptación al cine. Desde esa época, Bernhard Schlink abandonó su primera temática de juventud, había publicado novelas detectivescas con la creación de un personaje llamado Selb (una alusión a sí mismo) y luego publicó con renovado éxito, dos colecciones de cuentos tituladas Amores en fuga y Mentiras de verano, donde se puede apreciar el interés por su nueva temática que lo conducirá a incursionar en narraciones donde los personajes son mujeres enfrentadas no solo a las adversidades del tiempo y de la naturaleza, como también a las contrariedades del sistema social.

Hace cinco años nos sorprendió a sus lectores con la magistral novela titulada Mujer bajando una escalera, narración cuya génesis es una pintura del artista y ajedrecista francés Marcel Duchamp (1887- 1968), precursor del dadaísmo, aunque Bernahard Schlink ha declarado que se inspiró en la versión que Gerhard Richter hizo de la original. La historia es la siguiente: Irene, la modelo del cuadro, está separada de su esposo Peter Gunlach y vive con el pintor Karl Schwind. Karl desea recuperar su obra de arte y Peter a Irene. En el litigio y la disputa deciden contratar a un mediador, un abogado joven perteneciente a una prestigiosa firma y este se deja seducir de Irene, quien lo llama “Mi caballero valiente”. Irene, consciente de que el abogado ha perdido la voluntad por ella, se idea una jugada magistral: engañar a Karl y a Peter y escaparse con la obra de arte. Al igual que en El lector, también hay una separación y un reencuentro a través de los años y eso permite que la historia hunda sus raíces en temas como el derecho, la ética, las ilusiones y el desencanto, tanto en el amor como en la muerte.

Para fortuna de los que gustan de la buena literatura, ahora Bernhard Schlink publicó Olga, una novela altamente dramática, anclada en el espíritu alemán nacido del influjo de la ideología colonialista de Bismark.

La historia es la siguiente: Olga nace a finales del siglo XIX en la parte este del Imperio Alemán. Sus padres mueren cuando ella es apenas una niña, y es criada por su abuela, de quien hereda la miseria material. Aun así, la niña tiene altos objetivos trazados en su vida y es dueña de hábitos diferentes como la lectura. Cierto día conoce a Herbert, un joven hijo de terratenientes aburguesados, de quien se enamora y es correspondida, pero ese amor es obstaculizado por la hermana de Herbert, quien no permite ni acepta que su hermano se case con una eslava.
Quizás una de las virtudes estilísticas de esta obra, son las afinidades que hay entre la concepción del género novela y la técnica del drama, un linaje que parecía haberse extraviado en la literatura universal desde la época de Dostoievski, donde la técnica y la metafísica son aspectos de la totalidad de la obra.

Olga expresa el conflicto permanente que en nuestro tiempo conforma la discrepancia entre individuo y sociedad. Su experiencia amorosa, su desasosiego y su pensamiento, sacan a relucir las grietas profundas entre el yo y el mundo imperfecto que nos circunda; también es la expresión de una subjetividad o de una experiencia vivida en la imaginación, un hecho transferible a partir de vivencias particulares.

Para nosotros, lectores modernos, abocados por las supersticiones del éxito, el lucro, el triunfo y el fracaso, Olga es un ejemplo de vida, de resistencia ante un mundo que nos deteriora y se deteriora constantemente, porque sus páginas nos enseñan que el sufrimiento no tiene justificación y no puede explicarse en términos de justicia ni en ningún termino que nuestras ilusiones estimen satisfactorio.

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