Crítica – Mo Yan: “No Hables”

Mo Yan:
“No Hables”

El Nobel que en la aparente contradicción de su inagotable afluente literario ha logrado transformar la visión de China al mundo.


Título: “La República del vino”
Autor: Mo Yan
Kailas, 2013
451 páginas

Por: Daniela Páez Avilés
Licenciada en Literatura





Mo Yan, Nobel de literatura 2012.
Foto: https://culto.latercera.com/2019/08/02/mundo-literario-mo-yan/


Ding Gouer ha llegado finalmente a su destino: la Tierra del Vino y de los Licores. Contrario a lo que podría pensarse a partir del nombre del lugar, el propósito de Ding no es la diversión, sino el enorme peso de investigar un posible caso de canibalismo. El vaho de los diversos y casi infinitos licores que allí se producen envuelven la totalidad del espacio, y en un aura mística y fantástica en la que solo hay cabida para los excesos, la lujuria y el delirio. ¿Podrían el carácter racional propio del detective y su experiencia sobreponerse a aquellas pulsiones de su lado más primitivo?

Li Yidou, doctorando en vinos y licores, escribe una carta a Mo Yan en la que expresa su admiración y deseo de recibir lecciones de parte del maestro sobre el arte de escribir literatura. La carta va acompañada de un relato de su autoría. Mo Yan responde con otra carta: aconseja a su admirador continuar en el exitoso camino que ha construido en la academia y a no abandonarlo por el tumultuoso mundo literario.

Esta es la apertura que hace Mo Yan, premio Nobel de Literatura (2012), a su excitante y controversial novela “La República del vino”, publicada en 1992. En esta novela de 451 páginas se ofrece a los lectores la probabilidad de descubrir los tres elementos fundamentales que conforman la totalidad de la obra del escritor: la posibilidad de imaginar el espacio histórico; la relación entrecruzada entre narración, tiempo y memoria, y la redefinición de la subjetividad política y erótica.

Guan Moye emergió a principios de los 80 bajo el seudónimo de Mo Yan (“No hables”) con una serie de relatos que lo definieron, en aquel entonces, como un autor que “escarbaba en sus raíces”. En la teoría política y artística de la China comunista de aquella época, la “historia” siempre había sido un punto focal de gran importancia. Bajo la influencia de más de treinta años del discurso maoísta, una forma codificada del lenguaje proveniente de los enunciados revolucionarios de Mao, la historia se había convertido en una verdad en sí misma evidente. Mo Yan, al igual que otros artistas contemporáneos, bebió en aquel entonces de la fuente de la tradición china y, además, de las traducciones del Modernismo europeo que estaban llegando. Dicho encuentro le permitió superar con su arte las crisis políticas y sociales de su nación al tomar lo antiguo y transformarlo. Su primera novela, “Sorgo rojo” (1993), en la que se relata una historia familiar de tres generaciones, da muestra de la habilidad del Nobel de llevar a sus lectores al pasado en donde los escenarios de la historia fueron creados y, a su vez, presentarles una visión única y ficcional de los hechos por medio de una inmersión profunda en la consciencia de sus personajes.


Foto: https://www.culturamas.es/blog/2015/02/04/visita-a-la-republica-del-vino-de-mo-yan/


Mo Yan nació en una familia de campesinos en el noreste del pueblo Gaomi, en la provincia de Shandong, en 1955. Ante el estallido de la Revolución cultural (1966-76) de Mao Zedong, tuvo que abandonar sus estudios cuando apenas culminaba el quinto año de primaria. De los 11 a los 17 años trabajó en el campo con sus padres; luego ingresó a una fábrica en la que estuvo un par de años. A los 20 se enlistó en el Ejército Popular de Liberación en el que permaneció durante 5 años y en donde escribió sus primeros relatos. Allí, la literatura se convirtió en su pasión.

Opuesto en apariencia al significado del seudónimo que ha escogido, Mo Yan expresa en el torrente inagotable de su literatura el prolífico encuentro que nace entre la carencia vivida durante su infancia y su arrolladora imaginación. En varios de sus más de 80 relatos, el autor revela cómo el hambre agudizó sus sentidos y los de toda su generación. La gran necesidad de expresar sus emociones desde pequeño y, por la misma razón, su obligación de reprimirla para no poner en evidencia a sus padres con sus opiniones, se ha visto compensada en el empleo medido y lacerante de la sátira contra la burocracia china en su arte literario.

Equilibrio sería la palabra justa, pues aunque su obra destaca por una aguda crítica social, en el país de la censura, Mo Yan ha permanecido en el ojo del huracán. El jurado de la Academia Sueca en Estocolmo decidió otorgarle el Nobel de literatura en el 2012 por “combinar los cuentos populares, la historia y la contemporaneidad con un realismo alucinante”. Realismo que lo deja en evidencia, ya sea por su compromiso político o por la falta del mismo y que, sin embargo, le ha permitido sobrevivir en el complejo mundo de la literatura china sin entrometerse “demasiado” con el autoritario régimen del Partido Comunista.

Ahora bien, un lector de estas regiones podría preguntarse cómo sería capaz de entender la complejidad de una obra que reviste asuntos culturales, sociales y políticos producto de un largo proceso histórico, además de su desconocimiento del idioma en que ha sido escrita. Si bien es cierto que en la traducción de las obras se pueden perder varios elementos importantes del estilo del autor como, por ejemplo: ritmos estilísticos de la lengua original; denotaciones y connotaciones; giros expresivos; figuras discursivas; expresiones idiomáticas y, en gran medida, símbolos culturales específicos, en estas, no obstante, se conservan elementos literarios que pueden ser leídos casi en cualquier lengua: trama, caracterización de personajes, diálogo, ritmo narrativo y punto de vista.


Mo Yan recibiendo el premio Nobel.
Foto: http://www.rtve.es/noticias/20121210/nobel-premian-mo-yan-mordaz-cincuenta-anos-propaganda/584805.shtml


En el caso de “La República del vino”, percibir la complejidad de estos últimos elementos es esencial para vislumbrar la destreza narrativa de su creador. Por un lado, el lector se encuentra ante la historia en proceso de escritura que hace un Mo Yan personaje sobre el detective Ding Gouer en su descenso vertiginoso por la Tierra del Vino y de los Licores; un mundo lleno de excesos en el que la razón va perdiendo foco hasta derrumbarse en los delirios y perversiones reprimidas del personaje. Por otro lado, se presenta el juego de cartas y relatos escritos por el admirador Li Yidou (por medio de los cuales se nutre y transforma la primera historia) y un “Mo Yan” con el que, el autor, se juzga a sí mismo:

Estaba recostado en una cama dura pero relativamente cómoda, relativamente en comparación con los asientos, por lo tanto el escritor de mediana edad Mo Yan no podía dormirse. Tenía los ojos brillantes, redondos e hinchados, poco pelo y la boca torcida […] Sé que hay muchas semejanzas entre este Mo Yan y yo, pero también muchas diferencias. Yo soy un cangrejo ermitaño y Mo Yan es el caparazón en el que me resguardo […] Hay veces en las que siento que este Mo Yan es una carga pesada, pero parece como si no me pudiera deshacer de ella, tal y como un cangrejo ermitaño no puede deshacerse de su caparazón […] Este Mo Yan me da asco, para ser sinceros. (2013, p. 419).

A medida que los dos hilos principales se extienden, más y más historias se entretejen en estos, dando algunas veces como resultado formas extrañas aparentemente inconexas, y que envuelven al lector en una maraña de lugares y personajes fantásticos en situaciones complejas. Hacia el final, el personaje “Mo Yan” visita dicha tierra enigmática y, por el juego narrativo y estilístico que toma la secuencia posterior de eventos – narración de tercera a primera persona; falta de signos de puntuación; mezcla de letras mayúsculas y minúsculas–, pareciera comenzar a decaer en la misma espiral sin retorno de su detective protagonista.

¿Acaso el estilo narrativo de esta novela pretende imitar el paso de la sobriedad a la embriaguez? Los personajes de “La República del Vino”, lejos de imitar los valores morales presentes en el discurso maoísta, son simples humanos con emociones y deseos que dan rienda suelta a todo tipo de comportamientos. La mediocridad de su antiheroísmo se caracteriza por la enorme posibilidad de recaer en estados lastimeros que revelan sus cualidades más atractivas y realistas.

Mo Yan es un declarado admirador de García Márquez y de Faulkner y, al igual que ellos, ha sabido reinventarse en el proceso creativo de cada una de sus obras y consolidarse, según la crítica, como uno de los más grandes genios de la literatura contemporánea.




Foto: https://kailas.es/catalogo/libros-ficcion/sorgo-rojo-detail.html

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