Crítica – Las Relaciones Interétnicas En El Norte Del Cauca

Las Relaciones Interétnicas En El Norte Del Cauca


Por: Dr. Rigoberto Banguero Velasco
Universidad del Valle (Sede Regional Buga)





Foto: https://bit.ly/3nHPDS1


La presencia africana en Colombia y en el norte del Cauca, en las territorialidades de Caloto, Suarez, Buenos Aires y Quilichao, produjo una interacción de saberes que los negros trajeron de África, sus dioses, su folklor, artes, costumbres, interactuando on los nativos amerindios como los Nasas, Misak, Pijaos, Quilichaos y Calotos, poseían grandes avances tecnológicos, una organización política, social, sistemas originarios y autónomos. La siguiente afirmación lo permite comprobar:

“En un documento del año 1605 que para confirmar el hecho que la minería era una práctica establecida en la región de Gelima al finalizar el siglo XVI, y junto a ella la presencia de esclavizados, se trata de un vale suscrito por Bernardo de San Juan a través de Francisco Sánchez por el valor de doscientos diez pesos y un tomín de oro de Xelima” (Ararat, etal, 2013:21-22).


Lo importante de esta premisa, es que muestra las primeras minas que se constituyeron, eran sostenidas con mano de obra indígena y también con mano de obra negra. En Quilichao y con respecto a la memoria histórica, se menciona de dos reales de minas donde laboraron indígenas y esclavizados negros como son las minas de Vilachi y la Bética, localizadas al suroriente del municipio de Santander de Quilichao, Cauca, tal como lo muestran las evidencias arqueológicas y antropológicas en su vecindad con el antiguo real de minas de Dominguillo, que en su proceso de re-existencia hacia 1871 obtuvieron los derechos de propiedad del real de minas, por la negociación que realizaron con el esclavista Manuel Campo Larrahondo. Convirtiéndose en propietarios, se denominaron “Comuneros de Dominguillo” por la constitución de una cooperativa, el termino comunero solo es endilgado a la colectividad indígena. (Banguero, 2018). En el documento se analiza que en la mina existe presencia de indios y negros trabajando juntos, por lo que es posible pensar, que esto mismo ocurriría en minas establecidas con anterioridad. Marzahl, muestra evidencia arqueológica de la mina de la Teta para hablar de la transición de las formas de producción minera, allí se refleja el uso simultáneo de mano de obra indígena y mano de obra esclava (negra) (Marzahl, 2013: 80-81)

Esta interacción étnica (afros/indígenas), en los resguardos indígenas de Monte Adentro y Pilamo, produjo un intercambio entre estas culturas, las cuales resistieron conjuntamente desde la colonia, los embates del colonizador. Ellas han realizado “trueques” de saberes ancestrales que correspondían a una historicidad milenaria y centenaria desde antes de 1492, y los afrodescendientes desde finales del siglo XV. La realidad de esta particularidad histórica que encarna valores atípicos con respeto a los del mundo moderno, han sido construidos en relación con la naturaleza, respetando los seres vivos y sus divinidades. Esta ancestralidad, se nutre del saber que contiene narrativas propias concretadas en planes de vida, planes de pervivencia, memorias, tradiciones persistentes, con éticas espirituales, marcadas por la religiosidad colonial que trastocó sus cosmologías y concepciones que constituyen racionalidades-otras[1] acerca de lo humano conectado a su espiritualidad. En efecto, la proximidad histórica de los negros libres con los indígenas emberas en la orilla del rio San Juan (Choco), y los Nasas al Sur del Valle del rio Cauca (norte del Cauca) generó un proceso intercultural, desde la discusión de límites territoriales y la penetración al sistema chamanico de los Emberas, asumiendo las representaciones simbólicas, intercambios de bienes y la adopción del lenguaje[2]. Lo que trajo como consecuencia variaciones dialectales en la lengua con alteraciones fonológicas que caracterizan, aun en la actualidad una fusión que se constituye en un dialecto negro-chocoano, con diferencias fonéticas reciprocas que se manifiestan entre la linguistica embera y el español de los afros. (Locsonzi 1997: 332) analiza uso del español por la cultura embera:

…los elementos utilizados en español son los nombres de los productos de intercambio, los números para contar el dinero, el nombre de los meses del año y de los días de la semana, las palabras que designan los principales elementos naturales el rio, la selva, la fuente, la parte alta de los ríos, la lluvia, las crecidas y bajas, el agua.


Esta construcción lingüística de afros/emberas está conectada a los rituales de posesión y chamanismo[3] ceremonias que presentan analogías con el tratamiento que los Thonga, población bantú de Mozambique, da a los poseídos por los espíritus ancestrales precedentes de las etnias vecinas, la sangre escupida de un animal en un sacrificio, se constituye en un vehículo del espíritu, el medio de expulsión del cuerpo de la víctima. Heusch (citado por Loczoncy1997: 351) percibe en esta práctica ritual bantú un “chamanismo debilitado, privado de su sustancia extática[4]. Lo considera un enlace invertido “que une sólidamente el chamanismo y la posesión” podríamos acotar que se perciben rasgos de la racionalidad africana como la santería, una especie de desdoblamiento o mimesis similar al “sincretismo” católico. Esta racionalidad entendida como otra forma de ser y estar en el mundo comunicada a través de sus cosmovisiones contempla representaciones simbólicas de la posesión maléfica africana en el chamanismo autentico del Chocó, aunque no está suficientemente documentado, la tradición oral indica que su origen tiene raíces bantús. Sin embargo, Locsonzi (1997: 351) acotó:

constituiría entonces una etapa en la tortuosa marcha de la posesión en este encuentro interétnico; entre, por una parte, los descendientes de los que lo borraron de su campo ritual a cambio de una comunicación más distante con un sobrenatural de origen católico, y por otra parte los indígenas que acogieron esta posesión para inscribirla en la periferia de su sistema chamanico.


En ese sentido, la diferencia es etnizada y territorializada para solucionar en los territorios de origen[5] las restricciones socioculturales y políticas que existían en la colonia, por esta razón, las comunidades étnicas, se agruparon, y sobrepasaron sus áreas territoriales[6], creando un encuentro muy significativo, además de inscribirse en una perspectiva de inclusión que les permitió compartir sus propias formas de comprender la relación ser humano-naturaleza, y colocarla a su servicio.

En ese sentido, los indígenas y negros como pueblos originarios realizan posturas simbólicas incluso a través de los rituales, mambean con la coca, el yagé, el tabaco, el San Pacho, la Virgen María, enseñan el conocimiento de las plantas, y muestran cómo se preparan, se consume, y se conciben del pueblo indígena a los pueblos negros y mestizos. También se intercalan prácticas espirituales como el yagé, incluso los afros se relacionan en algunas zonas de resguardo como López Adentro, Pilamo, asumiendo toda la praxis indígena, aprendiendo de sus técnicas, su economía, sistemas vegetales y la aprehensión de las orientaciones éticas y legales del derecho mayor.

Entre los grupos étnicos referenciados en el norte del Cauca, el resguardo de Canoas, la casa grande o Juan Tama alberga un proyecto étnico cuya base es la población afro del norte del Cauca, ellos han asumido los vestidos tradicionales de esas comunidades ancestrales, es la co-pertenencia de ambas culturas y marcan su identidad a pesar de las diferencias del color, así el color tiene diferentes connotaciones según el momento, el color es un código culturalmente admitido, cerrado, los niños se pintan a partir de los doce años. Antes de esa edad ya conocen y manejan según las circunstancias, cada pueblo posee saberes particulares y contextuales referentes a los materiales y las formas de construirlas y habitarlas por ejemplo los “tambos” son casas que sirven no solo para comer, dormir, sino para socializar hacer rituales, ayudar, enseñar para ser y hacer cultura.

Estas comunidades afro/indígenas, étnicamente se han relacionado en sus espacios territoriales. En el marco de realización de encuentros interétnicos en municipios de Caloto, Santander de Quilichao, Guachene y Villarrica con el propósito emergente de construir mandatos entre sus culturas en aspectos centrales tales como la defensa de los territorios mediante el control territorial, soberanía alimentaria, la memoria colectiva, sistema de derecho propio fortalecido por las guardias indígenas y cimarronas que son marcadores de identidad y etnicidad.

Bibliografía

• Ararat, L., Mina, E., Rojas, A., Solarte, A. M., Vanegas, G., Vargas, L. A. y Vega A. (2013). La Toma Historias de territorio, en la cuenca del Alto Cauca resistencia y autonomía. Popayán, Colombia: Observatorio de Territorios Étnicos Pontificia Universidad Javeriana y Consejo Comunitario Afrodescendiente de La Toma, Suárez, Cauca.
• Banguero V, Rigoberto (2018). Territorialidad en los Reales de Minas en el Norte del Cauca. 1851-1936. Programa editorial. Universidad del Valle, Cali, Colombia.
• Locsonzi, Anne Marie. (1997). La trama interétnica: Ritual, sociedad y figuras de intercambio entre los grupos negros y Emberas del Chocó. Bogotá. ICANH
• Marzahl, Peter. (2013). Una ciudad en el imperio. El gobierno, la política y la sociedad de Popayán en el siglo XVII. Popayán Universidad del Cauca.


[1]La racionalidad occidental se constituye en el imperio de la razón y la metafísica, negando la emergencia de mundos pluriversos como la filosofía sentí-pensante, más humana, mas divergente y abierta en el contexto de su pensamiento a las culturas-otras (afro, indígena, campesina), otras maneras de pensar y de representar la existencia.
[2](Loczoncy, 1997: 331)
[3]El chamanismo se refiere a una clase de creencias y prácticas tradicionales similares al animismo que aseguran la capacidad de diagnosticar y de curar el sufrimiento del ser humano, y en algunas sociedades, la capacidad de producirlo.
[4]Que experimenta un placer o admiración tan intensos que se olvida de todo lo demás Quedó extático ante la inmensidad y exuberancia de la naturaleza.
[5]En 1544, la corona autorizo la entrada de africanos al Valle del sur del rio Cauca.
[6]Por ejemplo, la rochela intercultural como forma de resistencia empleada en la colonia cuando los pueblos esclavizados de múltiples maneras se juntaban a dar rienda suelta a sus expresiones culturales.

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