Crítica – La casa anegada, el poderoso logro literario de Óscar Osorio

La casa anegada, el poderoso logro literario de Óscar Osorio

Por: Fernando Cruz Kronfly
Escritor




Óscar Osorio, escritor.
Foto: https://festivaliteraturacopenhague.com/oscar-osorio/


La violencia colombiana ha sido historiada por expertos y convertida, también, en tema literario. Sociólogos, antropólogos e historiadores se han ocupado de ella. Conozco incluso algunos documentos de aproximación psicoanalítica. Novelistas y poetas han vinculado la violencia nacional como tema de sus ficciones y creaciones literarias. La violencia es el gran enigma de la humanidad, desde los tiempos de Caín y Abel.

La violencia entre nosotros es un asunto diario, amargo y cruel, que ha teñido y cubierto de perplejidad y rabia generaciones enteras durante varias décadas. La televisión, sobre todo a través de las telenovelas, ha hecho de las formas cueles de la violencia nacional una mercancía de inmensa demanda. Existe entre nosotros una evidente perversión, que sólo la antropología y la teoría freudiana de la pulsión de muerte y destructividad pueden explicar: el gozo ambivalente del “usuario” frente a las escenas más explícitas, violentas y crueles que le son ofrecidas para su consumo. Nadie apaga el televisor ni cierra los ojos cuando esto ocurre. Por el contrario, todos expanden más los párpados mientras devoran papitas fritas y murmuran de gozo: “Qué horror”.

Esta mercancía del horror se legitima y justifica con el argumento de que “esto ocurrió”, y que el país debe conocer la historia real para no repetirla. Cuanto escucho estas justificaciones de los comerciantes muero de risa. Pero no puedo negar que me escandalizo ante su cinismo. Sin embargo, este no es el asunto que aquí me trae.

Creo recordar que fue Teodoro Adorno quien, luego de conocerse lo ocurrido en Auschwitz, sentenció que a partir de esta infamia era imposible volver a escribir poesía. Por fortuna, no fue así. Pues la escritura literaria –no toda escritura lo es-, es la única que logra penetrar la profunda herida que la violencia causa como efecto en sus víctimas, en la medida en que dicha escritura literaria abraza lo inefable. Queda a los escritores y poetas dar cuenta de este asunto, desde los tiempos en que el Logos Griego puso en fuga a la literatura de la ciudad y por haberla empujado al exilio la llenó de dignidad, según William Marx. Aclaro: William, no Carlos.

Se conoce que para muchos de los sobrevivientes de los campos de exterminio fue tanto el dolor ante el absurdo de lo que les sucedió, que enmudecieron. Fue tan fuerte el fracaso de la lógica racional explicativa, que prefirieron callar para siempre, dada la relación que existe entre el lenguaje explicativo y la Razón. Con los años, aquellos sobrevivientes murieron sumidos en el silencio, en el respeto y la dignidad de su auto-mutilación. ¿Qué les sucedió? Sólo la lengua literaria abraza y trata de hacer suyo el absurdo. No para explicarlo, sino sólo para mostrarlo.

Los historiadores, antropólogos y sociólogos dan cuenta de la violencia como fenómeno social macro. Pero el dolor interno y el espanto individual de las víctimas inocentes que nada entienden, quedan por fuera del noble campo de las ciencias sociales y humanas. Sólo la escritura literaria y la poética consiguen aproximarse a este dolor y a este espanto. Casi siempre, para mayor gravedad, ligados ambos al éxodo, al destierro y a la pérdida del lugar del nacimiento y la patria de la infancia.

En esto consiste, precisamente, el poderoso logro literario de Óscar Osorio en La casa anegada. He leído mucha literatura de violencia. Desde el Génesis, pasando por Shakespeare. Se trata de un tema propio de la condición humana que teóricamente me interesa y que no deja, al mismo tiempo, de teñir el tono de mi escritura hasta hoy. Es por este conocimiento responsable que me atrevo a decir que los cuentos de Óscar Osorio en La casa anegada, constituyen una muy afortunada manera literaria, aguda sutil y profunda, de aproximarse al dolor que causa en las víctimas inocentes todo tipo de violencia, incluida, claro está, la económica.

El dolor y el espanto en estos relatos no se verbalizan de manera explícita. Están tan encarnados en los gestos narrados, en las situaciones, en los ojos secos abiertos a la noche, en las tensas rabias familiares y en la desesperanza que acompaña los pasos por los corredores, que sin darse apenas cuenta el lector entra en contacto con este mundo profundo del sufrimiento interior, jamás obvio. La sutileza para dar cuenta del dolor y el espanto decantados en la paz familiar de la desgracia, esa extraña materia interior que la violencia absurda ha causado en nuestras víctimas nacionales, es aquí el gran logro literario del autor.

Indudablemente, estamos ante un poderoso y conmovedor libro. Su lenguaje es seco, directo y de puntos seguidos, como debe ser y las historias narradas lo requieren. Se elude aquí la adjetivación y la sensiblería, que producen diariamente en nuestras letras tan horrible efecto.

Monte de los Capuchinos, mayo 7 de 2019




Foto: http://catalogo.aseuc.org.co/la-casa-anegada-literatura.html

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