Crítica – Historia de un crimen pasional

Historia de un crimen pasional

Título: Historia de un crimen pasional
Autor: Pablo Rodríguez
Editorial Universidad del Rosario, 2019
195 páginas


Por: Edgard Collazos Córdoba
Escritor




Foto: https://editorial.urosario.edu.co/historia-de-un-crimen-pasional-el-caso-zawadzky.html


No sé qué movió a Pablo Rodríguez a desenterrar del olvido la historia de este crimen pasional sucedido en Cali el 22 de agosto de 1933; si su talento literario o el fervor por la historia.

Conocí a Pablo Rodríguez en la Universidad del Valle en la mitad de la década del setenta del siglo pasado, cuando él era un estudiante de historia que escribía poemas y relatos de ficción. Fueron incontables las gratas noches y los días en que pasamos hablando de literatura; tan jóvenes y tan incautos éramos, que no atinamos a sospechar que esa práctica no solo buscaba saciar nuestro apetito intelectual, sino, que justificaba y hacía verosímil nuestras vidas. Por ese discurrir, sé que lo arden dos pasiones: la verdad y la ficción. En los dos casos Pablo escribe con obstinado amor cada palabra y esa es una de las causas por las cuales este libro, titulado Historia de un crimen pasional, es un libro que merece todos los galardones de las dos disciplinas: la literatura y la historia.

El libro se basa en una investigación rigurosa de un crimen acaecido en el corazón de la élite caleña. El político liberal Jorge Zawadzky, dolido en su honor por la infidelidad de su esposa, asesina al doctor Mejía Marulanda: el amante. El libro (ausente de artificios) nos atrapa con pasión, como atrapan al lector las buenas novelas de misterio y detectives, y aunque, por ser un tema histórico, no hay tensión, debido a que con antelación sabemos los pormenores del caso: que Zawadzky le disparó frente al Café El Globo, que lo defendió el joven abogado Jorge Eliecer Gaitán, y que salió libre y exonerado de toda culpa, el libro debido a las cualidades de la prosa, nos atrapa y logra que deseemos saber más, no solo del asesinato, también del ámbito caleño, de ese Cali ya tan lejano, enterrado en el olvido como enterrados están bajo tierra los protagonistas del crimen.

Dicen que un lector, cuando lee un libro, debe enfrentarse con los mismos problemas con los que se enfrentó el escritor, es por eso que la lectura de Historia de un crimen pasional, página a página nos depara cautela, la misma que tuvo Pablo Rodríguez al elegir cada palabra, cada frase, escritas con el temor de cometer una imprecisión histórica y no dejarse arrastrar por su maravillosa fantasía de novelista y aun así, la lectura causa en nosotros sutiles percepciones que solo el arte de la novela es capaz de crear en el lector.

En esas páginas está recuperado el orbe urbano de una ciudad que se levantaba de las ruinas del siglo XIX; el desarrollo arquitectónico, sus primeros barrios y hoteles de lujo, teatros estilo renacentistas, reconstrucción que sirve de teatro para contarnos y hacernos verosímil el honor del macho herido por el ultraje, sentimientos que no están en el archivo histórico.

Dije que a Pablo Rodríguez lo arden la pasión por la literatura y el fervor de la historia, eso es producto de que en ambas disciplinas encuentra misterios, preguntas, intimidades secretas dignas de desentrañar. Entre el grupo de amigos de aquella época juvenil, Pablo era el descubridor de bellas canciones, de relatos que nadie conocía, de autores críticos que siempre traía como un gran descubrimiento, por eso puede abordar la página en blanco de esta manera: “Parecía el inicio de una noche tranquila en Cali. En el teatro Jorge Isaacs se proyectaba la afamada película Adiós a las armas, con Gary Cooper y Helen Hayes. Nada hacía prever los dramáticos sucesos que ocurrirían ese martes 22 de agosto de 1933. La ciudad recibía agradecida las brisas que cada tarde llegan desde el Pacífico, los empelados habían terminado la jornada y se dirigían a sus casas, aunque algunos grupos de amigos todavía conversaban en la plaza de Caicedo y otros más animaban las últimas cervezas en los distintos cafés del centro de la ciudad.

En uno de ellos, bastante próximo a la plaza y conocido como El Globo, un grupo de caballeros conversaba animadamente. La tercera ronda de vasos de whisky servidos por el mesero ayudó a resolver el diferendo que los convocaba. Al lugar habían llegado para dirimir lo que parecía un malentendido entre amigos, para lo cual habían pedido la intermediación de don Jorge Zawadzky, conocido por ambas partes”.

Podemos arriesgarnos a pensar que lo preciso, lo histórico e investigado en el relato de esos cortos renglones, es la película Adiós a las armas, los actores, el director. Esos datos son minucias precisas de su carácter de historiador. También fueron datos tomados de archivos: la reunión de amigos en el café El Globo, el altercado que estaban dirimiendo y más aun la presencia del asesino Jorge Zawadzky como mediador del conflicto, es decir, lo histórico, lo que en realidad sucedió: aquello esencial para los historiadores y que no falta a la verdad. Lo otro, la tercera ronda de vasos de whisky, las brisas caleñas de la tarde, los empleados tomando café, esas son de Pablo, de su maravilloso archivo sensorial, de sus sospechas, de su recuerdo minucioso de ese ámbito que tienen los vallunos (Pablo es tulueño) por su clima, por su tierra y por sus elementos tan unidos a su manera de hablar, de caminar y de permanecer en el mundo.

Finalizada la lectura, sentimos varias cosas: que debemos dar gracias a Pablo Rodríguez por este libro, por su sinceridad y por su manera de escribir; que estamos ante una investigación seria; que el escritor logra su propósito de historiador; que ese libro de historia está escrito a instigación de un talento literario y que Historia de un crimen pasional generará muchas buenas críticas, porque como pensaba Borges, “por una mente capaz de analizar un hecho estético, hay alguien que es capaz de producirlo.




Pablo Rodríguez, autor de Historia de un crimen pasional.
Foto: Cortesía de Pablo Rodríguez.

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