Crítica – Escribir en tiempos de crisis. Una reflexión en torno a la obra cuentística del escritor Fabio Martínez

Escribir en tiempos de crisis
Una reflexión en torno a la obra cuentística del escritor Fabio Martínez


Por: Victor Morrón
Estudiante de Lic. en Literatura y Sociología





Fabio Martínez (1955), escritor colombiano nacido en Cali (Valle del Cauca).
Foto: https://bit.ly/3hHCvcN


En los días de incertidumbre la literatura es ancla. Salvavidas para el ahogado. Refugio de la memoria. El escritor es como un lobo solitario que recrea la vida que vive, o en tal caso que cree viven los demás. Su ejercicio, a primera vista solitario e individual, es profundamente una labor colectiva, en cuanto se entiende lo que se escribe como reflejo de la experiencia común narrada desde la particularidad.

Esta es una de las ideas a la que nos acerca el autor vallecaucano Fabio Martínez en su ensayo El viajero y la memoria (Martínez, 2002). Obra que le mereció diferentes premios a nivel nacional e internacional, y la cual se suma a su rica producción que circunda los límites del ensayo, el cuento y la novela corta. Bien podría mencionar aspectos sobre su vida marcada por el movimiento y el viaje. Pero a este texto le compete ahondar sobre parte de su obra con la esperanza de encontrar insumos que nutran la discusión actual que reclama por parte de los jóvenes un futuro sin saberse ciudadanos de un país sumido en las horribles noches de hambre. De “plomo”. De vagabundear sin rumbo, porque a decir verdad, hace tiempo que ya no hay lugares a dónde ir.

A grandes rasgos se podría decir que dicho texto repasa una serie de autores nacionales vistos a la luz de conceptos como figura, imaginación, memoria y lectura; nutridos fundamentalmente por el investigador Gilles Therien. Y donde se plantea la figura del viaje o movimiento de la obra misma como una característica de la ficción nacional inaugurada por José Asunción Silva.

Para Fabio la experiencia de viaje guarda en la literatura de ficción una relación estrecha con la categoría de alteridad, entendida como la experiencia del viaje que acerca al escritor a otros. Es decir, el escritor que anda se acerca a otros en la medida que experimenta nuevos paisajes, situaciones, personas, etcétera, que se le presentan en su viaje, y que luego se plasmará en el texto donde el que se escribe es el otro. O como diría Fabio citando a Rimbaud: “Yo soy el otro”, refiriéndose, de alguna forma, a que la literatura de ficción hace puente con la experiencia social del escritor que escribe a razón de la experiencia de sí y con el otro.

Siguiendo al autor, este otro que se escribe se comprende en función de un sistema social, de clase o político que determina su rol en su entorno. Es decir, en la alteridad el escritor describe al otro en relación con lo que cree es su experiencia de clase, ideológica, de gustos, etcétera. Esta parte en un primer momento de la experiencia o curiosidad que le genera al escritor ese otro que se escribe.

En dicha descripción, el escritor se nutre de “cuadros de referencias” característicos de una sociedad y su época para darle forma a ese otro que se escribe. Es decir, el que escribe toma su experiencia de viaje en relación con las diferentes tensiones y fricciones sociales de una sociedad para escribir al otro. Esto resulta de suma importancia en cuanto nos acerca a la idea de que al escribir al otro se describe al tiempo la sociedad, en una especie de ejercicio cartográfico que pone de manifiesto las incógnitas de una época. Vemos una imagen de la época con sus diferentes tensiones sociales, políticas, religiosas, filosóficas, etcétera (Martínez, 2002).

Estas tensiones se manifiestan en la obra mediante la descripción de paisajes comunes que el escritor recuerda: “…el paisaje es una representación mental; es cultura; es construcción de la imaginación proyectada en la madera, en el agua y en la roca” (Martínez, 2002, pág. 94). Es el recuerdo del que escribe sobre su tránsito y donde se engloba cierta memoria social. “El paisaje como el topos donde el viajero realiza su experiencia y se convierte en otro” (Martínez, 2002, pág. 104).



Foto: http://ntc-ediciones-virtuales.blogspot.com/2009/10/oct-18-09.html


En conclusión, se puede decir que desde Fabio escribir sobre el otro es escribir bajo una idea social, en la medida que lo escrito es reflejo en la memoria de la experiencia sobre personas, situaciones y paisajes característicos de una sociedad. Escribir es como una imagen de la sociedad. Pero, ¿cuál es la imagen en la obra cuentística El escritor y la bailarina? ¿De qué forma esto nos permite leer la actual coyuntura de tensión, violencia y sobre todo resistencia?

Publicada en el año 2007 bajo el título El escritor y la bailarina, esta obra recoge catorce cuentos que se caracterizan por explorar temas como las relaciones sexo-afectivas, la noche caleña, la violencia armada, el suicidio, el cine y la música. Todo esto abordado desde el humor y la sátira en un ejercicio de memoria que, como dice Guido Tamayo, hace de Fabio un escritor que “…imagina, recuerda y de ello hace ficciones” (Martínez, 2002, pág. 9).

Por ejemplo, en el primer cuento titulado “El Espectador”, el autor nos recuerda los acontecimientos ocurridos en 1989, cuando buena parte de las instalaciones de dicho periódico explotaron a causa de un carro bomba. Esto mediante un narrador que recuerda y describe su relación de lector con un columnista esporádico del periódico, el cual fallece en el fatídico evento. En el cuento los acontecimientos mencionados toman relevancia en cuanto enmarcan el paisaje sobre el que transcurre la historia que culmina con la imagen del narrador terminando de leer un artículo de su desaparecido amigo(a). Fabio, mediante este relato, recuerda una época marcada por la violencia y el narcotráfico.

Por otro lado se encuentra el séptimo cuento titulado “Ataúdes de terciopelo azul”, el cual nos adentra en la cotidianidad de un fotógrafo que busca cadáveres en una funeraria para nutrir su exposición “Serie negra”, expuesta en el museo La Tertulia. En este cuento el autor nos insinúa diferentes conflictos y tensiones de la sociedad rural y urbana colombiana de la época mediante la construcción de diálogos: “Va ver que los viernes en la noche esto se llena: accidentes de automóvil, peleas de pandillas en los barrios populares, ajuste de cuenta entre mágicos, y los muertos de los pueblos que nos manda la guerrilla y los paramilitares” (Martínez, 2002, pág. 38), dice uno de los personajes al narrador, dando a entender que con la noche el negocio de las funerarias mejora.

De forma similar encontramos el cuento “Hasta el fin de la guerra”, el cual nos lleva por el recorrido de tres amigos a bordo de una camioneta por diferentes paisajes de la ciudad. En este viaje se recuerdan sitios de la juventud, al tiempo que se describen nuevos escenarios en el marco de una crisis económica que suscita, entre otras cosas, la migración de la población hacia Estados Unidos. Tres hombres que reproducen conductas machistas van a 100 kilómetros por hora a través de una ciudad que se presenta como un ecosistema de calles y lugares conocidos. Nuevamente el autor vuelve sobre la ciudad de Cali como escenario donde transcurre la historia.

De igual forma se resalta el cuento “El escritor y la bailarina”, el cual explora temáticas como el oficio de escribir, las relaciones sexo-afectivas, el cine, la literatura y el escritor digital. Esto mediante una trama que narra la experiencia creativa de un escritor consagrado a la hora de escribir un artículo para un periódico digital. En este proceso de creación nocturna, el escritor reflexiona sobre el ejercicio de escribir en las nuevas generaciones, al igual que transita por el recuerdo del escritor de su generación, que se caracteriza por una “senda llena de tribulaciones”.

En conclusión, se puede decir que la imagen que nos transmite el autor en algunos de sus cuentos del libro “El escritor y la bailarina”, refiere a Cali como como una ciudad en constante movimiento, donde las diferentes tensiones sociales, económicas y políticas sobresalen como un telón de fondo. De igual manera, se aprecia en la obra una referencia a un mundo literario de la época y una generación que le toca asimilar las tecnologías digitales que transformaron la forma de escribir. Fabio nos da una imagen de una ciudad urbana donde las tensiones sociales se insinúan todo el tiempo en una sociedad cansada y acostumbrada a escapar. La pregunta es: ¿a dónde iremos nosotros? Por lo pronto, pienso en responder a la segunda incógnita que refiere a la forma en que la anterior reflexión nos ayuda a comprender la actual coyuntura que encontró su punto de inflexión el pasado 27 de mayo, creyendo que el oficio del que escribe es simplemente escribir respondiendo al recuerdo en la memoria. Esto en cuanto el recuerdo que se escribe encierra, en alguna medida, una experiencia social compartida donde se refleja la cotidianidad de una sociedad con sus diferentes dinámicas sociales, económicas y políticas.





Foto: https://libros.univalle.edu.co/index.php/programaeditorial/catalog/view/77/40/332-2

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