Crítica – Crítica de la razón negra (2016)

Crítica de la razón negra (2016)
Achille Mbembe

Achille Mbembe es un filósofo camerunés, sus estudios se han visto influenciados por el antillano Franz Fanon y el francés Michael Foucault.


Crítica de la razón negra
Ensayo sobre el racismo contemporáneo
Achille Mbembe
Nuevos Emprendimientos Editoriales, 2016
322 páginas


Por: Carolina González
Estudiante Licenciatura en filosofía





Desde el título nos encontramos con un libro sugestivo, pues recuerda a Kant con su proyecto crítico; en él Kant establece los límites de nuestra razón en lo epistemológico y en lo ético. Pero en el caso de Mbembe, lo que quiere mostrarnos es lo negro más allá de los límites que los estudiosos eurocentrados han trazado sobre el término. Es decir, quiere llenar de contenido el término “negro”, que ha venido identificando a un conjunto de individuos sin reconocer las diferencias en su historia, su origen, sus expresiones; lo negro se agrupa como un todo exótico y de menor importancia.

La estrategia que usa el filósofo es un paneo histórico de la situación del negro frente a los sistemas políticos y económicos imperantes. En este recorrido vemos que las personas negras eran usadas como moneda de cambio, lo que implica la pérdida de su condición humana. Para legitimar este uso, el blanco construye una mitología sobre el ser negro: ser salvaje, ser caníbal, ser peligroso; y posteriormente, ser un idiota que debe ser amaestrado. El blanco suprime cualquier condición de humanidad del negro para construirlo como enemigo, pues con este el mecanismo justifica la violencia contra el negro, incluso, justifica la sevicia con la que asesina y maltrata a ese nuevo enemigo.

Por otra parte, Mbembe nos explica cómo es la experiencia del negro, cómo es vivir bajo los calificativos que el blanco le ha impuesto. Las preguntas que el negro se hace son: ¿debería comportarme tal como el otro dice que soy? ¿Realmente soy los adjetivos con los que me califican? ¿Cómo me comporto, entonces, libre de etiquetas? ¿Hasta qué punto puedo liberarme de dichas etiquetas? Estas preguntas van hacia la construcción de una identidad que pueda ir más allá de lo que el blanco ha dicho sobre ellos. No obstante, y recordando a Sartre, Mbembe nos recuerda que la construcción de nosotros depende también de cómo nos han reconocido los otros, pues el cómo me veo se ve influenciado por el cómo me ven.



Achille Mbembe, filósofo camerunés.
Foto: https://www.humanite.fr/achille-mbembe-reinventer-le-commun-quand-tout-pousse-la-deliaison-644883


Con lo anterior, lo que se quiere decir es que el negro no puede construir su identidad negando y olvidando que ha sido víctima de ultrajes, que se le ha deshumanizado, que ha sido el enemigo del blanco. El negro debe asumir su historia y transformarla; esto quiere decir que no puede esperar que se le conceda la libertad, pues ésta se gana, y la forma de ganársela es luchando contra todo prejuicio que el blanco ha impuesto. Por eso no basta con derrotar la esclavitud, ni con derrotar el apartheid; el trabajo ahora es llenar de contenido el término con que lo han denominado, la tarea del negro es reconocer su historia antes de ser colonizado, asimismo, reconocer lo que la colonización hizo de él y dar una nueva definición de lo que es.

Pero ser negro no es lo único que ocupa a Mbembe, hay otro término del que muchos hablan, así no conozcan la tierra a la que se refiere: África. El continente del que todo mundo habla como si fuese una sola cosa, al que relacionan con hambre, pobreza, corrupción y negros. Estas etiquetas borran la variedad cultural del continente africano, a diferencia de cómo se ve el continente europeo: cuando se habla de Europa se reconoce la historia inglesa y no se la confunde con la historia francesa, pero cuando se habla de África se nos cuenta como si todos los países hubiesen tenido el mismo conflicto, como si ninguno de sus idiomas fuera válido. Y lo que es peor, pocos conocen el nombre de los países africanos.

Nosotros, a pesar de haber sido colonizados también, vemos a África como los colonizadores la ven, porque esa es la historia que nos han contado. Por eso Mbembe sostiene que no se puede olvidar la historia, los cambios políticos y culturales que el continente sufrió; no podemos olvidar los idiomas que fueron suprimidos por el idioma del colonizador; y lo más importante, no se puede olvidar que quién coloniza lo hace buscando riquezas a cambio.

En resumen, Mbembe nos invita a resignificar el término “negro” y “África”, para ello debemos conocer la historia no ya del colonizador, sino del colonizado. De esta manera, se puede hacer una defensa de lo que ha sido arrebatado y se tiene la oportunidad de construir un término que de verdad haga sentir representado a quienes lo portan.

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