Crítica – ¿Cómo nos hacemos lectores? Una mirada a la obra de Yolanda Reyes

¿Cómo nos hacemos lectores?
Una mirada a la obra de Yolanda Reyes

Carolina Sanín conversó con Yolanda Reyes sobre las palabras robadas a la infancia. El oído, la voz y el libro guiaron este encuentro: un diálogo nutritivo y revelador sobre la infancia y el espejo que somos de ella en nuestra edad adulta.


Por: Daniela Parra Quiroga
Estudiante de Lic. en Literatura





Yolanda Reyes, escritora, periodista, promotora de lectura y educadora colombiana.
Foto: https://www.youtube.com/watch?v=eS7EXzee8GA


Cada martes Mesa Capital, la nueva franja de opinión de Canal Capital, emite Dominio Público, un encuentro entre la escritora Carolina Sanín y un personaje diferente de la vida nacional y pública. Sanín sienta su voz para indagar a quien convoca, intenta acercarse al perfil más humano de la persona entrevistada y cómo su vida aporta una mirada alterna a un problema de la vida nacional puesto en cuestión.

El programa inicia con una lectura de Carolina Sanín, ya sea de su autoría o sugerida. Mientras la persona entrevistada indaga horizontes de respuestas, Sanín hila con acierto y agudeza cada idea. Sus comentarios abren un diálogo recíproco y fluido, participa como verdadera interlocutora en el diálogo que crea y recrea.

La conversación más reciente tuvo lugar con Yolanda Reyes, ganadora de la última edición del premio Iberoamericano SM de literatura infantil y juvenil en el 2020. Ella fue pionera en Colombia a la hora de pensar la infancia, la formación de lectores y la inconveniencia de dividir la literatura según públicos: entre niños y adultos.

La inconveniencia -o más bien, injusticia- de esta separación, detona el universo creativo de Yolanda Reyes. “Escribo para ubicarme o desubicarme”, dice. “Un día somos muchos a la vez, estamos llenos de distintas capas; no muy pocas veces reaccionamos con emociones totalmente ancladas en la infancia”. Allí se manifiesta una de sus obsesiones literarias: la transición; el salto de una edad a otra, asistir al “antiguo dolor de estar saliendo de un lugar y tener la sospecha de no poder encontrar otro”.

“Antes de nacer eres un oído”, dice Yolanda. “Llegamos al mundo dotados de los patrones rítmicos de nuestra lengua y la aprendemos los cinco primeros meses de gestación. Todo es hondas y estímulos cuando yacemos en las entrañas, nos la pasamos oyendo voces filtradas”.

El bebé nace como un náufrago. Alguien debe ocuparse de él, pero no siempre puede estar presente; así que la consciencia del bebé va germinando durante la intermitencia entre presencia y ausencia de la madre.

El balbuceo es el tiempo de la espera. “Entonces la voz es una cuerda”, apunta Sanín. Es el enlace entre la cultura del mundo y el universo íntimo del niño. Esa voz que viene y se va, hace nacer en el bebé la urgencia de llamar; empieza a balbucear y luego a hablar. Justo allí, nos hacemos lectores: cuando le pedimos a esa voz que se quede; así, nos trae el mundo y la puesta en escena de la cultura.

Tras el balbuceo del bebé, nace la necesidad de ser leído: traducir en palabras sus llantos y movimientos. Y solo porque somos leídos, empezamos a llorar distinto y a decir cosas distintas. Yolanda afirma: “Entrar en la lengua es ingresar al universo de lo simbólico, contar con las herramientas básicas para decir yo soy, yo pienso, yo digo”.

Negar las palabras a los niños es arrebatarles la posibilidad de ser. La lengua del relato hila el tiempo y hace pensar distinto. Si les robamos las palabras, si hay una desatención de la evolución cognitiva durante estos primeros años, su voz será frágil y manipulable; es más, podría ni siquiera escucharse: silenciados e inertes, “no habría que esperar sino al reclutamiento”, dice Sanín y confirma Yolanda, a propósito del libro Ahora no, Bernardo, de David McKee.

Yolanda Reyes cuenta que ha trabajado este libro en zonas de reclutamiento forzado; habla sobre un niño que intenta varias veces advertir a sus padres que “hay un monstruo y me va a comer”, pero ellos siempre responden “Ahora no, Bernardo”. Entonces, allí se cifra un conocimiento compartido por todos: saben que ellos –los monstruos uniformados– están ahí y se llevarán a los niños. Somos un país que le está diciendo todo el tiempo a los niños “Ahora no, Bernardo”. Por esa razón, la lectura en la infancia es un acto profundamente político.

Suscribirse

* indicates required
/ / ( dd / mm / yyyy )