Crítica – Al Cesar lo que es del Cesar

Al Cesar lo que es del Cesar

Quieran los dioses que la vida me depare el privilegio de escribir el epitafio de Julio César Londoño. Si me fuera concedido ese destino, escribiría:
YACE EL CUERPO DE JULIO EN EL FONDO DE ESTA FOSA Y SU ESPÍRITU HABITA EN LO FINO DE SU PROSA

Sacrificio de dama
Julio César Londoño
Cuentos y ensayos
Random House, 2019

Por: Edgard Collazos Córdoba
Escritor




Julio César Londoño, escritor.
Foto: https://elclavo.com/columnas-en-el-clavo/columnistas/julio-cesar-londono/


Y esa sentencia, más que un epitafio, está confirmada por las páginas de su último libro, titulado, no sin pudor, Sacrificio de dama, donde la prosa dedicada al razonamiento y a la narración, crea problemas de naturaleza verbal, sin la presencia del fatigable énfasis, y del aburrido retruécano.

Está compuesto este libro por cuentos y ensayos, dos géneros manejados por Julio César con destreza y muy poca cautela, debido a que la audacia es uno de sus atributos. Quiero decir con esto, que Julio no solo se atreve a jugar con propuestas de orden tanto científico como literario. Su creatividad y especulación nos sorprenden porque no incurre en formatos y fórmulas repetitivas. Leyendo este divertido volumen, he pensado en el requerimiento que hacen los ingleses sobre el charm, (el encanto) elemento que antes del contenido, debe de poseer toda obra literaria, tanto, que de cada uno de sus relatos podría decirse lo que dijo Borges de The Red Remaynes de Eden Phillpotts: no les falta perplejidad.

Es verdad que uno de los objetivos de la crítica literaria estriba en desentrañar los significados ocultos bajo la superficie del texto. En este caso, la severidad de la economía verbal lograda por Julio César, puede hacer más ardua la interpretación y el análisis, pero cierto tufillo de perversidad e ironía que destila la personalidad del escritor, contamina sus relatos con provecho, y nos conducen, más que al análisis, a la alegría y al goce de la lectura.



Foto: https://www.librosyeditores.com/tiendalemoine/literatura-y-critica-literaria/12660-sacrificio-de-dama-9789585458727.html


También advertimos que, en la ficcionalización de Sacrificio de dama, se narra desde adentro y que la perspectiva y el punto de vista adoptadas en estos textos no son íntegramente los de un narrador creado por el escritor. En todos los casos sentimos que el mismo narrador es el escritor que se reinventa revolcado en sus recuerdos, en sus ideas y sus pesadillas, y que esa voz viene desde afuera en busca de un desentrañamiento. Eso queda muy claro en uno de los mejores cuentos de este libro, titulado Mariana y el triciclo, cuento que nos hace pensar es una pequeña autobiografía del autor, que cuenta los primeros años de escolaridad de un niño enamorado de su maestra; donde el escritor demuestra no estar exento de los recuerdos tiernos de la infancia. Cuando empecé a leerlo, dado la tibieza del tema, también empecé a temer por el destino moral de esa página, temí que el relato de esa época infantil, recuperado por el adulto, enterneciera al narrador y se tornara romántico y lo peor, ¡ay Dios no lo permita! sensiblero, pero como Julio es buen discípulo de su maestro Borges, recordó que los americanos del sur “Adolecemos de onerosos y acaso irreparables defectos, pero no del defecto de ser románticos” y al final, ese fino destilado de su carácter, del que he hablado, obró con justicia literaria.



Foto: https://www.revistaarcadia.com/libros/articulo/cuento-colombiano-julio-cesar-londono/61480


Estos relatos, a veces paradojales sostienen ciertos vínculos con las paradojas de G.K.Chesterton y me hacen recordar una hermosa que refiere uno de sus personajes: “claro, como nunca estaban de acuerdo, no podían discutir” y es así, porque la matriz de ese agón estriba en la preocupación de no desear crear otro mundo y más bien está en la preocupación por intentar desentrañar lo desconocido del mundo que habitamos e indagar desde ahí el pensamiento como parte de la condición humana de lo que nos imaginamos es el universo.

Sacrificio de dama contiene catorce cuentos y trece ensayos que comparten dos facultades: la de la invención, y la idea, de que “todos los géneros viven la continua y delicada infracción de sus leyes”. En el relato que da el título al libro, hay un hombre (un ajedrecista) que alterna su tiempo con una máquina (la Chessmaster) una ingeniosa computadora de cuarta generación que desvela sus noches y fatiga sus días, y que, a fuerza de competir con ella, llega a humanizarla y al final la entrega a los niños para que la desguacen.

Hay relatos, como el titulado, Dos magos, que nacen de relatos clásicos, como remarcados palimpsestos. Este es de innegable origen bíblico (segundo libro del Pentateuco, donde se expone el diálogo entre Moisés y el faraón y las calamidades sobrenaturales que azotaron a Egipto) donde una de las cualidades que caracteriza a los personajes bíblicos es ser portadores de extensos soliloquios, recordemos que el soliloquio tiene origen en la plegaria, tal como lo hacen en los Salmos o en los cantos de David al señor. Shakespeare retoma y transforma esos soliloquios, los utilizan sus héroes y heroínas para invocar a los dioses: “Venid a mí, espíritus, quitadme el sexo” o, “soplad vientos hasta agrietar los carrillos”. En el relato Dos Magos, Julio César hace su aporte, pervierte magistralmente esta forma narrativa cuando en medio de las calamidades Moisés se presenta ante el atribulado faraón y le hace de nuevo sus requerimientos. El acierto de Julio está en la manera ingeniosa y atrevida como imagina el diálogo, hablan como dos interlocutores de nuestra época. Observemos:

¿Cómo la ve faraón?
¡Negra, amigo, negra!
¿Nos dejará marchar ahora?




Foto: http://literaturaenelvalle.blogspot.com/2013/02/blog-post.html


Lo paradójico de esas frases tan locales, solo rescatables por la novela de nuestro tiempo, está en que ayudan a la verosimilitud del relato. Uno siente sin objeciones que hablan dos Fulanitos de nuestro tiempo pactando un negocio, y más cuando Moisés vuelve a insistir en la libertad para salir de Egipto seguido de su tribu de hebreos, y Ramses II le responde: ¡Cómo se le ocurre hombre!

Julio es un escritor que escribe con pasión, con amor por el lenguaje. Sabe que las narraciones se hacen con palabras que él pega una a una, con ritmo y cadencia sin que se les vea la costura, por eso debo de aprovechar este espacio para señalar otro prodigio de su literatura; del arte de sus palabras, y es aquello que los críticos rusos llamaron: desfamiliarización (ostranenie) que no es otra cosa que convertir lo cotidiano o lo conocido, en algo extraño, y eso lo podemos apreciar en el cuento titulado, El crimen de Miguelina Daza Montenegro, quien apareció muerta en su habitación, en el cuarto piso del Edificio Amor, en Palmira. Ya sabemos que uno de los propósitos esenciales del arte es vencer los efectos fatales de la costumbre, esa asesina que devora la vida, los muebles, la comida, y que el arte es la única forma que tenemos para recobrar la sensación de estar viviendo por primera vez algo que ya vivimos, y eso lo logra el escritor en el relato de este crimen. Siente el lector que por primera vez le están narrando un asesinato y sus por menores: como los percibimos y no como lo sabemos.

Otra de las facultades de este divertido y hermoso libro, es la capacidad de crear rasgos visuales, como lo demuestra en el relato titulado: La Caza, donde Lina Bauer, una hermosa maestra de primaria, (demasiado hermosa para ser fiel) seduce con su porte y belleza, a los rectores de los colegios, al alcalde, al secretario de educación y a su infante discípulo, que al final de esta historia de seducción, frustración y deseo, solo logra poseer un zapato de ella como recuerdo de ese frustrado amor. Es tan perfecto el rasgo visual del infante abrazado al zapato, que hace días, profusamente me acompaña la imagen de un niño, abrazado a un zapato blanco con una mancha escarlata y tacón afilado, lo veo hablándole, besándolo, y dedicado al onanismo o como el mismo personaje dice: “allí vierto mis lágrimas cuando la tarde promedia y practico el juego más antiguo del mundo”.



Foto: http://www.eafit.edu.co/cultura-eafit/fondo-editorial/colecciones/Paginas/los-pasos-del-escorpion.aspx


Leyendo Sacrificio de dama<, he pensado en el destino de Julio César Londoño como narrador y he recordado que él mismo se ha encarcelado con los barrotes del cuento, celda donde yace cómodo y no quiere salir, y no quiere, porque deplora del género de la novela; sus ripios, sus excesos. Sin embargo, (es verdad que al que no quiere caldo se le dan dos tazas) su narrativa tiene los artificios de ese “deplorable” género, y el buen tono de un versado novelista.

He tratado de no ser indulgente con ninguno de estos relatos y en verdad los he leído con severidad y estoy de acurdo con William Ospina cuando en su columna de El Espectador del pasado abril 7, dijo que era un buen libro. También dijo que el ensayo titulado, Las hormigas, esas gigantes, es el mejor relato que se ha escrito en Colombia. Quiero recodarle a William dos cosas: que las humanidades y la literatura no son susceptibles de verificación, y esta ley que su maestro Borges llamó melancólica: Para rendir justicia a un escritor hay que ser injusto con otros.




Julio César Londoño, escritor.
Foto: http://ntc-narrativa.blogspot.com/2010/10/blog-post.html


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