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'La imaginación al poder' o de los
días en que el mundo dejó de ser el mismo
Por Carolina Abadía Quintero*
Cuando ya se creía que no había nada por qué
luchar, la bandera de la libertad de expresión, del
cambio cultural, de la justicia social y la
reivindicación por el otro, se enarboló. París,
México, Praga, Washington fueron sólo los primeros
escenarios del combate pacífico para cambiar al ya
anticuado y corrupto mundo. Como se expresaba en las
calles parisinas de aquella época, ‘Soyez
réalistes, demandez l'impossible’*.
En la década de los 60´s, el mundo aún conservaba
esos rudimentos sociales que impedían a los y las
jóvenes de la época hacer uso libre de su
existencia. El pensamiento rebelde inspirado en la
revolución triunfante de Castro y Guevara, en la
liberación de Argelia y en el ámbito político de la
Europa Oriental, animaba el espíritu de aquellos y
aquellas que demandaban del ‘statu quo’ imperante,
renovados aires de libertad.
Una nueva fuerza social reclamaba cambios al mundo,
criticaba la inequidad social del sistema
capitalista imperante en muchas naciones, rechazaba
las invasiones e incursiones violentas de los
territorios, se burlaba de la parsimonia y
mojigatería de la sociedad y la cultura reinantes.
En el año del asesinato de Martin Luther King, las y
los estudiantes se movilizaron para demostrar cómo a
partir de las ideas, la espontaneidad, la
imaginación, la academia y la cultura aún se podía
construir una mejor utopía mundial. ‘¡¡Alle, alle
París!!’
París era una fiesta

Mayo del 1968. Sí, París era una fiesta, ‘un
carnaval’, en palabras de Antonio Caballero, un solo
movimiento cultural, social y existencial en el que
se reclamaba por el cambio educativo, salarial y
hasta sexual. En París murieron los prejuicios
sociales ahogados por una nueva onda juvenil
comprometida con la superación del caos mundial. ‘La
barricade ferme la rue mais ouvre la voie’**.
Sí, las barricadas
cerraron las calles, pero abrieron las vías
aglutinando estudiantes, trabajadores y, en general,
parisinos y parisinas que le pedían al héroe de la
guerra, al general Charles De Gaulle, más apoyo a la
clase estudiantil y sindical, mayor inversión
educativa, incremento de salarios y control sobre
las fuerzas policivas.
Todo inició por los días de marzo en la Universidad
de Nanterre, cercana a París, donde Daniel Cohn
Bendit, ‘Dany El Rojo’ para el mundo, y otros
compañeros se tomaron las instalaciones
universitarias para protestar a favor de la libertad
de expresión política estudiantil y en contra del
anticuado sistema universitario, incapaz de generar
soluciones laborales al gran número de graduados. La
respuesta contra los protestantes fue la detención y
el allanamiento. El resultado: un movimiento
espontáneo de apoyo a los compañeros perseguidos. La
Sorbona es ocupada el 3 de mayo, con fuertes
enfrentamientos entre estudiantes y transeúntes con
la policía, protagonista cruento de la represión
ejercida en las barricadas parisinas.
Para el lunes 6 de mayo el barrio Latino se
encontraba sitiado y las barricadas delimitaban el
territorio de protesta; las manifestaciones surcaban
el Campo de Marte y el Arco del Triunfo. Las misivas
de izquierda impregnaban los discursos y las
proclamas de los ‘revoltosos’, los graffitis
inundaban las paredes, las consignas en contra del
presidente De Gaulle y el ministro Pompidou atizaban
la crítica al sistema. Para el miércoles 8, el
Partido Comunista da su apoyo a la movilización. El
10 de mayo, 30.000 son los estudiantes que marchan
hacía la Sorbona, tomada por la policía. El lunes 13
los sindicatos se unen a la huelga general; 200.000
marchan por el centro de París exigiendo el cambio
de gobierno. Entre el 14 y el 24 de mayo los
agricultores de Nantes, los controladores aéreos,
los maestros, los trabajadores de la Renault, de las
minas de carbón, de los bancos, del transporte, de
los astilleros del gas y la electricidad, entre
otros, se unen a la huelga.
La legitimidad de la V República francesa estaba en
entredicho. De Gaulle, quien se encontraba fuera de
Francia, sale en televisión el 24 y 31 de mayo
prometiendo un incremento del 35% en el salario
mínimo y el 12% de los trabajadores medios, la
disolución de la Asamblea Nacional y el adelanto de
las elecciones presidenciales. El 5 de junio, los
sindicatos, en su totalidad, habían levantado las
huelgas, mientras que los estudiantes que salían a
protestar eran reprimidos violentamente por la
fuerza militar. De Gaulle es reelecto por el 60% de
los votantes, declarando que “La
República no abdicará. El pueblo se recobrará. El
progreso, la independencia y la paz triunfarán junto
a la libertad".
Muchos se atreven a aseverar que las protestas
parisinas que movilizaron a más de 10 millones de
manifestantes fueron un fracaso en la medida en que
no lograron un cambio tácito en la sociedad y la
política francesas. Sin embargo, las barricadas, las
marchas y los comités realizados en ese mayo del 68
en París fueron victoriosos, pues se le demostró al
mundo que era necesario reevaluar las estructuras de
pensamiento, derrumbar las tradiciones conservadoras
y considerar a la juventud, y en especial a los y
las estudiantes, como nuevos agentes aglutinantes y
lideres de nuevos paradigmas de cambio. A pesar del
triunfo de De Gaulle, París le demostró al mundo el
colmo de su ancianidad y de su represión. Era la
hora de cambiar.
La masacre en las tres culturas
“No queremos Olimpiadas, queremos revolución. No
queremos Olimpiadas, queremos revolución”, voceaban
los estudiantes en contra del presidente mexicano
Gustavo Díaz Ordaz. Los estudiantes universitarios,
agrupados en el Consejo Nacional de Huelga (CNH), se
movilizaban desde el mes de julio en contra de la
pobreza, la miseria y el autoritarismo de un Estado
incapaz de solucionar sus disputas sociales. La
fuerza militar, con 10.000 de sus efectivos, reprime
las manifestaciones irrumpiendo el 18 de septiembre
en el campus universitario de la UNAM, generando la
indignación y resistencia de las directivas
universitarias y educativas del país.
A pesar de la represión militar, los estudiantes
continuaron sus protestas y el 2 de octubre un gran
número se congrega en la plaza de las Tres Culturas,
ubicada en el barrio de Tlatelolco, en Ciudad de
México. En el mitín de carácter pacífico se
infiltran militares vestidos de civil. Las entradas
a la plaza son bloqueadas por tanques. En las
azoteas de los edificios, decenas de militares se
encuentran apostados con ametralladoras. 6:10 p.m.:
un helicóptero que pasa cerca a la plaza lanza tres
bengalas. Esa es la señal. De un momento a otro la
protesta se convierte en caos. Los militares
disparan sin justificación. La orden de atentar
contra la manifestación es dada por el presidente.
“Es la primera vez en mi larga trayectoria que veo a
soldados disparándole a una multitud encajonada e
indefensa”, manifestó tiempo después la periodista
Oriana Fallaci, testigo de los hechos. Las cifras
oficiales hablan de 20 muertos, mientras que
algunos medios de comunicación internacionales
afirman que fueron más de 300 los muertos, 500 los
desaparecidos, cerca de 1.500 heridos y 2.000
estudiantes detenidos.
La impunidad ronda esta matanza, pues 40 años
después, aún el Estado mexicano no ha esclarecido
los hechos y no se digna a juzgar a los
responsables. “¡Qué gran vergüenza mirar la plaza
día tras día sin saber cuántos ni quiénes eran los
muertos!”, expresa Elena Poniatowska, reconocida
escritora y periodista mexicana, su libro ‘La noche
de Tlatelolco’. Sin ser invitado y en contra del
espíritu de una década en el que la libertad y la
justicia fueron pedidas a voces, el silencio es el
mayor protagonista de la masacre de Tlatelolco.
Una primavera sin flores
Praga. 20 de agosto de 1968. 200.000 soldados, 2.000
tanques y 700 aviones invaden la capital de
Checoslovaquia. El 'socialismo de rostro humano'
proclamado por Alexander Dubcek, secretario del
partido comunista checo, iba en contra de la
política propuesta para el bloque soviético por el
Politburo en Moscú. Libertad de expresión y de
prensa, pluralización política, liberación de presos
políticos, derecho a huelga, descentralización de la
industria fueron sólo algunas de las medidas
liberalizantes propuestas por Dubcek, quien hacía
eco al llamado de una sociedad temerosa del poder
liderado por Rusia, desde 1948. La primavera por fin
había llegado a Praga.
La humanización de la política socialista, vista con
gran esperanza por checos y eslovacos, fue coartada
por la represión militar de la U.R.S.S., potencia
que en cabeza de Leonid Brezhnev temía el posible
ingreso del capitalismo a Checoslovaquia. Las
marchas no se hicieron de esperar. Los
checoslovacos, en su mayoría jóvenes, pacíficamente
protestaron en contra de la represión, siendo
rechazados por las balas opositoras. Después de la
invasión, el régimen del partido comunista soviético
volvió a imponerse, acallando las voces de los
intelectuales, expulsando al 20% del partido checo y
condenando al ostracismo a Dubcek, quien terminó de
guardia forestal en Eslovaquia. La dulce primavera
vivida de enero a agosto de 1968 fue reemplazada por
el cruel invierno soviético. De nuevo las voces eran
acalladas.
Peace and love, Vietnam
Los 60´s trajeron consigo un cambio ostensible en la
conservadora sociedad norteamericana. Mientras que
Martín Luther King hablaba de igualdad en los
derechos civiles para blancos, negros, amarillos,
hombres y mujeres, las facultades universitarias
cimbraban, pues en los pasillos se hablaba de
generar cambios, de protestar por la injusticia y de
criticar al sistema. Finalmente, el detonante se
dio. En 1965 el presidente Lyndon B. Johnson
declaraba la guerra a Vietnam, nación ubicada en la
península Indochina, que reclamaba a Francia su
independencia. En abril de ese año, la SDS (Students
for Democratic Society) convoca a una marcha en
contra de la guerra en Washington. 25.000 personas
pacíficamente y tomadas de las manos le dicen no a
la invasión. Para 1968 el movimiento estudiantil se
masifica, mientras la Universidad de Columbia se
declara en huelga por dos meses. La movilización
política y pacífica es acompañada por el
florecimiento de una contracultura juvenil que le
decía al mundo 'Peace and love' y 'hagamos el amor y
no la guerra', mientras se proclamaba la libertad en
un carnaval de rock and roll y éxtasis en Woodstock.
A diferencia de las movilizaciones europeas y
latinoamericanas en las cuales se manifestaba y
protestaba a favor de unas reividincaciones
sociales, permeadas por la ideología de izquierda,
en Estados Unidos el movimiento era apolítico y más
de orden simbólico.
En general, los y las jóvenes que marcharon y
protestaron a lo largo y ancho de la esfera mundial,
en la década de los 60´s, reclamaban una nueva
utopía colectiva, justa y libre, tal y como lo
cantaba Jim Morrison “We want the world and we want
it now”... ‘¡¡queremos el mundo y lo queremos
ahora!!’
Bibliografía
Eric Hobsbawm. Historia del siglo XX. Barcelona:
Editorial Crítica.
Henry Weber. Mayo 68: un ensayo general. México:
Ediciones Era.
Elena Poniatowska. La noche de Tlatelolco. México:
1971.
Noam Chomski. Los nuevos intelectuales. México.
F.C.E.
Magazin Dominical, El Espectador. N° 813 y 266.
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