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 “No hay uno sino varios García Márquez”  “si hay algo que imitarle es su actitud frente a la literatura” 

En el pasado Congreso de la lengua, en el parque Bolívar de Cartagena de Indias, los escritores Óscar Collazos -  cuya última novela, Rencor, le ha merecido una gran acogida de público -, y Héctor Abad Facio Lince – autor de El olvido que seremos, el libro más leído del 2006 en Colombia – hablaron del significado de la obra de García Márquez y de su magisterio como uno de los más influyentes escritores de la lengua española en el mundo. 

Óscar Collazos 

¿Cuál es la vigencia de García Márquez?  Por supuesto que la vigencia es plena, hace 60 años García Márquez publicó en El Espectador su primer cuento, La Tercera Resignación, los que leyeron ese cuento hace mucho tiempo recordaran que es el relato de una persona que va narrando las sensaciones de su propia muerte y uno llega un momento en el que no sabe si se está muriendo o sigue todavía vivo. Ese cuento fue publicado hace 60 años, dígame ustedes sino se puede hablar de vigencia, ese es uno de los cuentos con los que García Márquez inicia su trayectoria de escritor y la revelación de escritor tuvo inmediatamente una repercusión extraordinaria, tan extraordinaria que un año y medio después del 9 de abril cuando García Márquez viene a refugiarse a Cartagena, no lejos de aquí del parque Bolívar, en la redacción del periódico El Universal, se presenta a buscar trabajo y el trabajo se lo dan precisamente por haber publicado entre otros este cuento, La tercera Resignación en el periódico El Espectador

Hace 52 años apareció La hojarasca, la primera novela de García Márquez, quizá la primera novela experimental de una obra que después renunciaría a la complejidad  de esta primera novela.  Para resumir ésta habla de la historia de un muerto al que el pueblo no quiere enterrar, narrada desde 3 puntos de vista, esa experimentación evidentemente para los críticos literarios y para los lectores un poco más sofisticados estaba mostrando cuáles eran las lecturas  que habían influido  mucho en García Márquez,  sin duda se trata de la huella de William Faulkner y de Virginia Wolf. La historia es contada desde 3 perspectivas diferentes, lo que enriquece el relato, sin embargo, la novela siguiente de García Márquez, El coronel no tiene quien le escriba, es una novela formalmente diferente así como en La Hojarasca ya en el prologo de la novela nos habla de Macondo, es decir La Hojarasca funda a Macondo, en El coronel no tiene quien le escriba, Macondo desaparece y esa primera novela de complejidades se transforma en una novela lineal y con un lenguaje muy transparente con una gran economía, con una objetividad obsesiva en la narración de los comportamientos, como si una cámara cinematográfica estuviera guiando los pasos del coronel, de su esposa, del drama doméstico, el gallo, el pueblo, la solidaridad  que hay alrededor del personaje. Porqué pongo estos 2 ejemplos, porque no hay un García Márquez, hay muchos García Márquez y lo traigo a cuenta aquí para rechazar la simplificación que habla de un García Márquez absolutamente macondiano, por un García Márquez solamente entregado a lo que se llamó el realismo mágico, de ninguna manera, hay varios escritores en García Márquez, la simplificación no es más que una reacción facilista que hacen algunos lectores perezosos y unos docentes o profesores o críticos para evitar precisamente hablar de la complejidad de García Márquez.  

Finalmente, quiero proponer aquí precisamente  esto que hablamos del legado de un escritor donde hay muchos escritores y de una personalidad que trata precisamente  de evitar el encasillamiento,  de evitarlo hasta tal punto como el que se produce en 1967, es decir hace 40 años,  el milagro de la publicación de Cien años de soledad, que es la fundación y desaparición de Macondo, la fundación y desaparición de una estirpe, la fundación y desaparición también de una gran metáfora sobre América Latina  y quizá también  sobre el universo inmediatamente después. Para negarse a repetir los aciertos de Cien años de Soledad, García Márquez se embarca  en la más complejas de sus aventuras, El otoño del Patriarca, la más difícil de sus empresas literarias. Alguna vez Gabo dijo que precisamente porque los miles y miles de lectores de Cien años de soledad habían vivido regocijados con esta gigantesca fábula sobre Macondo, esperaron que García Márquez, el escritor, les ofreciera más de lo mismo, y su reacción de escritor fue precisamente todo lo contrario, no va más de lo mismo. Quizá García Márquez  tuvo en cuenta esa frase de Pablo Picasso: “es preferible que un artista copie a otro que se copie a sí mismo”. Estas son las propuestas que yo dejo para abrir este debate alrededor de la obra de García Márquez.  

Héctor Abad Facciolince

Decía Collazos que estamos hablando a los pies de Bolívar, estamos hablando debajo de los cascos del caballo de Bolívar y a mi me parecería interesante hablar de la relación entre los escritores y el poder, partiendo de García Márquez y de lo que ha pasado hoy aquí, el homenaje del IV Congreso de la lengua al creador de Macondo,  que ha sido un evento tan importante tan emocionante en cierto sentido. Decía Mauricio Vargas que entre los personajes de García Márquez no hay triunfadores, sin embargo, hoy evidentemente, no el personaje sino el escritor de esos personajes ha sido el gran triunfador, y entonces uno podía preguntarse si él si sigue siendo un hijo más del telegrafista de Aracataca y si sigue siendo fiel a eso que el mismo contó de su abuelo, que cuando le preguntaron porqué en el tren viajaban en segunda clase contestó: porque no hay tercera.  

Hoy que estábamos todos nosotros, de vestido  y de corbata en este gran homenaje a García Márquez, yo me preguntaba si hacíamos bien estar así encorbatados frente a los reyes, frente al presidente Uribe, a Bill Clinton, frente a todos los poderosos oyendo himnos y discursos y me acordé de una cita de Antonio Machado, de su alter ego, del libro de Juan de Mairena, donde un alumno le presenta un trabajo en 4 partes, la primera parte contra los que aceptan los banquetes en su honor, por considerarlos fatuos y engreídos, la segunda contra los que declinan el honor de los banquetes por hipócritas y falsamente modestos, la tercera contra los que asisten a esos banquetes por ser parásitos del honor ajeno, y la cuarta contra los que no asisten a esos banquetes por envidiosos del merito, en realidad es como si no hubiera solución en nuestra actitud vital. Cuando Mairena le pregunta al alumno qué cómo va a poner ese trabajo, y él dice,  Contra los banquetes,  Mairenaa le replica,  no,  mejor Contra el género humano a propósito de los banquetes. Realmente uno no puede decidirse como actuar, si ponerse o no la corbata, y cuál es la actitud de un intelectual frente al poder. Hemos hablado muchas veces de la grandeza de la obra de García Márquez, de la que yo no tengo ninguna duda, pero hay una, digamos frente al poder, que bien nos la ilustra una anécdota que nos puede definir las dos opciones que tienen los artistas  frente al poder. Es una anécdota de Goethe y Beethoven. Una vez que Beethoven le hizo una visita a Goethe en Weimar y ellos iban paseándose por un camino conversando y de repente por ese mismo camino se apareció en sentido contrario la familia imperial, entonces Goethe se hizo a un lado a la vera del camino, se quito el sombrero, hizo una reverencia y saludó al duque,  mientras que Beethoven cogió su sombrero y se lo hundió más, se puso las manos atrás y siguió caminando como cualquier cosa y ni siquiera los saludó. A Goethe le pareció una terrible descortesía lo que había hecho Beethoven y a Beethoven le parecía que Goethe era un cortesano obsequioso y despreciable y en su diario escribió lo siguiente: por ventura no somos superiores a todos esos individuos, ellos pueden dar títulos nobiliarios, pueden dar condecoraciones pero no pueden hacer a los grandes hombres, a los espíritus que se elevan sobre el fango del mundo  y cuando están juntos 2 hombres como Goethe y yo esos señores tienen que sentir nuestra grandeza. Esta anécdota revela esos 2 caminos, la de un artista romántico que piensa que él no es inferior a nadie y mucho menos a los nobles y un artista que todavía está más apegado a una Europa del mecenazgo que les debe a los señores su buena posición. Yo creo que García Márquez, por lo menos hoy por algo que contó García de la Concha en su discurso, asumió digamos una vía intermedia, el contó que había ido a visitar al rey, y al rey hay que tratarlo por lo mínimo de usted y más todavía de vos, eso en Antioquia nos quedaría fácil, pero para un costeño que bonito lo que contó García de la Concha que le dijo García Márquez, que fue tutearlo y decirle, tú rey tienes que ir a Cartagena. Y hoy viendo lo que pasaba en este teatro yo me preguntaba cuando llegó Clinton en la mitad del acto, hoy que estamos asistiendo en directo a algo especial, a la apoteosis de García Márquez, a la apoteosis de un escritor nacional, yo me preguntaba quien le estaba haciendo un homenaje a quien, es decir si García Márquez estaba haciéndole reverencia al rey, a Uribe, a Clinton y a todos o sino sería más bien lo contrario, que eran ellos los que estaban agasajando a García Márquez y que él es más héroe beethoveniano que un héroe goethiano. 

 Es muy raro lo que vivimos hoy, a mi me impresionó mucho, por eso cambié lo que iba a decir, lo que tenía preparado porque muchos países del mundo tienen un escritor nacional y algunos esa gran gloria les toca vivirla en vida, por ejemplo Goethe es el escritor nacional y su gloria la vivió en vida, Tolstoi es el escritor nacional de Rusia y también, fue muy agasajado en vida, Víctor Hugo el gran escritor nacional de Francia,  un millón de personas asistieron a su entierro en Paris. También hay escritores nacionales que se han vuelto tales después de su muerte como Cervantes o Shakespeare, porque en tiempos de Cervantes el verdadero escritor nacional era Lope de Vega, que también era una persona muy cercana al poder, y digamos Rulfo también podría haberse vuelto un escritor nacional en México después de su muerte. Esto como ven lo dejo en un terreno ambiguo. Para mi García Márquez que en el terreno de la literatura no tienen ni siquiera comparación posible, es un gigante frente al que todos los escritores que ha habido en Colombia y que hay parecemos enanos, en la literatura es así frente a su actitud frente al poder, a mi me parece que ha sido tal vez sobre todo en el caso de Fidel Castro, la única manifestación de una debilidad humana, que no importa que la tenga porqué él no es un dios, sino un ser humano.

 

Sobre su vigencia para los escritores actuales, la pregunta que nos hicieron en este foro, yo siempre o generalmente hasta ahora había  asumido una postura que era como muy tranquila,  yo decía, García Márquez no es un problema para nosotros que venimos 2 generaciones después de él, porque nosotros podemos verlo más que como un padre al que hay que matar, como un abuelo y más aun lo podemos ver como un clásico, como Homero, una persona que se puede leer en papel de Biblia y encuadernado en cuero,  pero en realidad después yo lo he pensado mejor y releyendo precisamente El amor en los tiempos del cólera, que citaba ahora Gioconda, a mi me da la impresión de que la potencia narrativa de García Márquez, esa gracia sobrenatural que tiene él para narrar,  si produce por lo menos en mi, muchas veces ha producido una gran depresión, la sensación de que realmente no vale la pena escribir en el mismo país y en la misma época que García Márquez. Hay una novela muy buena de Tomas Bernard que se llama El Malogrado, de un intérprete de piano excelente, un buen interprete de piano, después de oír a Glenn Gould, no vuelve nunca más a tocar, porque dice, al lado de él  yo soy un imbécil. Yo tantas veces me he sentido como un tartamudo al lado de un gran orador cuando leo algo de García Márquez, que muchas veces me he preguntado si valdrá la pena seguir escribiendo, tal vez lo único que me salva es lo que dijo alguna vez otro gran escritor nacional, Voltaire, que dijo, que nos aconsejó a todos cultivar nuestro propio jardín y mi propio jardín, muestro propio jardín, seguramente no tiene unos frutos tan rojos, tan grandes, tan dulces, tan maravillosos  como el jardín de García Márquez, no tiene racimos tan jugosos, ni rosas de tantos colores como su maravillosa obra, pero nosotros, yo puedo ofrecer por lo menos una lechuga marchita, una coliflor y hay otro punto por el que no renuncio, y ¿por qué no renuncio?, porque  sería como renunciar a mi propia hija, a no tener hijos porque se que no va ser tan bonita como Florina Lemaître o tan inteligente  como Tony Morrison, y no, así como uno quiere tener sus propios hijos sean como sean, uno también quiere tener sus propios libros. 

 Y aunque la gran obra de García Márquez produzca esa sensación de ser inadecuado, de que él es tan grande que uno es muy torpe hay algo bueno que si es imitable, estoy completamente de acuerdo con los que piensan que además su obra no se puede imitar y que los imitadores de García Márquez son la peor peste de América Latina y que incluso García Márquez se ha imitado a sí mismo y cuando se imita a sí mismo también es malo. Lo que si es imitable es su actitud frente a la literatura,  lo que si es imitable es el ejemplo de sentarse todos los días toda la mañana a escribir, tal vez porque como decía un sabio español, muchas veces el genio está en las nalgas, hay que insistir. Aún García Márquez tuvo que sentarse y tuvo que tener la genialidad de sus nalgas en muchas horas sentado frente al teclado del computador.