Cine – Lavaperros. El éxito parcial

Lavaperros
El éxito parcial

El filme del caleño Carlos Moreno ha generado polémica en redes. Sin embargo, en su segunda semana desde el estreno, sigue en el top 10 de lo más visto en Netflix.


Por: Lady Lorena Tello
Estudiante de Lic. en Literatura




Foto: https://cutt.ly/2x9sOkx


Lavaperros, dirigida por Carlos Moreno, se estrenó el 5 de marzo en Netflix. Desde entonces ha sido una de las películas más vistas en la plataforma a nivel nacional y ha generado polémica, al ser el escenario una vez más el mundo del narcotráfico. La producción contó con la participación de algunos actores de larga y reconocida trayectoria como Christian Tappan.

Filmada entre Tuluá y Cali, la película dista de otras producciones en cuanto a la forma de contar la historia y la manera irónica en la que presenta a sus personajes. A pesar de que Lavaperros está sumergida en ese bodrio mundo, el contexto es solo una de tantas posibilidades en el que los bandidos arreglan sus asuntos sin piedad. Cuenta a El Tiempo Christian Tappan: “Lavaperros no es sobre narcos…Se trata de un retrato de personajes … el cine y la televisión en este momento está contando historias a partir de relaciones humanas y creo que lo otro (el ambiente narco) es solo la excusa para desarrollar esas historias”. A su vez afirma el director en una entrevista también para El Tiempo, que “Lavaperros no es una película de narcotráfico, es algo más”.

En esta historia Don Oscar es un narco sin poder y sin plata, endeudado, el cual pareciese ya no tener un rumbo de vida, su actuar es torpe e impulsivo. Metido hasta el tuétano en la droga y los excesos, comienza a presentarse como una molestia que solo maltrata a sus subordinados Milton, Freddy, Bobolitro y a su esposa. Pero toda acción tiene consecuencias, y Don Oscar no es la excepción a la regla. La vida de dicho mafioso está al borde del precipicio, la película se burla de esa imagen preponderante construida a través de otras películas, telenovelas y novelas colombianas sobre el narcotráfico pero con tintes irónicos, de ahí su etiqueta de comedia negra. No obstante, el público lo ha percibido distinto, la trama se vuelve confusa, el ritmo tedioso, las escenas sangrientas y las muertes algo predecibles, y el final un poco desconcertante.

Dentro de la película hay algunos puntos importantes que han distorsionado la intencionalidad del filme, principalmente dos. En primer lugar, la falta de profundidad en los diálogos y, al darle un gran protagonismo al contexto, la embolsa sin querer en otra película más de narcos, temática bastante trillada en el cine y la televisión nacional. Las interacciones y los diálogos entre los personajes parecen demasiado simples, ante un escenario tan denso. Si bien la ira, la rabia, predominan, pero eso es lo que ya se conoce de ese mundo, si se quisiese retratar aspectos más a fondo sería necesario indagar en otras facetas de la vida de los personajes y su evolución psicológica y social no solo frente al del narcotráfico. Sin embargo, en el papel de Bobolitro existe un contraste genuino de su personalidad. Este hombre es uno cuando está con los caninos de la mansión – de hecho, parece gozar de bañarlos- o en la iglesia, y otro al reaccionar a una situación violenta resolviendo matar. Dicha ambigüedad amplía la percepción de su psicología, mostrando que hace otras cosas más allá de dar bala o vigilar la casa de su patrón.

En segundo lugar: el formato. Laura Rodriguez, estudiante de Comunicación Social de Univalle, quien pudo participar como asistente de fotografía, la cual estaba a cargo de Eduardo Carvajal – quien confió en su trabajo y su talento- , cuenta en una entrevista para La Palabra: “La película es muy cercana a la televisión”, de ahí la sensación de estar viendo un capítulo de una telenovela. La intención de acercar al espectador a la realidad en este formato falla en contra de sus pretensiones, porque se encasilla con otros referentes cinematográficos y televisivos de esta índole, por lo que muchas y muchos difícilmente percibirían la trama de una forma distinta a la de estos.

Al terminar de ver la película queda una especie de sin sabor, algo faltante para hacerla memorable, está bien hecha, pero muchos son los puntos cuestionados: los diálogos, la presentación de los personajes, el formato y principalmente el contexto en el que se entreteje esta producción cinematográfica, a su vez el tratamiento de este. Otros aspectos deberían destacarse más y así no entrar al mismo plato del cual los espectadores, en Colombia, ya están saciados, este público desea ver la realidad del país en otras facetas, así sea dentro de las mismas problemáticas sociales como el narcotráfico.

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