Cine – El Joker

El Joker

¿Dónde está el tóxico cuando decimos que alguien es tóxico?


El 3 de octubre se estrenó Joker. Su gran acierto: plantearnos interrogantes sobre lo que hacemos y somos.

Título original: Joker

Director: Todd Phillips

Duración: 123 minutos

Por: Jorge Medina
Licenciado en Literatura




Foto: https://www.nerdinfinite.com/the-final-joker-trailer-is-here-so-lets-talk-about-todd-phillips/


La risa es la expresión de la alegría y el llanto es la del dolor. En ocasiones ocurre un encuentro en el desencuentro del dolor y la alegría, convirtiendo una carcajada liberadora en un tortuoso dolor abdominal acompañado de dos o tres lágrimas. La vida nos recuerda la convivencia de las oposiciones. Joaquin Phoenix representó, magistralmente, a un hombre cuya risa no camina de la alegría al llanto, sino que parte del dolor incontrolable y no consigue el placer de la risa; habita el desequilibrio. La película debe verse en su idioma original para apreciar la labor del actor. La risa del Joker es punzante, tanto para Arthur Fleck (el Joker), como para quienes le rodean. Es un gesto causado por una condición médica: el síndrome pseudobulbar, caracterizado por provocar ataques de risa o de llanto.

Su risa es debilitadora y nace de la debilidad interior de Arthur Fleck. Es debilitadora porque pocos podrían soportar esa macabra ambivalencia orgánica, ese horizonte sin una limitación clara del color, sin una definición. La respuesta social es distanciarse, alejarse de un hombre que no revela una posición clara y que, por lo tanto, perturba el estado “natural” de las cosas. Así, esa debilidad se potencia en esa marginación. Desde luego, nadie está obligado a permanecer en una situación incómoda y es por eso que se pregona, constante y sonante, que uno debe alejarse de la gente tóxica. ¡Desde luego! ¡Alejarse! Refugiarse en el egoísmo, procurando la salvación de uno en contraposición con la salvación de los demás. Nadie está obligado, pero es peligrosa esa afirmación que quiere pasar por ley saludable. ¿Quién se cura? Un acierto de la película es preguntarnos: ¿a quién estamos creando con nuestros actos? Y ¿cómo vamos en el trato con quienes padecen trastornos mentales?

La película contiene un desarrollo pausado con el que pretende revelar intensamente (con un sólido acompañamiento musical) algunos de los episodios que marcan el perfil psicológico del protagonista. Así, el filme se construye en un registro de lo biográfico, en una recuperación de la experiencia vital de un hombre. Para ser preciso, hay que decir que el Joker es de corte naturalista, puesto que Arthur Fleck es pensado como un punto en el que interceden las diversas líneas sociales que acaban configurándolo como el villano opositor de Batman. En ese registro biográfico de Arthur Fleck, se descubre que la causa de su macabra risa no es exclusivamente neurológica, puesto se le asocia a la soledad, miedo, angustia; es la expresión de una parálisis emocional que transita desde el ideal que Arthur tiene de sí mismo, elaborado casi en totalidad por su trastornada madre, y el ideal de ser social que impera en la sociedad.

A Batman, el ídolo, todo se le celebra: impone una justicia en una ciudad devastada por el odio y la corrupción. La impone con el dinero heredado, con el que elabora los artefactos que, junto a su rencor, lo convierten en uno de los súper héroes más queridos por el público. A Batman también lo creó una sociedad, y esto es clave: lo creó con el dolor, lo alimentó con el odio. En esto no hay diferencia entre Bruce Wayne y Arthur Fleck: están moldeados por el sufrimiento. ¿En qué podrían diferenciarse? Uno diría: el primero quiere castigar al malvado, pero ¡Ojo!, Arthur Fleck también quiere dar castigo. Ambos se encuentran batallando contra un sentimiento de injusticia.

Batman quiere mantener el orden; el Joker no confía en ese orden, puesto que la sociedad está dividida entre los privilegiados (donde destaca Bruce Wayne) y los desposeídos. Arthur no es solamente rechazado por la “gente de a pie”, sino también por las instituciones; el recorte presupuestal a los servicios sociales le impide dos cosas: seguir acudiendo a unas terapias necesarias (aunque con una indolente terapeuta) y continuar recibiendo una medicación necesaria. En esto, la marginalización a la que se ve sometido es doble: desde la “gente del común” y desde los que tienen el poder institucional para salvaguardar a los ciudadanos.

Entre Batman y el Joker hay un intercambio de odios, no hay encuentro, no hay conciliación; coexisten en la repulsión y el deseo de castigar. ¿Cómo definir al héroe y cómo definir al villano? Hay una diferencia, sustancial: Arthur Fleck padece un trastorno mental. Ahora bien, no se debe caer en un error: el Joker no puede ser un héroe, un modelo a seguir (no debe serlo, pero lo es); él es la revelación de una deplorable condición social e institucional, cuyos venenos transitan por los lazos que se tejen en sociedad y cuyos tóxicos recipientes, generadores de villanos, vamos acumulando, poco a poco, en los pasillos exteriores para refugiarnos en nuestros cuartos. Tenemos miedo. Somos una sociedad traumatizada.

Por todo esto, el gran acierto de la película es preguntarnos: ¿qué es lo que hace que los súper héroes sean nuestros héroes y que sus villanos sean nuestros villanos?




Todd Philips, cineasta estadounidense.
Foto: https://myrepublica.nagariknetwork.com/mycity/news/todd-phillips-confirms-r-rating-for-joker

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