Cine – Cruella. Más allá de moda y poliosis

Cruella
Más allá de moda y poliosis
La esencia de una maldad performática

La película de Disney Cruella es la justificación del comportamiento malévolo y extravagante de una de las villanas cinematográficas más fascinantes de la cultura pop. Es una apología a la necesidad de responder al instinto primario de supervivencia: manifestación perversa, latente y natural que, a partir de traumas infantiles, comportamientos delictivos, artísticos, perfomáticos y fashionistas, encarna la dualidad del ser.


Por: Jhonedyer Henao Flórez
Estudiante Lic. en Literatura y Sociología
Univalle

Título: Cruella
Director: Craig Gillespie
País: Estados Unidos, 2021
Duración: 134 minutos




Foto: https://disneylatino.com/peliculas/cruella


El filósofo inglés Thomas Hobbes expresó en su pensamiento la existencia de una lucha continua del hombre contra sus semejantes. Dotó con su teoría a la condición humana de un estadio natural de salvajismo y maldad. “El hombre es un lobo para el hombre”, escribió en El leviatán buscando la justificación del accionar bárbaro, atroz y perverso del ser humano. Desde otro ángulo, también es conocida la frase “el hombre es bueno por naturaleza”. Está expuesta en Emilio, o de la educación, obra del filósofo francés Rousseau, para sustentar la orientación natural del hombre hacia el bien, amparado en la tesis del buen salvaje. La ponderación de las dos posturas plantea la misma vieja cuestión: la naturaleza del ser. El sociólogo Émile Durkheim y el antropólogo Claude Lévi-Strauss responden al cuestionamiento a partir de la dualidad en la organización social y religiosa con base en el tótem. Es así que la composición y explicación del mundo y del ser humano se da en razón de la dualidad: bien y mal; hombre y mujer; noche y día; o desde un arquetipo griego: lo apolíneo y lo dionisiaco.

Independiente de la banalidad que otorga la comercialización industrial del cine, la película Cruella dibuja el cuestionamiento sobre la dualidad del ser. Su director Craig Gillespie, recordado por I, Tonya (2017), plantea una interpretación de la estrambótica villana llamada Cruella. Es un entretenido live action de Disney en el que se narra la niñez de Estella (Tipper Seifert-Cleveland), una pequeña genio, rebelde e incomprendida, con una peculiar característica originada por una poliosis que platina la mitad de su cabello, resaltando así, junto a sus personalidades, una dualidad –el bien y el mal- que por cuya existencia explica el origen, la evolución y la madures de su alter ego: Cruella (Emma Stone).

Buscando justificar la lucha de los dos caracteres del personaje y su comportamiento perverso y vengativo, Gillespie propone una narración poco innovadora. La inexistencia de novedad en la estructura de la pieza no le resta mérito, puesto que lo que ofrece responde de forma entretenida a los intereses del mundo Disney. Una de las virtudes de la película radica en el equilibro estético plasmado por su director. Saber hasta qué punto llevar lo maligno y lo perverso sin abandonar lo divertido es un gran acierto, por ejemplo, con el uso de la animación de caninos con el fin de buscar risas y ternura o el uso del punk-rock, la moda y la performance como mecanismos expresivos de una genialidad comprimida en el lado oscuro de Estella. Es así que la dualidad será en la estructura, historia y protagonista, el núcleo narrativo.

Presentar una villana bajo esa dualidad no es un capricho artístico, es la manifestación de una representatividad antropológica de la sociedad. Para nadie es un secreto que el éxito de los superhéroes y la aceptación de los villanos es una cuestión de identidad, son las proyecciones ideales de una sociedad que busca materializar sus anhelos culturales en símbolos que representen lo que no deben ser, lo que no se atreven a ser o lo que no pueden ser.

Pensar y exponer el tema de la dualidad del alma humana no ha sido tarea sólo de la filosofía, la antropología o el cine. Gillespie resignifica a una villana con una humanidad abordada también por la literatura. En concreto, Robert Louis Stevenson dotó a uno de sus célebres personajes con la necesidad de separar voluntariamente “esas dos zonas del bien y del mal que dividen y componen la doble naturaleza del hombre”, en el décimo capítulo de El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde Henry Jekyll lo confiesa: “el hombre no es realmente uno, sino dos”. Es por esto que la construcción del personaje en la película, a partir de la dicotomía Estella-Cruella, funciona: recoge esas dos zonas del bien y del mal que expone Stevenson como proyección ideal de una representatividad antropológica. ¿Cuántas veces no ha querido usted imponer su punto de vista sobre los demás sin importar los protocolos del diálogo, el respeto y la tolerancia o demás valores éticos y morales? Cruella no sólo lo quiere, también lo ejecuta. El personaje, con la finalidad de infligir su genialidad y su venganza, expresa e impone en la moda una maldad performática. Es un personaje que el deber supone repudiar, pero los matices de su humanidad, sumado a la propuesta estética del director, lo impiden, puesto que en la cultura pop la villana, en su dualidad y en el mismo esquema del superhéroe, encarna anhelos humanos reprimidos por acuerdos sociales.

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