Cine – AmerElo: é tudo pra ontem

AmerElo: é tudo pra ontem
Emicida y una noche en el Teatro Municipal

Título del documental: Emicida: Amarelo – É tudo pra ontem
Dirección: Fred Ouro Preto
País: Brasil
Año: 2020
Duración: 89 minutos


Por: Juan Sebastián Mina
Licenciado en Literatura




Foto: https://pt.wikipedia.org/wiki/Emicida:_Amarelo_-_%C3%89_Tudo_Pra_Ontem


Decir que “esto es rap consciente” o que esto otro es “rap comprometido”, es caer en una redundancia. La taxonomía correcta es: “esto es Rap” y “esto es basura”. Sí, así, sin más. Quizá sea la simplicidad del asunto lo que nos conduzca al error. Quizá sea el afán adánico por nombrar y categorizar lo que nos lleve a olvidar que el Rap, y los otros elementos -el break dance y el grafiti –, nacen como resultado de un hastío socio-político norteamericano en los 70. No al revés. Y en medio del hartazgo ciudadano ya crecía la semilla cuya rama daría, 50 años más tarde, un chicotazo en la cara de un gobierno brasileño taimado, corrupto y cobarde. Pero se preguntará usted, lector, lectora: ¿qué tienen que ver el rap, años de historia ajena y un estado en decadencia? Son tres las respuestas que ofrece AmarElo – É tudo pra ontem, documental de Fred Ouro, distribuido por Netflix, donde en 89 minutos un rapero nos cuenta su versión de la historia.

Su madre lo llama Leandro, Leandro Roque de Oliveira; sus seguidores le décimos Emicida. Este nombre es la apócope de MC + Homicida, esto último porque desde sus inicios en batallas de rap acostumbraba a “matar” a sus rivales. De hecho, el documental abre con un joven negro, un micrófono, un pequeño local y muchas personas celebrando la rima que acaba de “tirar”. No se necesita más. Ese es Emicida. El rapero nos llevará por la geografía de su imaginario emancipador sostenido en diez principios históricos, políticos, artísticos y espirituales que darán cuerpo al argumento del documental: “yo no llegué, yo volví”. El paulista nos recuerda que no se vive sin fe, y como encomienda en ritual religioso, lanza un proverbio yoruba: “Exu mató un pájaro ayer, con una piedra que arrojó hoy”. La sentencia establece un arco narrativo en donde la temporalidad metafísica de matriz africana enseña que el pasado y el futuro coexisten en una eterno presente. Y lo que es, ya fue. Primera respuesta.

El documental se filmó en noviembre de 2019 durante la presentación de Emicida en el Teatro Municipal. Y este no es un acto menor. Ese lugar estaba reservado a las gestas del blanqueamiento brasileño; sin embargo, Leandro propone una reconceptualización del espacio. Su objetivo: devolver a quienes estaban presente aquel día el derecho de soñar. Esa noche fue una fortaleza inalienable. Y el lente logra captar la relación orgánica entre puesta en escena y propósito político. El show se mezcla con la historiografía de la negritud brasileña, la reparación histórica, el análisis sociológico, la autobiografía y, en medio de todo, un registro de making-of donde Emicida es personaje y narrador; es la figura capaz de personificar y organizar una multiplicidad de registros junto a figuras como Drik Barbosa, Majur y el maestro Wilson das neves. En ese coro de voces y entrevistas, hace presencia Mateus Aleluia quien da paso al pastor batista Henrique Vieira. Es ese acto casi suelto, imperceptible, en donde está la segunda respuesta: el ser necesita volver a unirse, a encontrar zonas comunes, espacios de negociación. Emicida lo propone por medio del diálogo entre el candomblé y la religión occidental. Eso es AmarElo: Amor, el sentimiento primigenio y desinteresado, y Elo (enlace) la necesidad más profunda de conectividad humana.

La línea narrativa del documentario tiene su propia lógica y se sustenta en una metáfora que conjuga presente y futuro en un escenario onírico. El documental se estructura en actos que sostienen una gran metáfora: sembrar, regar y recoger. Con tendencia al caos, Emicida nos conduce por los rincones de su álbum que, así como una novela para el escritor o una escultura para el tallador, es un pedacito de su vida. AmarElo es Emicida. Es la búsqueda de desarrollar un lenguaje que es el de la música RAP en Brasil. El rap fue esporas de Samba, luego adquirió carne con el Manifiesto antropofágico y ahora ve su evolución con lo que el rapero paulista llama Neo-Samba, una necesaria experimentación que tienen sus intentos en Cartola, Dona Ivete Lara, Luis Carlos da Vila y Adoniran Barbosa. Este experimento musical se consolida en la poética que busca que los negros de todas las latitudes creamos, con toda nuestra alma, que somos alguien, que somos importantes, que valemos, y tenemos que caminar a diario por las calles de la vida con el sentido de dignidad, con el sentido de ser alguien.

Emicida nos hace partícipes de sus sentimientos, como aquellas veces que se siente como un fotógrafo, pero no uno común, sino como el del poema de Manoel de Barros, donde se describe como un fotógrafo de lo invisible. Y concluye: “escribir, para mí, es tener la bendición de pasear por el tiempo. Estar aquí ahora, pero también poder visitar y sentir y compartir los sentimientos tanto del ayer, como del mañana.” Así, la conquista del sentido de dignidad y la responsabilidad de lucha no es trivial. El documental cierra con Marielle Franco, símbolo de la conquista de lugares hegemónicos por la clase periférica, sus avatares, su habla, su discurso, su vida. Y por cierto, no olvido la tercera respuesta, pero tampoco la diré. Mi invitación es a ver el documental mientras tiene en su cabeza esta frase de Marielle: “Las rosas de la Resistencia nacen sobre el asfalto. Recibimos rosas, pero estaremos con el puño cerrado hablando de nuestra existencia en contra de los mandamientos y fechorías que afectan nuestras vidas”.

Suscribirse

* indicates required
/ / ( dd / mm / yyyy )