Inicial
Editorial
14 feria del Libro
Santuario Malpelo
Tec y Cali Teatro
Salamandra
Esquina Latina
Escuela teatral
Salón de artistas
Agenda Cultural
Teatro La Máscara
Casa de los títeres
Domus Teatro
Caliwood
Baobabs de África
Revista de género
Literatura virtual
Contraportada
Contacto

     Http://cvi.univalle.edu.co

 

“Caliwood no dead”  O el renacer de un sueño   

Por: Juan Felipe Galindo Márquez* 

“No es sino que te levantes un poco para que veas esas piedras enormes, míralas, esas que están allí, cubiertas de maleza: esa es la portada de los Studios del Río, el centro más gigantesco en el mundo de la producción cinematografica, que comenzaba allí mismo y abarcaba toda la ciudad de Cali…”

¿Producto de una cinefilia delirante, exacerbación de un imaginario local, mito o utopía? ¿Qué hay de real en estas palabras, fragmento de ‘Los mensajeros’, cuento de Andres Caicedo de 1969? Para decifrarlo tenemos necesariamente que referirnos al famoso “Caliwood”, movimiento cinematográfico de vanguardia generado en lo sesentas por Luis Ospina, Carlos Mayolo y el escritor, ideologo y cinefilo Andres Caicedo. Este movimiento sentaría las bases de la posterior creación audiovisual en la ciudad, hasta el punto de mitificarse en el imaginario regional y convertirse en referente obligado para  los realizadores locales.

Recientemente, diversos medios de comunicación, entre ellos el periódico El tiempo, han hablado de un renacer de “Caliwood”. La afirmación puede leerse de diferentes maneras, dependiendo el punto de vista; podría considerarse bastante certera si se tiene en cuenta que con “El rey”, de Antonio Dorado (realizador audiovisual y docente de la escuela de Comunicación social de la Universidad del Valle), el cine caleño volvio a la vida después de un luto de diecisiete años. Desde una perspectiva más amplia podría decirse que el cine caleño nunca murió, si se tiene en cuenta que la producción documental en el Valle del Cauca y especialmente desde la Universidad del Valle, ha sido bastante prolija; claro, si se afirma esto no es pretendiendo olvidar las distinciones entre ficción y documental sino teniendo en cuenta que actualmente las distinciones entre los géneros son cada vez más difusas, pues constantemente se imbrican y funden, además que la antigua (y un tanto obsoleta) querella en torno a la objetividad del documental parece hoy inclinarse hacia la idea de que el documental no es un registro prístino de la realidad, sino que, como todo texto, es una interpretación de ésta, constituyendo así una forma de creación autónoma no mas “real” que la ficcion.

Estrenos a la carta

Lo que es indiscutible es que las oportunidades de hacer cine en Cali se han multiplicado, pero esto no se debe a un inexplicable golpe de suerte por parte de los realizadores o a que sus plegarias hayan sido por fin escuchadas, sino a una coyuntura actual que lo ha permitido, como la promulgación de la Ley de cine (excepción de impuestos para aquellas empresas que patrocinen producciones cinematográficas), además, del desarrollo de las tecnologías que abarata el costo de los equipos provocando una suerte de democratizacion de la producción audiovisual. Tan sólo en el presente año se estrenarán cinco producciones de ficción: “Yo soy otros”, de Óscar Campo; “Adiós a Ana Elisa”, de Antonio Dorado; “Perro come perro”, de Carlos Moreno; “Cuarenta”, de Carlos Hernández, y “Helena”, de Jaime Cesar Espinosa. Además, Oscar Ruiz, “Papeto”, rodara próximamente “El vuelco del cangrejo”, su primer largometraje.

Entre estos largometrajes puede encontrarse diferentes propuestas narrativas y estéticas, además de diferentes generaciones de realizadores. Uno de ellos es  Antonio Dorado, quien lleva a cabo actualmente varios proyectos audiovisuales, entre ellos el  largometraje “Vuela la paloma”, cuyo guión fue elaborado en compañía del escritor Umberto Valverde y que se rodará a principios del proximo año. Esta película se constituye como la segunda fase de una trilogía sobre el impacto del narcotráfico en nuestra sociedad, que empezó con “El rey”. Sin embargo, “Vuela la paloma” no es la continuación literal de esta historia sino que es una historia independiente, aunque inscrita en el mismo marco temático.  Como la mayoría de realizadores caleños, Dorado cuenta con una experiencia que proviene en su mayor parte del documental, incluso afirma que dicha actitud documentalista en la indagación de la realidad le sirve para que sus historias esten dotadas de mayor verosimilitud. Para estructurar sus historias, Dorado se atiene a estructuras narrativas clásicas, argumenta no incurrir en narrativas más experimentales para segurarse que la película sea entendida y disfrutada por un amplio espectro del público.

Desde una perspectiva diferente, Oscar Ruiz, uno de los más jóvenes realizadores de la región, opta por una narrativa que se aleja del modelo espectacular importado de Holywood, buscando la poética implícita en lo cotidiano y aparentemente intrascendente. “El vuelco del cangrejo” relata la historia de un hombre que decide abandonar su ciudad y en su rumbo indefinido llega a un pueblo afrocolobiano de la Costa Pacífica; allí se encuentra con una problemática social no muy alejada de nuestra realidad, la usurpación de las tierras campesinas por parte de terratenientes invasores. Sin embargo, dicho personaje no toma posturas heroicas como podría esperarse sino que permanece apático ante la situación. Ante la idea generalizada de que el cine colombiano debe manejar estructuras  y estéticas tradicionales de fácil comprensión para el público,  Ruiz afirma que los públicos se forman de acuerdo a lo que los cineastas produzcan y que lo que el cine colombiano necesita no es una industria sino un lenguaje propio.

Otro realizador, Óscar Campo, estrenará su largometraje “Yo soy otros”, que narra la historia de un hombre que tras la explosión de una bomba en su ciudad encuentra que su yo se ha fraccionado, proliferando en una multitud de dobles que se enfrentan y eliminan. Campo utiliza la metáfora del doble para reflexionar cómo la guerra colombiana nos convierte en sujetos escindidos, conviviendo en nuestro interior deseos, morales e intenciones opuestas. En una posición que podría considerarse mediadora entre los autores anteriormente citados, Campo decide trabajar dentro de los modelos clásicos de narración, para lograr una efectiva comunicación con el público, pero  generando ciertas rupturas dentro de este modelo, como la inclusión de metáforas u otras figuras retóricas que Campo retoma del videoarte  o el videoclip, y que utiliza como herramienta para referir estados mentales  o acciones de carácter introspectivo.

Sin duda, estos son tiempos prósperos para la producción cinematográfica local. Sin embargo, deberemos esperar el ulterior desarrollo de nuestra cinematografía  ¿Habrá espacio para para la diversidad estilistica y para la construccion de un lenguaje propio, o la consolidación de la industria cinematográfica consolidara también una retórica basada exclusivamente en presupuestos comerciales?

*Estudiante de Liceciatura en artes visuales. malquerencia00@hotmail.com