Buzirako Fútbol Klub

Buzirako Fútbol Klub



Por: El Zudaca




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El Trópico Buzirako pude convertirse en una exótica postal vintage, donde un paisaje cultural puede irremediablemente repetirse muchas veces, y saturar a la ciudadanía por el discurso hegemónico de la caleñidad y su salseridad, sin embargo las artes literarias nos permiten renovar las miradas con las cuales leemos a Cali, como una ciudad imaginada, deseada, y recreada en la combinación de diversas sensibilidades, como la literatura urbana emergente, que representa con mucho flow barrial, la escritora Jenny Valencia Alzate, cuya narrativa nos arroja a febriles zonas de la cultura popular y ancestral trenzada con la magia del África hechicera y el poder de nuestra América chamánica.

La escritura de Malicia Enjundia como también es conocida en la lleca, siempre propone diálogos entre los caminos ancestrales recorridos, selvas, macizos, montañas, arroyos, la serpiente del río mar amazonas, con las arterias urbanas de calicalabozo, que estimulan su trashumancia literaria desde hace más de 15 años que decidió incursionar en los universos ficcionales del cuento, y también estudiar literatura en la Universidad del Valle. Luego fue seducida por el taller de periodismo de La Palabra y descubre el poder de la crónica, entregándose con desmesura a la galaxia del malungaje, que habitan las comunidades originarias, afrodescendientes, negras, palenqueras y raizales, al tiempo que su opera prima: “El Diablo del barrio obrero y otros cuentos de terror”, irrumpe con fuerza en el escenario nacional. Ahora ejerce la docencia, motivando a sus estudiantes a conocer las periferias de la ciudad y los cantos de bogas, experimenta la poesía con el rap, y acaba de lanzar en la Feria Internacional del Libro de Cali, su más reciente proyecto editorial: “Buzirako Fútbol Klub”, Beca de Literatura de la convocatoria Estímulos 2020.

Es un libro innovador donde la prosa de la autora dialoga con la gráfica popular de Zecarrillo, para plantear cómo Buzirako, una leyenda urbana vinculada a la diáspora africana, históricamente configurado como algo negativo por la cultura religiosa dominante, es en realidad un referente de esas huellas de africanía que permean indistintamente a los habitantes de Cali, fortaleciendo prácticas culturales como el baile, la santería y el aguante por los once de la tribu escarlata. Este proyecto editorial heterodoxo que contiene 8 cuentos, donde una prosa endiablada nos sumerge con desmesura en las capas nocturnas del underground citadino, para el delirio y paroxismo de los fanáticos de la mechita, que redescubren nuevas mitologías de su estirpe carnavalesca con la protección ancestral de Changó, episodios embrujadores que con un tono impetuoso me evocan al futbolista africano Buba, personaje de un cuento metafísico de Roberto Bolaño, y el tono transgresor de los cuentos de Cristina Peri Rossi sobre el fútbol.

En suma todas estas ficciones pertenecen a los imaginarios culturales que habitan ancestralmente en Cali, y forman parte de esa voz caleidoscópica de la ciudad tejida por la literatura que denominamos ciudades escritas, y posibilitan diálogos desde otros lugares del conocimiento, nutriendo la historia cultural de la ciudad.

Por eso el editor Jhonier Castaño plantea que el libro alumbra nuevos caminos, “porque vivimos tiempos oscuros en los que pareciera que la muerte campeara a sus anchas: los jóvenes son asesinados en las selvas, en los cañaduzales, en los pueblos, en los barrios. Casi todos son negros, indios, mestizos, pobres. Los discursos oficiales hacen gala del mayor cinismo y la mentira se sirve a la orden del día. Vemos a la justicia no solo cerrar los ojos ante tanta barbarie, sino también esconder las manos para no intervenir. Algunas voces claman, algunos valientes denuncian, pero pareciera que sus palabras se pierden en el desierto como semillas en un suelo estéril. Sin embargo, en medio de nuestra hecatombe nacional, hay gente como Jenny narrando la vida de aquellos que han sido hechos a un lado, de aquellos olvidados en los márgenes de las ciudades cuyo ruido y furia ya se hacen sentir en las marchas, en las mingas, en los paros, en ese oleaje de vida que, esperamos, terminará por abrumar a los señores de la muerte, por avasallar la oscuridad con la luz de la palabra, del arte, la literatura; con la luz del amor y la humanidad. Por eso esta obra es tan importante, tan entrañable: narrar las historias de los nuestros, los cercanos: la del barrista de futbol, la de la muchacha que sale a bailar, la de las esperanzas sencillas de los hombres y mujeres sencillos, la de las viejas memorias de África. Celebremos la aparición del Buzirako Fútbol Klub en donde se relata la historia alucinante del aprisionamiento de Changó en Cali, de la fundación del equipo de futbol más importante (y más grande) de un país demente, de las calles delirantes de una ciudad de fuego que no ha parado de arder. Celebremos esta exaltación del África en América, una exaltación de este sur nuestro que no renuncia a soñar y a escribir”.

Los invito a quedar atrapados en el universo ficcional del Buzirako Fútbol Klub, a reconocer esas memorias plurales, dinámicas, y poéticas de Changó que nos define frente al mundo, y que está arraigada en nuestra ciudad, como una verbena cósmica futbolera de la diáspora, y al mismo tiempo ayuda a consolidar un producto artístico que nos nutre de referentes literarios para su permanencia en el tiempo y para que las futuras generaciones se identifiquen con la magia aurática de los orishas.

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