39 escalones que
conducen a quién sabe qué parte
Por Carlos Patiño Millán*
Texto leído en el conversatorio "Tres de la
generación de 39", en el marco del pasado XIII
Festival Internacional de Arte de Cali. Estas
líneas ponen las cosas en su sitio y a cada
quien en su lugar.

En la célebre película de Alfred Hitchcock, Los
39 escalones, Richard Hannay sentado en un
music-hall londinenense, observa actuar a Míster
Memory, quien responde al detalle sobre
cualquier pregunta que le hacen. De pronto,
suena un disparo y estalla una pelea. Yendo
hacia la salida, Hannay encuentra a una bella
joven. Como se ve, todo espectáculo por
ingenioso o vulgar que parezca conduce
finalmente a la belleza, al amor y a la
tragedia, no necesariamente en ese orden. Los 39
escalones narra la historia de un hombre que
conoce casualmente a una mujer que es asesinada
al poco tiempo; antes de morir ella revela que
es una espía que tiene que impedir que un
importante secreto salga del país. A partir de
ese momento, Hannay será perseguido tanto por
los buenos como por los malos. De nuevo,
Hitchcock utiliza el manido argumento del falso
culpable para mantenernos pegados a la silla por
los 82 minutos y, vaya casualidad, 39 segundos
que dura la película. No hay que ser un genio
para relacionar el genio de Hitchcock con el de
los tres personajes que se encuentran a mi lado.
Ellos como el protagonista de la película son
falsos culpables. Antes de explicar lo dicho,
permítaseme una digresión al mejor estilo
caleño.
¡Vaya siglo de listas!
Horrorizado ante todo oficio, el adolescente
rebelde Arthur Rimbaud soltó aquellas perlas que
todavía nos hacen estremecer: "Patronos y
obreros: patanes, innobles. La mano en la pluma
es como la mano en el arado. ¡Vaya siglo de
manos! No seré nunca un mano de obra" . No
vivimos ya el siglo que silbó Rimbaud y que
cantó sus audacias literarias: ni patrón ni
obrero, el poeta hizo camino entre el capital y
el sudor, su voz inauguró otro sendero, a salvo
–al menos en teoría- de patanes avaros e
innobles deudores.
Hoy estamos peor: gracias a la inagotable
estulticia humana, el horizonte ha caído tanto
que decir que la vida se ha convertido en el
arduo ejercicio de sobrevivir a la peste de las
listas es decir bien poco (a la cabeza, en
nuestra parroquia, se sitúa la lista de "las 50
cosas que hay que hacer antes de morir",
invitación de la revista Soho, a la que muy
acuciosamente respondió el primer patriota de la
patria con una joya llamada "Escribir un poema"
).
¡Vaya siglo de listas! ¡Qué manía la de hacer
antologías de todo cuanto acontece! ¡Triste
siglo en
donde lo que no está in está out y hasta un
libro como Ulises de James Joyce se consume por
internet en una versión para dummies!
Tal como están las cosas, aun los peces más
difíciles de asir son incapaces de resistir la
tentación de enumerar en público sus propias
filias y fobias; mercado para hay para todos y
existen quienes escuchan y leen los gustos y
disgustos de otros como receta confiable. Con
todo, nadie que da consejos o dicta la lista de
sus baladas preferidas, acepta lo que hace.
Por el contrario, el artificio es decir que no
se está tirando línea cuando la realidad señala
que sí. Un profesor muy respetable como Harold
Bloom demuestra mi aserto cuando confiesa al
inicio de su libro Cómo leer y porqué: "No debe
pensarse que la selección es una lista exclusiva
de qué leer, se trata más bien de una muestra de
obras que mejor ilustran por qué leer". Más
claro no canta nadie. La idea es hacerle caso a
ese ego que susurra que uno es autoridad,
genuina o inventada, trascendente o efímera, y
que el otro no lo es, por lo tanto, ese otro
está pendiente de lo que yo pontifique.
Bogotá, capital mundial de los 39 escalones
Tres colombianos, una escritora, Piedad Bonnett,
y dos escritores, Héctor Abad y Óscar Collazos,
invitados por la Secretaría de Cultura,
Recreación y Deporte de Bogotá y por los
organizadores del Hay Festival, tuvieron la
bizzaría, es decir, el valor de escoger –con
motivo de la designación de Bogotá como la
capital mundial del libro- a "los mejores 39
escritores latinoamericanos menores de 39 años".
La selección, como es obvio, ha levantado polvo
del raro en el país y en el continente
literario. Y no es de extrañar pues un convite
tan inusual suscita toda clase de lecturas, a
favor y en contra. ¿Por qué 39 narradores
menores de 39 años nacidos en América Latina?
Por tres razones: porque sí, supongo; punto
aparte. Porque en Colombia, cuna de los jurados
y de seis de los ungidos, decir 40 es decir
"Jorge 40" y decir 38 es decir "calibre 38";
segundo punto aparte.
Porque así les dio la bendita gana a los
organizadores del evento y como dicen por ahí,
"todo el mundo hace de su cu** un valero y de su
ch**** un masato"; tercer punto aparte.
No me parece pertinente repetir aquí las
críticas despiadadas de Valencia en Arcadia, las
suposiciones que hilan demasiado delgado o el
incienso que se esparce generoso por cuenta de
críticos como González, Parra, Luis, Iwasaki,
Trelles, Carrión, Ortega, Afanador, Paz, Zicavo,
Néspolo, Sánchez, Briceño o Barrios en
piedepágina, el prólogo de Tamayo que arriesga
sin arriesgar nada en el libro 39, antología del
cuento latinoamericano o incluso las babosadas
escritas por algunas de nuestras más locas
plumas locales y aparecidas en Soho y Semana;
los interesados pueden consultarlas y sacar sus
propias conclusiones.
Es más, pueden hojear la revista Libros en donde
aparece otro canon titulado Lo que vendrá:
reportaje a la nueva literatura colombiana y en
donde no clasifican Quintana, García y Silva
Romero –nuestros tres personajes- sino Álvarez,
Robledo, Charry, Ungar, Bula, Posada y Burgos,
otras siete ilusiones a las que les echamos
abono, agua y bendición.
¿A dónde va a parar este globo?
Al inicio de esta presentación dije que los tres
invitados eran tan falsos culpables como Hannay,
el protagonista de Los 39 escalones. Si hay que
hallar culpables ellos no lo son. Se han
limitado a escribir, bien o mal, pero no hay
duda de que son creadores. Fueron elegidos, son
colombianos, pero, cosas rara, no compraron
votos, no amenazaron a sus colegas, no firmaron
sucios pactos. Los culpables –si es que los hay-
habrá que buscarlos río abajo: ahí están los
organizadores que quisieron pasarse de listos
con una convocatoria hecha a la medida del
consumo; los "gerentes de la literatura
colombiana", como los llama Eduardo García
Aguilar, que convirtieron a Bogotá, "capital
mundial del libro", en Bogotá, "capital mundial
del marketing literario"; los jurados que no
fueron capaces de admitir que es humanamente
imposible leer todo lo que han debido leer; los
que por ignorancia o mala fe silenciaron nombres
más prestigiosos o más promisorios; los que
pudiendo hacerlo no editan a los escritores
latinoamericanos condenándonos a leer primero a
cualquier cincuentón español decadente que a una
deslumbrante peruana de treinta años.
¿A dónde va a parar este globo? No lo sé,
estamos reunidos aquí para saberlo. Si estos, 3
de nuestros 39 escalones conducen a alguna
parte, son ellos los que tienen que decirnos
hacia dónde.
RECUADRO
Escritores seleccionados
Argentina
·
Gonzalo Garcés, 33 años.
·
Pedro Mairal, 37 años.
·
Andrés Neuman, 30 años.
|
Bolivia
·
Rodrigo Hasbún, 26 años.
|
Brasil
·
João Paulo Cuenca, 29 años.
·
Adriana Lisboa, 37 años.
·
Santiago Nazarián, 30 años.
·
Verónica Stigger, 34 años.
|
Chile
·
Álvaro Bisama, 32 años.
·
Alejandro Zambra, 31 años.
|
Colombia
·
Antonio García, 35 años.
·
John Jairo Junieles, 37 años.
·
Pilar Quintana, 35 años.
·
Ricardo Silva, 32 años.
·
Antonio Ungar, 33 años.
·
Juan Gabriel Vásquez, 34 años.
|
Cuba
·
Wendy Guerra, 36 años.
·
Rolando Menéndez, 37 años.
·
Ena Lucía Portela, 34años.
·
Karla Suárez, 37 años.
|
Ecuador
·
María Gabriela Alemán, 39 años.
·
Leonardo Valencia, 39 años.
|
El Salvador
·
Claudia Hernández, 32 años.
|
Guatemala
·
Eduardo Halfón, 36 años.
|
México
·
Álvaro Enrigue, 37 años.
·
Fabrizio Mejía Madrid, 39 años.
·
Guadalupe Nettel, 33 años.
·
Jorge Volpi, 39 años.
|
Panamá
·
Carlos Wynter Melo, 36 años.
|
Paraguay
·
José Pérez Reyes, 34 años.
|
Perú
·
Daniel Alarcón, 30 años.
·
Santiago Roncagliolo, 31 años.
·
Ivan Thays, 39 años.
|
Puerto Rico
·
Yolanda Arroyo Pizarro, 37 años.
|
República Dominicana
·
Junot Díaz, 39 años.
|
Uruguay
·
Claudia Amengual, 38 años.
·
Pablo Casacuberta, 38 años.
|
Venezuela
·
Rodrigo Blanco Calderón, 26 años.
·
Slavko Zupcic, 37 años. |
|