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Audiciones musicales
al parque

Las audiciones musicales discográficas públicas,
iniciadas en Cali en 1991, reclamaron desde su
inicio a los parques como los escenarios idóneos
para llevar a cabo este tipo de actividades
socioculturales. Desde entonces, la temporalidad y
los lugares geográficos para hacerlo han cambiado
hasta hacerse de manera mensual y descentralizada.
Por Roberto Carlos Luján*
Los sábados son días muy especiales para un conjunto
de melómanos pertenecientes a diferentes
asociaciones, quienes agrupados hace casi una década
decidieron reunirse públicamente para difundir,
principalmente, un tipo de música salsa
descatalogada desde hace años, de difícil
consecución y por ende muy poco conocida
masivamente.
Del Central Park al parque caleño
En Nueva York, donde se produjo tanta salsa, muchas
orquestas se daban cita habitualmente en el Central
Park para medir fuerzas en verdaderas descargas
salsosas durante varias horas desde el decenio
de 1960. Coincidencia o no, años después en Cali los
parques han sido utilizados como escenarios para
difundir esa misma salsa a través de los encuentros
de melómanos o, como aquí lo definimos,
audiciones musicales discográficas públicas, en
las cuales cientos de melómanos se congregan con la
mejor disposición para escuchar – y no tanto para
bailar, ¡fenómeno singular!-, es te tipo de música
popular. Históricamente, lo popular parece haber
estado asociado a lo público y lo considerado culto
o de concierto al ámbito privado. Las audiciones son
espacios igualitarios de participación pública y en
ellos los melómanos reivindican su preferencia por
la pertenencia grupal y la consolidación de un gusto
musical en común. En estas audiciones no sólo se
reproducen saberes populares , creencias y valores
compartidos, también se aglutinan individuos de
diferentes edades, sexo, raza, nivel educativo y
socioeconómico; por ello no es extraño encontrar la
participación de jóvenes que interactúan con
veteranos coleccionistas , así como hombre y
mujeres.
Asociaciones como Unimel, Fuerza Latina, Areíto
y Son de la loma- vigentes aún- y otras como
Conciencia Latina - cesante en la actualidad-,
tienen modos operativos semejantes en los parques
Obrero, Chapinero, San Antonio , Siete de Agosto y
Siloé, respectivamente, al igual que la emergente
audición del Parque del barrio La Fortaleza. No
obstante, hay audiciones que se realizan en espacio
privados, como la ejercida por la asociación
Amigos del Son.
Proyecto Identitario
Una de las características principales de tales
encuentros es la lucha simbólica por el
reconocimiento social, ya que en cada una de las
exposiciones que el melómano realiza “está en juego”
su prestigio dentro de esa comunidad, el cual es
legitimado a través de valoraciones tales como la
originalidad del disco expuesto- el vinilo o la
pasta básica, suerte de objeto fetiche-, la
rareza de la agrupación y de la grabación – fecha de
que data-, entre otras. Estas audiciones
intensifican su fuerte sentido con, primero, la
utilización de los parques públicos de los sectores
populares como espacios en donde se escenifican
tales actividades, y segundo, con la asistencia del
público identificado con la salsa fuerte de los 60
y 70, con el cual se establece una interacción
significativa. Mediante estas prácticas los grupos
melómanos han dotado de sentido su experiencia
melómana construyendo a su vez un sentido de
identidad sociocultural. Tales prácticas conforman
un estilo de vida ineludible para comunicar su
propia identidad. Estos grupos de pares han venido,
dando la lucha por la consolidación de un espacio
urbano, un lugar permanente en la ciudad donde poder
adelantar su ejercicio melómano. Estamos entonces
ante la
“apropiación”
positiva de escenarios abandonados sistemáticamente
por los gobiernos municipales de turno. El ambiente
festivo que proporciona este tipo de música caribeña
se vive intensamente los sábados, cuando es usual el
tránsito de los melómanos participantes con sus
discos bajo el brazo, advirtiéndose en uno que otro
de ellos cierto “ aire de superioridad”, quizá
porque en su imaginario popular la sola tenencia de
estos bienes culturales es suficiente o mucho más
importante que el conocimiento específico adquirido
que se debe tener sobre la música misma. Lo primero
no riñe con lo segundo, simplemente que lo adecuado
es hallar el equilibrio
ideal.
¿Dónde
está el montuno?
El montuno de la salsa está en estas audiciones
que inician en la tarde y finalizan a avanzadas
horas de la noche. Desde 1991 las audiciones se
realizan anualmente, y quizá esa espera prolongada
de un año hizo que distintos grupos de melómanos de
diferentes barrios decidieran organizarse para
llevar acabo sus propias actividades. Estas
audiciones tienen un carácter social muy destacado
ya que
tod@s
acuden con sus familias a ese ambiente pacífico.
Como se realizan en estos espacios de libre
circulación, no es extraño observar a individuos de
diversas edades desarrollando actividades deportivas
en canchas contiguas pese al impacto del ruido y al
alicoramiento de muchos asistentes. Las audiciones
pueden representar, si se quiere, el espacio ideal
para que muchos de estos individuos asuman su
melomanía en constante formación, como un proceso de
aprendizaje del oficio, ya que con el tiempo
lo que ha comenzado como hobbie o
divertimento sencillo se complejiza de tal manera
que se convierte en el oficio de comentar lo
propia música, de saber distinguir los soportes
materiales básicos que contienen la música y de
apreciar lo que se considera buena o mala
música. En tal sentido, es posible constatar lo que
se designa como “buena música” o esto se halla
restringido al ámbito de las consideraciones
subjetivas.
Coda
Esa otra salsa fuerte, la que no aparece en
los libros especializados sobre el tema fue
producida muchas veces desde la periferia
-por artistas y sellos independientes-; junto a lo
mejor de la salsa promocionada comercialmente
gestada desde el centro de la industria
discográfica, seguirá escuchándose en los parques
gracias a la decidida labor autogestionada de estos
melómanos. Seguirá siendo reivindicada la salsa
resistencial – y sus temáticas invisibilizadas por
los mass media- que se produjo y se sigue realizando
en Caracas, Nueva York, San Francisco, San Juan o
Marsella. Memorias disidentes darán cuenta de las
huellas de voces olvidadas afirmando que disco de
salsa que no se halle en Cali, simplemente no
existe... La realidad supera lo inimaginable. Esa otra
historia de la salsa aguarda por ser contada y
analizada , vale la pena comprenderla y sobre ella
debemos volcarnos.
Estudiante de Sociología, Univalle.
janlujazz@gmail.com.
Fotos: Andrea Mesa |