Aproximación a El hombre colombiano de Manuel Zapata Olivella

Aproximación a El hombre colombiano de Manuel Zapata Olivella

El hombre colombiano es un estudio erudito del mestizaje violento, de la conformación multicultural y racial de la sociedad colombiana y de la resistencia de negros e indígenas a la colonización y esclavización. Postula como idea central que América Latina y Colombia son el resultado de la mezcla racial y cultural de tres “razas” o etnias: europea, indígena y africana. A continuación, un fragmento del prólogo escrito por el sociólogo univalluno Luis Carlos Castillo para la edición publicada por la Universidad del Valle, con el apoyo del Ministerio de Cultura de Colombia, la Universidad de Cartagena, la Universidad de Córdoba y la Universidad Tecnológica de Pereira, a propósito de la declaración del 2020 como el Año Manuel Zapata Olivella.



Por: Luis Carlos Castillo
Sociólogo, profesor titular de la Universidad del Valle




El hombre colombiano


A partir de la lectura del libro El hombre colombiano, planteo que Manuel Zapata Olivella es uno de los padres de los estudios afrocolombianos y uno de los primeros pensadores negros, sino el primero, que junto a Natanael Díaz, expuso con lucidez el papel de las “razas”, el mestizaje y la racialización en la conformación de la sociedad colombiana, que es un pensador poscolonial porque desde la opresión reflexiona sobre sí mismo y sobre la esclavización de que fue objeto el negro, incluso, antes del “Descubrimiento de América”; creo, además, que su obra es comparable, por la calidad de sus intuiciones, análisis y poderosas imágenes, a la de otros grandes pensadores afros, tales como Du Bois, C. L. James, Césaire, Frantz Fanon y Rogerio Velásquez. Es también un pensador fronterizo, para emplear la expresión de Walter Mignolo (2003), porque con excepción de su obra literaria, en especial por su novela Changó, el gran putas– en la que narra el violento proceso de exilio en América de los cautivos africanos y su resistencia- sus contribuciones antropológicas y sociológicas, de lo cual El hombre colombiano es un ejemplo, han permanecido ignoradas y no han tenido el reconocimiento que otros autores han logrado con contribuciones menores. Solo hasta ahora se comienza a reconocer la inmensidad de su legado.

2. El hombre colombiano

La editorial bogotana Antares publicó en 1974 El hombre colombiano, que fue el resultado de quinientos programas radiales que emitió MZO con el título “La identidad en Colombia” (Mina, 2016: 62). Es un estudio erudito del mestizaje violento, de la conformación multicultural y racial de la sociedad colombiana y de la resistencia de negros e indígenas a la colonización y esclavización. Sus antecedentes se remontan a la agenda de investigación que MZO pensó en 1947 cuando, en el seno del Instituto de Etnología, fundó el Centro de Estudios Afrocolombianos, como se dijo antes. Dicha agenda enfatizaba en un estudio antropológico, histórico y sociológico de la constitución de la sociedad colombiana a partir de sus tres troncos raciales: el europeo, el africano y el indígena, con especial relevancia en las zonas de localización (medio físico, adaptación y transformación), en la cultura material: pueblo y casa, adquisición y consumo de alimentos, vías y transportes, vestidos y adornos, armas, recipientes, cordería y espartería, instrumentos musicales y juguetes y en la cultura espiritual: música, danza, pintura, poesía, tradiciones, religión, medicina, etc. (Revista Cromos, 13 de septiembre de 1947, citado en Pisano, 2011: 7).

Es posible que la hipótesis central del libro se remonte a 1938, cuando joven, con 18 años de edad, publica en El Fígaro de Cartagena la crónica titulada “Americanismo”, en la que “afirma el valor de la fusión de las tres razas o etnias-indígena, europea, africana-en la formación de América Latina y sus aportes psíquicos y físicos” (Prescott, 2016: 107).


Manuel Zapata Olivella en la Media torta de Bogotá. Foto archivo Harlem Zapata.


La idea del mestizaje racial y cultural como el fundamento de las sociedades colombianas y latinoamericanas, como veremos en detalle más adelante, tendrá un mayor desarrollo en libros posteriores de MZO. Así, por ejemplo, en La rebelión de los genes. El mestizaje americano en la sociedad futura (Zapata, 1977) elabora mucho más teóricamente su planteamiento del mestizaje, que no elimina la diversidad o la alteridad, sino que produce la idiosincrasia triétnica del hombre colombiano y americano producto de la mezcla étnica, cultural y biológica del africano, el europeo y el amerindio, pero no como raza superior, tal como lo supuso Vasconcelos en La raza cósmica.

En Las claves mágicas de América (Zapata,1989) profundiza el aporte africano con una visión histórica de la trata. Analiza el racismo de castas en la sociedad colonial y a partir de los estudios de Herskovits, Bastide, Fernando Ortiz y Escalante sustenta que los Estados Unidos y el Caribe recibieron grandes contingentes bantú y que otras zonas continentales (Brasil) e insulares (Cuba, Haití, Jamaica) se han distinguido por fuerte aculturación de los yorubas, especialmente en sus formas religiosas, produciendo importantes sincretismos religiosos (Zapata, 1989: 83).

Y antes que adquiriesen notoriedad los estudios de la insterseccionalidad (Barbera, 2017; Collins 2000; Viveros, 2016), utiliza las categorías de raza y clase en el análisis de las guerras de independencia y en el surgimiento de las novedosas repúblicas latinoamericanas. “En el II Congreso de la Cultura Negra de las Américas, reunido en marzo de 1980 en Panamá, después de acucioso estudio, se llegó por unanimidad a la conclusión de que, en América, los conceptos de Raza y Clase eran históricamente inseparables” (Zapata, 1989: 44).

En ¡Levántate Mulato! Por mi raza hablará el espíritu (Zapata, 1990), con el que alcanzó el Premio Literario de los Nuevos Derechos Humanos, proclama de manera definitiva el mestizaje como el fundamento del continente indoamericano y profundiza en las conformaciones raciales de origen africano con especial atención en el Caribe y Cartagena. En este libro confiesa: “El «Muntu Americano» pudo ser el nombre de la novela que acabo de publicar, pero Eleguá, visionario de las Tablas de Ifá, donde están inscritos los pasos y las obras de los mortales, me dictó otro nombre: Changó, el gran putas” (Zapata, 1990:342).

En El árbol brujo de la libertad. África en Colombia, orígenes, transculturación, presencia (Zapata, 2014) estudia mucho más el tronco africano, es decir, la historia del África negra, sus grandes religiones, sus aportes a la cultura universal y su presencia y huella en la Latinoamérica mestiza actual, haciendo énfasis en la resistencia del negro a través del cimarronaje mediante la creación de palenques y enfatizando en las figuras históricas de dicha resistencia como el “Rey Benkos”.




Manuel Zapata Olivella y Arnoldo Palacios, años 40 en Bogotá. Foto archivo Harlem Zapata.


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