Año Manuel Zapata Olivella 2020 – La calle 10, de Manuel Zapata Olivella

La calle 10, de Manuel Zapata Olivella

Avanzar por cada página de La calle 10 es hacer un recorrido por la cruda realidad interminable de nuestro país. Por medio de esta obra, Zapata Olivella hace una reconstrucción fotográfica del lugar que habitó en su época universitaria, exponiendo a través de un hilo de historias entretejidas, la precariedad de “un mundo de miserias, de enfermedades, de pobrezas, de virus y parásitos…”.


Título: La calle 10
Autor: Manuel Zapata Olivella
Ediciones Casa de la Cultura, 1960
126 páginas


Por: Natalia Candado López
Estudiante de Lic. en Literatura




La calle 10, de Manuel Zapata Olivella


La segunda novela de Manuel Zapata Olivella, publicada en 1960, representa el regreso del escritor a Bogotá y el cierre de su primera etapa de producción literaria: la de un joven revolucionario conmovido por el levantamiento de las masas. Así pues, La calle 10 continúa siendo parte de la escritura testimonial característica del autor. Sin embargo, a diferencia de He visto la noche, no es considerada una novela autobiográfica. En ella, según Sandra L. Alzate en su texto La relatividad de la verdad: Testimonio, narración y memoria en la obra de Manuel Zapata Olivella, el escritor “crea un estilo narrativo mediante el cual divulga la existencia de realidades fotográficas” (pág. 43). Es decir, por medio de una secuencia de imágenes presentadas de manera paralela, Zapata Olivella nos muestra un cuadro que describe perfectamente el lugar donde transcurren los hechos, logrando transmitir al lector la crudeza y la miseria que caracterizan el espacio a través de los personajes que lo habitan, siendo él desde su posición de camarógrafo, un simple espectador.

Para comenzar, el libro de ocho capítulos está dividido en dos etapas: la primera, denominada “Semilla”, narra los acontecimientos que impulsaron el levantamiento popular de los habitantes de la Calle 10, ubicada en el centro de Bogotá. A través del dialogismo entre las historias de los personajes, el autor nos muestra un escenario de pobreza, prostitución, hambre y desempleo, donde la desigualdad y la impunidad hacen parte del diario vivir de quienes residen y transitan habitualmente por ese sector: personas en situación de calle y trabajadores ambulantes.

Finalizando el capítulo quinto, se presenta el detonante que, acompañado de la rabia, la frustración y la desesperanza del pueblo, da paso a la segunda etapa de la novela: el asesinato del periodista y ex boxeador Mamatoco, director del semanario La voz del pueblo. “Este es un crimen político. Los de arriba han querido silenciar su voz, la voz del pueblo, pero solo hacen que su grito sea más potente. Este crimen llevará su acusación más allá de la Calle 10. Aquí no se ha matado un hombre, se ha herido de muerte a un pueblo…” (Zapata, pág.65), exclamó el “Poeta”, dando inicio a la revolución.

A través de un salto en el tiempo, la “Cosecha” rememora en los tres últimos capítulos un episodio que dividió la historia colombiana: el Bogotazo, un antes y un después de la Violencia. De este modo, es posible afirmar que la figura de Mamatoco es tomada por el autor como la equivalente al papel del candidato presidencial liberal Jorge Eliecer Gaitán, asesinado el 9 de abril de 1948. Ahora bien, es importante resaltar la veracidad del caso irresuelto de Francisco A. Pérez, asesinado a manos de policías el 15 de julio de 1943. Mamatoco es considerado una de las primeras víctimas de la persecución contra los líderes sociales y periodistas en Colombia.

Sin importar el paso del tiempo, cada fragmento de esta obra es el espejo de una sociedad que se ha paralizado ante la guerra. Leer La calle 10 es enfrentarse a la dureza de una realidad invariable, recordar que desde hace más de setenta años la violencia se instauró en este país como un distintivo de nuestra cultura; es sentir el dolor por la normalización de sucesos tan aberrantes como la muerte de un niño desnutrido y enfermo en la calle o la prostitución de una preadolescente a medio formar.

Gracias a su obra, Manuel Zapata Olivella consiguió retratar un instante de nuestra historia que se hizo eterno, permitiéndonos reconstruir a través de sus letras una verdad imposible de olvidar: “¡Todos los hijos del pueblo tenemos una misma madre: la miseria!” (pág. 84). Colombia ha sido sometida durante años por un sistema oligarca que divide e impide avanzar. La calle 10 nos infunde la necesidad de reconocer y comprobar la veracidad de los hechos narrados, brindándonos la posibilidad de hacer memoria desde la ficción. Por consiguiente, después de leer La calle 10 será imposible que el lector olvide aquél 9 de abril de 1948, en el que, parafraseando a Juan Esteban Hincapié, la chusma masacrada no logró cambiar el país, pero sí llenar su barriga y vencer el miedo por una noche.

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