Andrés Caicedo Correspondencia entre 1970-1977: la memoria epistolar de un suicida

Andrés Caicedo
Correspondencia entre 1970-1977: la memoria epistolar de un suicida



Por: Víctor Morrón
Estudiante de Sociología




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El pasado 16 de octubre se presentó en el marco de la feria del libro de Cali y en su formato virtual los dos tomos de Correspondencia; compilación de 198 cartas escritas por Andrés Caicedo entre 1970-1977 a diferentes destinatarios y donde se relata la propia trayectoria trágica del autor. Textos como carta a Carlos Alberto y Nelly, carta al padre y carta a Hernando Guerrero, tienen en común esa voz que Jaime Manrique señaló en su panel presentado sobre el autor en la mencionada feria, como una autobiografía donde Caicedo se cuenta así mismo sin que nadie se interponga entre el lector y el escritor.

Una voz intimida, sincera, escrita en el género epistolar y que encuentra como tema de preocupación el amor, el cine, relaciones familiares, las drogas, la sexualidad y la irremediable muerte que acompañó al autor desde su inacabada juventud. Un ejemplo es el texto carta al padre, donde como su nombre lo indica, Caicedo le escribe a su progenitor en vísperas de su regreso a Cali. En esta carta, alude al uso frecuente de marihuana y LSD como forma de escapar de la realidad agobiante de su eterna tragedia, que es la tragedia de su generación. Al igual que confronta la estirpe burguesa de su familia y la niega, en otro de sus intentos por negarse a sí mismo. La carta resulta ser, en ultimas, la explicación del hijo ausente a su padre; sobre una generación que los separa. Al igual que nos acerca a los dramas personales de los jóvenes de la época, e irremediablemente a la vida privada del autor, que por extensión también es su obra.

“La obra de Andrés Caicedo parece tomar gran relevancia entre los jóvenes de esta época que encontramos en sus narraciones juveniles los enigmas de lo que se plantea como una etapa en la vida.”

Sucede de forma similar en la carta enviada a Carlos Alberto y Nelly, por lo menos en cuanto a un carácter intimista y que J. Manrique llama casi autobiográfico. Caicedo escribe a sus padres desde la clínica donde fue internado luego de uno de sus tantos intentos de suicidio. Pide que lo busquen y saquen de la clínica puesto que cree sentirse en buenas condiciones para regresar a la vida en sociedad. Contrario a esto, su estadía parece extenderse otro mes debido a su diagnóstico psiquiátrico que muestra un resultado de personalidad paranoica. Nuevamente se hacen presentes temas como el uso de drogas psiquiátricas, el suicidio, las relaciones filiales y el amor. En una obra fragmentada, escrita al ritmo de la existencia del autor, la cual transcurre entre Cali, el cine y la literatura.

Y es que la obra de Andrés Caicedo parece tomar gran relevancia entre los jóvenes de esta época que encontramos en sus narraciones juveniles los enigmas de lo que se plantea como una etapa en la vida. Son las drogas, la muerte prematura, el amor, el descubrimiento de la sexualidad y la juventud; temas tan recurrentes a lo largo de la obra cuentística del autor. Lo que quizás lo lleva a alzarse como un mito entre los jóvenes urbanitas contemporáneos, que encuentran en su literatura precoz la metáfora del aislamiento en una ciudad llena de gente. De la ciudad áspera, que rechaza, pero no expulsa. Caicedo es entonces la metáfora de sí mismo, como de la ciudad y sus jóvenes.

Es en este último sentido donde toma importancia los dos tomos de Correspondencia; en circulación desde el pasado 26 de agosto del 2020. Puesto que representa una extensión en la obra del autor que comienza a convertirse en el personaje que nunca escribió. “Esta correspondencia es un desgarrador documento que la convierte, a no dudarlo, en la memoria epistolar de su autor, y de cierta manera en su biografía.” (Luis Ospina, tomado de El País, 2020).

Cabe resaltar que en el año 2017 se había intentado publicar dicha correspondencia. Pero debido a reservas sobre su contenido manifestadas por parte de algunas familiares el proyecto no vio luz, sino hasta finales de agosto del 2020. Resaltando el papel de su hermana Rosario Caicedo que con un activismo constante sobre la difusión de la obra ayudó a la materialización de la Correspondencia. Dos tomos que en palabras de Luis Ospina representan “su pulso maestro, su necesidad desgarrada por expresarse y la gestación de su propio personaje” (Tomado de Arcadia, 2020).

Los dos tomos de Correspondencia constituyen el ejercicio de recopilación de una obra que el autor deja a medio ordenar. Y que se puede leer como el libro de Caicedo para Caicedo. La recreación de su propio personaje que se escribe/vive en su premonición de muerte. Su sueño de no envejecer y su padecimiento de la juventud. La continuación de su obra hasta sí mismo, donde el personaje y el autor conversan sin intermediarios.

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