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Akira Kurosawa (1910
– 1998). El emperador del cine

Por: Jorge Garcés Borrero*
Lo llamaban el “Emperador” porque era un “dictador”
que contaba con una particular manera de acercarse a
la esclavitud de los detalles y a la búsqueda de la
perfección. Alejaba a las cámaras de sus actores,
proponiendo amplios referentes y múltiples puntos de
vista en todas sus historias, hasta llegar al
extremo de despilfarrar toda el agua de un barrio
para crear la tormenta en la escena inicial de la
película “Rashomon”. Todavía no se sabe cuánta agua
necesitó en la batalla final de “Los Siete
Samuráis”.
Adoleciendo:
Akira fue el más joven de ocho hijos, quienes vivían
en un suburbio de clase media alta en Tokio, en una
familia descendiente de una línea de antiguos
samuráis. Su hermano mayor, Heigo, tuvo un profundo
impacto en él: en 1923, cuando ocurrió el terremoto
que destruyó a Tokio y que mató a más de 100.000
personas, Heigo le enseñó a enfrentar la tragedia,
porque la única manera de vencer el terror es
mirándolo a la cara, desenmascarándolo. Pero su
hermano Heigo, unos años más tarde, se suicida y a
los cuatro meses fallece el mayor de sus hermanos,
dejando a Akira como el único hijo varón.
Akira también participó en luchas sindicales,
escribiendo varios artículos para un periódico
radical, mientras pensaba si se convertía o no en
pintor. A pesar de estas actividades, que èl mismo
calificó de "imprudentes", más adelante nunca se
consideró a sí mismo como un comunista y mucho menos
como un pintor.
Testimonios:
El director de cine Antonio Dorado considera que
“Los Siete Samuráis” y “Sueños” son definitivamente
las mejores películas de Kurosawa: “Akira fue un
autor influenciado por la cinematografía occidental
de Hollywood y reinterpretó la cultura hollywoodense
con poesía y otros valores. Por ejemplo, “Rashomon”
es una película donde el punto de vista es
renovador, porque marcó su mirada de Occidente,
involucrando a los espectadores como auténticos
jueces de la historia. Su relación con los distintos
géneros cinematográficos, como lo son la aventura,
el melodrama y el cine social, todos sin excepción,
mantienen una firme postura de autor”.
El profesor Ramiro Arbeláez sostiene que `Los Siete
Samuráis` es una obra, inclusive por encima de
Kurosawa y es el director de cine japonés con mayor
reconocimiento en la cultura occidental. Sus
películas son historias que tienen que ver con la
tradición oriental, donde surgen valores tales como
el honor, la dignidad, la lealtad, con personajes
sumamente densos. Akira es más un autor que un
director, que emplea referencias estéticas,
temáticas morales y donde la estética es la
sobriedad. Construye sus películas en base al
paisaje y a figuras que se desenvuelven en un
espacio, donde la composición siempre está
jerarquizada”.
Con la película “Rashomon” (1950), Kurosawa ganó el
León de Oro en el Festival de cine de Venecia y el
Oscar a la mejor producción extranjera en 1951.
“Rashomon” logró que el cine japonés fuera conocido
en todo el mundo y dio nombre a un tipo de narrativa
conocida como el “efecto Rashomon”, y donde se narra
una violación ocurrida en el siglo XI. El profesor
Oscar Campo afirma “La película “Rashomon” es una
historia narrada desde distintos puntos de vista,
que desconfigura el modelo clásico de Hollywood”, a
pesar de que algunos críticos japoneses acusaron a
Kurosawa de ser "demasiado occidental". Pero en
algo tenían razón: se han hecho muchas versiones de
“Los Siete Samuráis” en diversos géneros
cinematográficos, como el Western, la ciencia
ficción y el cine de artes marciales.
En 1980, Akira recibió el Òscar por su trayectoria y
filmó “Kagemusha”, con la ayuda de George Lucas y
Francis Ford Coppola, recibiendo por esta cinta la
Palma de Oro del Festival de Cannes.
En 1984 filma “Ran”, una adaptación de Shakespeare,
al realizar la versión cinematográfica de “El rey
Lear”. En 1990 comienza el rodaje de “Los sueños de
Akira Kurosawa”, con la producción de George Lucas y
Steven Spielberg. Sus dos últimos trabajos fueron
“Rapsodia”, de 1991 y “Madayayo”, de 1993.
El misterio de Mifune:
Pero no es posible hablar de Akira Kurosawa sin
Mifune o de Marx sin Engels. Mifune fue la principal
estrella del cine japonés, en gran medida gracias a
la proyección internacional que le concedió su
presencia en las principales películas de Akira
Kurosawa y su meritoria participación en varios
títulos del cine norteamericano. En 1939 Mifune se
alistó en la Armada, pero su talento con la
fotografía lo condujo a la unidad de fotografía
aérea y allí pudo aprender los fundamentos del arte
cinematográfico. Mifune entabló una amistad con
Akira, quien le favoreció con un papel destacado en
su película “El Ángel Ebrio”, el primero de los
numerosos largometrajes que rodaron juntos. Al mismo
tiempo, participó en películas de enorme repercusión
internacional, como “Rashomon”, “Los siete Samuráis”
y “Trono de Sangre” (1957), acentuando su fama en el
extranjero, plasmada en dos premios al mejor actor
en el Festival de Venecia, en 1961 y 1965. Mifune
acabó convirtiéndose en una especie de “aristócrata
del cine japonés”, respetado unánimemente y querido
por el gran público. Pero es un misterio el
progresivo deterioro de su relación con Kurosawa,
pese a que ambos trabajaron en más de 150 películas
y programas de televisión juntos. Lamentablemente,
la mayoría de estos trabajos nunca se han visto.
La inevitable influencia:
Algunas de las películas de Kurosawa son
adaptaciones de obras de William Shakespeare, por
ejemplo, “Trono de Sangre” y Macbeth, mientras que
“Los Canallas Duermen en Paz” tiene ciertos
paralelismos con Hamlet, aunque no está claro que se
base en ella.
Kurosawa también dirigió adaptaciones de obras
literarias rusas, incluyendo “El Idiota” de Fiodor
Dostoievski o “Donzoko” (“Los Bajos Fondos”), una
obra de Máximo Gorki. Ikiru, titulada Vivir, que se
basa en la obra de León Tolstoi. Lo mismo ocurre con
los “Los Siete Samuráis”, encapsulados en la
tragedia clásica griega de Esquilo, “Los Siete
contra Tebas”. Kurosawa tejió la cultura japonesa y
miró del cenit al nadir, de Oriente a Occidente,
como Don Quijote a los molinos de viento y se
preguntaba, “¿los duraznos se compran pero un huerto
de duraznos se puede comprar?” Y otras veces
afirmaba, “hay noches más claras que el día, porque
podemos ver las estrellas”…
Fotos: Internet. Estudiante de
Comunicación Social – Periodismo. Universidad
Autónoma de Occidente. jaygarces@hotmail.com
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